La caraqueñidad | Las vacas de la estatua de Bolívar

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El gobierno del Ilustre Americano, Antonio Guzmán Blanco, asumió los costos de la obra

El mandatario de entonces, Antonio Guzmán Blanco, en su afán de seguirse agigantando ante la opinión pública, con su europeización estética impuesta en el país y para ganar mayor popularidad, en contraposición al depuesto Gobierno Azul, decretó que con dinero del gobierno central, tal como sucedió, se cubrieran los costos de la estatua ecuestre que hoy luce firme y vigilante en la plaza Bolívar de Caracas.

Con este mandato, el Caudillo de Abril –(como también se le conoció a Guzmán Blanco por encabezar en 1870 el desplazamiento del Gobierno Azul constituido por esa extraña alianza entre liberales y conservadores –que venía de sacar del poder a Juan Crisóstomo Falcón–, y desde entonces se alternaban la presidencia José Ruperto Monagas y Guillermo Tell, debido a la repentina muerte del ya anciano líder añil José Tadeo Monagas)– derogó las pretensiones de sus antecesores en torno a cargarle esos excesivos gastos al pueblo para reconocer al Padre de la Patria, jugada estratégica con la que además –según promocionó su gente– asumió fue reconocido por justificar ese gasto del Erario Público.

Como fuere, se trataba de enaltecer los valores libertarios e independentistas del Padre Bolívar en su cuna natal. Por ello reinó el entusiasmo para aquella gran fiesta popular que acontecería, según lo planificado entre el gobierno nacional y la empresa alemana fabricante de la obra del arquitecto italiano Adamo Tadolini, el 28 de octubre de 1874 en el marco de las Fiestas de la Paz por el onomástico de Simón Bolívar.

¿Idea copiada?

En esos días del siglo XIX reinó un afán estatuario para rendir honores a los próceres independentistas de diversos países, así como a los héroes populares de cada región en el resto del mundo. Incluso Bolívar había sido reconocido y exaltado fuera del país y fuera de Caracas.

Recuérdese que las máximas autoridades estadales no eran gobernadores sino presidentes regionales. Así las cosas, el presidente del estado Bolívar, Mateo Plaza, luego de que en su patio exhibiesen una magnífica obra de bronce con la figura de Bolívar a pie –la cual contó con la primera cofradía de placeros o edecanes del Libertador, que luego se instauró en Caracas–, decide en 1869, con el poder que le confería la Ley, ordenar una obra que magnifique al Libertador para ser instalada en la Plaza Bolívar de la capital de la República.

Ya para esos días existía el monumento a Bolívar en una capilla de la Catedral. Aunque de aspecto muy fúnebre –según los críticos–, lo cual no sugería el sentido de victoria y libertad que luciría como valor la nueva obra ante el público nacional y foráneo.

De manera paradójica, ese monumento de la Catedral en homenaje al Libertador –allí se iba a fundar el Panteón Nacional, pero jamás sucedió– donde además reposan los restos de sus padres y su esposa María Teresa del Toro, fue ordenado por José Antonio Páez, quien dirigió y ordenó las acciones para repatriar los restos de Bolívar, luego de que le negaran el acceso a su Patria cuando, por diversas razones, el Padre de la Patria lo requirió en días previos a su muerte el fatídico 17 de diciembre de 1830.

Volvemos al decreto del mandamás del estado Bolívar. Suponía la recolección de fondos por suscripción voluntaria con invitación a participar al gobierno central y los gobiernos regionales. Una vaca, pues, como se le llama en criollo.

Dicha propuesta fue seguida por una orden sancionada desde el gobierno del Presidente Guillermo Tell, quien afirmó que “la gratitud pública no puede permitir que siga careciendo la ciudad natal del Libertador y fundador de cinco Repúblicas, de un monumento dedicado a su genio, sus virtudes y sus glorias”. Y se anexa a la idea de que todo, o casi todo el costo, sea asumido por la ciudadanía vía colecta. Una vaca pues.

