EstoyAlmado | Victoria parcial del voto

Manuel Palma

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Vienen tiempos de balance electoral. Más allá de los resultados por cada estado, la jornada fue una victoria para el sistema electoral venezolano, tan vejado y descalificado en los últimos cinco años por los sectores extremistas de la derecha proclives a la violencia. A pesar del nubarrón de duda y apatía que aún persiste en algunos electores, nuestro sistema electoral salió bien librado de difamaciones e injurias. Fue un paso para la recuperación del voto como mecanismo de soberanía popular.

Fue un proceso que ni la abstención puede desmeritar, porque la participación se mantuvo en la banda promedio de otras elecciones regionales, con la salvedad de que la jornada del 21N se efectuó en medio del impacto de sanciones, recesión económica, hiperinflación, precarización salarial y victimización empresarial para justificar a diario la usura y la especulación de productos básicos. En un contexto así, una participación del más de 40% en una elección regional (que no es de carácter nacional, como presidenciales o parlamentarias) es más que una victoria. Fue el voto un ejercicio de consciencia colectiva en medio de la guerra macabra individualista del “sálvese quien pueda”.

Por supuesto, no fue una jornada exenta de obstáculos. Aunque desde el exterior intentaron posicionar en el imaginario la palabra fraude, sobre todo en la campaña electoral, los propios resultados ratificaron una verdad irrebatible: el problema no es el sistema electoral, nunca lo ha sido; son los propios factores opositores que desacreditan al árbitro electoral para no admitir que no son la fuerza política mayoritaria que dicen ser. Esta elección, una vez más, los dejó al desnudo frente al mundo y a sus simpatizantes: perdieron en la mayoría de las alcaldías y gobernaciones, sin posibilidad de echarle la culpa a las fulanas condiciones o la ausencia de sus propios observadores.

Es que ni siquiera los salvó el informe preliminar de la Unión Europea (UE). Se esperaba que el fraude que no cantaron los candidatos derrotados de la derecha, lo hiciera el organismo europeo. Pero no fue así. Sorprendieron con un informe ambiguo que no refleja ni un dato de peso significativo que abone a la narrativa perniciosa del fraude.

Afuera, y adentro también, los autoproclamados paladines de la democracia esperaban algo más venenoso y, al mismo tiempo, descabellado. Algo así como el hallazgo de un botón ultrasecreto donde se podían cambiar resultados a favor del Gobierno. O cualquier cosa que alimentara aún más el delirio de que el voto es manipulado fácilmente. Nunca hubiesen esperado que la UE declarara que este es el mejor CNE “en los últimos 20 años”.

Pero, para no dejar a ciertos poderes fácticos foráneos salivando sin nada para atacar a la Revolución, los visitantes del viejo continente recurrieron al comodín de lo “estructural”, inmiscuyéndose directamente en decisiones soberanas de la Contraloría de la República (inhabilitaciones administrativas) y el Tribunal Supremo de Justicia (uso de tarjeta y símbolos de partidos). Agregaron, además, al informe referencias a la cobertura mediática, que siempre es susceptible de mejorar; y los demonizados puntos rojos (que solo al verlos parecen tener un efecto hipnótico que te obliga, en contra de tu voluntad, a votar por el chavismo, no así los puntos azules o de los de la “manito”).

A pesar de todo, la victoria del sistema electoral el 21N es parcial. La propia UE publicará entre enero y febrero el informe final, donde lo más probable es que mancille el proceso electoral con alguna magnificación grandilocuente de algún evento aislado que, a última hora, los reivindique para la inicial misión encargada. Lo mismo ocurrió con el informe tras la visita de Michelle Bachelet, que a pesar de no producirse en un evento electoral, cumplió el mismo patrón: genérico y hasta halagador en la etapa preliminar, y sesgado y sin fundamento en la fase final cuando fue publicado meses después.

La ventaja, hasta al momento de redactar estas líneas, es que no se le ha dado motivos a los eurodiputados, excepto la prórroga innecesaria de los resultados en la gobernación en Barinas, que puede ser la mecha oportuna para que el extremismo opositor intente manchar la legitimidad de los comicios, refrendados por todos candidatos y partidos mediante la participación en 17 auditorías realizadas antes, durante y después de las votaciones. La totalización de votos de una sola gobernación no debiera desestimar el gran esfuerzo técnico, político y social realizado por el Poder Electoral.

La desventaja es que mientras más se tarden en adjudicar esa gobernación, mayores serán las oportunidades de Voluntad Popular (el partido de la violencia callejera y las guarimbas) de devolver al país al escenario caótico de inestabilidad política, ya parcialmente superado por efecto democrático de las propias elecciones del 21N. Ojalá que para la fecha de publicación de esta columna se haya solventado ese incidente, y no se le dé el pretexto que tanto buscaron los europeos, y aquellos países en Occidente interesados en reconocer “elecciones libres y justas” en Venezuela solo si ganan sus cachorros y súbditos políticos.

Manuel Palma