HABLEMOS DE ESO | El derecho a celebrar

Humberto González

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El sábado 20 me entregaron una credencial como observador nacional para las elecciones del día siguiente. Me tocaba a asistir a ver el proceso en algunos centros electorales de la parroquia San Pedro en Caracas. Me resultaban de lo más familiares, porque en uno de esos liceos estudié y en otros di clases de matemática. Además, creo conocerlos bien en su calidad de centros electorales, porque les he estado visitando en una u otra circunstancia desde 1983. Lo cual da cuenta de aproximadamente un chorrerón de años viendo sus colas, el proceso de votación, conociendo a los testigos y miembros de mesa (que han cambiado, por supuesto, desde las elecciones en que salió electo Jaime Lusinchi).

La escena de los 4 centros este domingo 21 fue sin embargo sorprendente: nunca había presenciado tal armonía y espíritu de colaboración, tanto respeto y tranquilidad entre miembros de mesa y testigos de los distintos partidos. Nunca tanta confianza en los mecanismos y normas.

Después de años de guerra en que se pueden contar solo desde 2013 y nombrando solo lo más destacado:

– El llamado a la “arrechera” de Capriles (2913) con 11 fallecidos.
-La “salida” promovida por Leopoldo López (desde febrero a julio 2014) con saldo de 43 fallecidos, decenas de heridos, bienes públicos destruidos.
-La escasez inducida de 2014.
-La orden ejecutiva por la que se declara a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria” (marzo 2015).
-La caída histórica de los precios del petróleo durante 2015 que redujeron en 99% los ingresos externos de la República.
-La conspiración iniciada desde el día de la instalación de la Asamblea Nacional con mayoría opositora en enero de 2016.
-La cadena de medidas coercitivas unilaterales asumidas por el gobierno de Trump.
-La guerra callejera que trancó vías y llegó a incendiar personas en 2017 y que culminó con la convocatoria por parte del presidente Maduro a la Asamblea Nacional Constituyente… Una convocatoria que superó intentos de boicot, amenazas y agresiones.
-La hipócrita ruptura por parte de la oposición digitada desde Estados Unidos del acuerdo para adelantar las elecciones presidenciales de 2018.
– El atentado con drones contra la vida del presidente (4 de agosto de 2018).
-La proclamación ilegal de un gobierno ficticio en enero de 2019 que sirvió para la expropiación de CITGO y Monómeros, así como el secuestro de reservas en oro y cuentas de la República en el exterior.
– El intento de invasión desde Colombia con la excusa de la “ayuda humanitaria” (febrero 2019).
-El sabotaje que condujo al gran apagón de marzo de 2019.
-El intento de golpe de Estado del 30 de abril de 2019.
-La invasión mercenaria de 2020 (Operación Gedeón, 3 de mayo de 2020).
-La caída de los precios del petróleo a valores negativos en abril de 2020.
-La agresión armada de bandas delictivas desde la cota 905 en Caracas (julio 2021).

Bastante historia hay aquí. Y hay que hacer un esfuerzo especial para que no se borre de la memoria. Y sin embargo, bastante conciencia hay aquí, hasta el punto en que la Revolución Bolivariana ha logrado conservar su fuerza y vitalidad como lo demuestran los resultados. Heridas profundas ha dejado esta guerra, no hay dudas. Pero también ejemplos de dignidad y perseverancia, que vistos en perspectiva histórica tienen que ser catalogados de heroicos.

Mientras escribo, me llega un excelente resumen de noticias elaborado por nuestra embajada en Nicaragua. Parafraseo aquí sus comentarios finales:

‌Los pueblos indígenas venezolanos cerraron este 26 de noviembre el proceso electoral venezolano, al elegir sus voceros en Consejos Legislativos Estadales y Concejos Municipales de 8 Estados. Estos pueblos son testimonio vivo y heroico de más de 500 años de resistencia, son base de nuestra formidable diversidad cultural. Estamos, Yukpas, Kariñas, Pemones, Barí, Baré, Vanomamis, Waraos y tantos otros, reconocidos sus derechos en la Constitución de 1999. Falta mucho para hacer buenos en su plenitud esos derechos, pero hay que ver cuánto hemos avanzado. Basta recordar a la joven teniente Wayuu, primera piloto de combate de nuestra Fuerza Aérea. “Seguimos nuestro camino diario, libre y soberano, a pesar del bloqueo infame y de los castigos demenciales y criminales contra nuestro pueblo. Parece mentira, pero los poderes imperialistas, de ayer y hoy, siguen con sus garras clavadas en nuestra gente. Países europeos, auténticos genocidas de continentes enteros, como Francia, España, Inglaterra, Bélgica, Portugal, se alían con el imperio norteamericano, en un frente de agresión tan cobarde como injusto. Seguimos en pie, creando nuestra ruta soberana de esperanza y de justicia, con nuestra alegría invencible y en paz, a pesar de las agresiones que resistimos”.

Es un testimonio para la historia, esa que debería hacer enrojecer de vergüenza, a esos que se creen dueños del mundo.

Humberto González