No obstante eso quedó en solo palabras, porque un año más tarde, en 1870 llegó al poder Antonio Guzmán Blanco. Se paralizó por tres años la negociación con la Real Fundición de Munich, encargada de darle forma final a la majestuosa. Pero al renegociar se llegó a un acuerdo, a pesar del sensible fallecimiento del destacado escultor que no pudo ver erigida en Caracas la réplica de la estatua ecuestre que desde 15 años antes lucía en la plaza del Congreso de Lima, Perú.

Revivió Bolívar náufrago

La inauguración de la perfecta estatua ecuestre no sucedió en la fecha prevista porque el buque danés Thora, que transportaba las 15 cajas contentivas de la obra acabada en bronce, encalló en Los Roques. El preocupante naufragio fue rescatado en dos viajes debido a lo pesado de la carga.

El incidente obligó a posponer la fecha de la gran fiesta popular para el 7 de noviembre de 1874, en donde la participación del pueblo se manifestó con máximos coloridos y una suerte de competencia entre quienes mejor adornasen los espacios públicos en las adyacencias de la Plaza Bolívar.

Aquel ambiente patriotero fue coronado con Viva Venezuela, Viva la causa de abril, Viva la paz de la República, gritos de festejo de Guzmán Blanco, quien por fin declaró inaugurada la obra que desde entonces muestra al Libertador mirando al Occidente, quizás esperando se consolide la unión y la verdadera independencia.

Otros reconocimientos

Como acto de justicia por lo que entregó Simón Bolívar en nombre de la libertad se diseminaron diversas obras en su honor, no solo en Caracas sino en el resto del país, y fuera también. Honor a quien honor merece.

Se sabe que en su siguiente gobierno, Guzmán Blanco ordenó una estatua a pie en la antigua Universidad Central de Venezuela, así como una en Apure y otra en Valencia, a manera de exaltar esos valores patrios del gran Simón Bolívar.
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Estatua en San Jacinto

El 1° de marzo de 1825 la municipalidad de Caracas aprobó una iniciativa para la instalación de un monumento ecuestre de el Libertador el cual iba a ser erigido en la hoy plaza de San Jacinto. No están claras las razones por la cual este proyecto no prosperó, teniéndose que esperar casi medio siglo para que finalmente el 18 de noviembre de 1872 se publicara el Decreto de instalación en los espacios de lo que hoy conocemos como la Plaza Bolívar. Vale destacar que ya dos ciudades de la república se habían adelantado en cuanto a levantamiento de esculturas alusivas al padre de la patria, la primera de ellas, en Mérida la cual en 1842 erigió una columna, siendo el primer monumento en el mundo dedicado a el Libertador. La segunda fue en Ciudad Bolívar, donde en 1869 se levantó una estatua pedestre de nuestro principal prócer de la patria.

Curioso incidente de estatua ecuestre en el mar caribe

Nos relata Michael Nissnick que todo estaba listo para que el 28 de octubre de 1874, día de San Simón, se inaugurara la estatua ecuestre en homenaje al Padre de la Patria en la plaza que llevaría su respectivo nombre. Pero, un incidente registrado el 10 de octubre de 1874 obligó a que los preparativos se quedaran “fríos”, pues se recibió la noticia de que el bergantín “Thora” había encallado en un bajío del archipiélago de Los Roques.

El buque el cual trasladaba desde Europa las 15 cajas contentivas de cada uno de los segmentos de la escultura ecuestre, por fortuna, no se hundió en el mar, no obstante corría igual peligro, pues podían ser capturadas por piratas quienes estarían interesados en la monumental estatua ecuestre de 4 metros de altura.

En una operación de rescate varias embarcaciones con grupo de voluntarios en solo 5 días, pudieron salvar al monumento. El 19 de octubre llegaron a nuestro país 14 cajas contentivas del cuerpo de Simón Bolívar, quedando pendiente la última caja perteneciente al caballo, que llegó al día siguiente, esto motivado a su gran envergadura y peso.

Finalmente, el 7 de noviembre de 1874 fue develada la magnánima escultura, la inscripción en el pedestal, decía: “El Gral. Antonio Guzmán Blanco, presidente de República, erige este monumento en 1874”. Pero, 15 años después fue reescrita por una nueva inscripción la cual aún se conserva y que dice: “La Nación agradecida, a su Libertador, erige este monumento en 1874”.

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LUIS MARTÍN | CIUDAD CCS