CARACAS CIUDAD CARIBE | Turismo y Ciudad Comunal (II)

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La definición de una política cultural municipal coherente con el socialismo venezolano del siglo XXI debe estar basada en el conocimiento científico de la historia de la ciudad, expresada en sus bienes patrimoniales monumentales, en los bienes muebles asociados con los mismos y en las diversas tradiciones socioculturales parroquiales; todo ello constituye una expresión tangible de la herencia histórica, de la identidad cultural que explica la existencia, la pervivencia de la colectividad humana que es el municipio y su vinculación con la nación venezolana.

En razón de lo anterior, los objetivos materiales y espirituales de una política cultural basada en la salvaguarda de los bienes patrimoniales de la herencia histórica municipal, lo cual incluye también los municipios de Chacao, Sucre y Baruta, confluyen hacia una meta: el desarrollo en la población de la ciudad de una conciencia reflexiva sobre su pertenencia al colectivo del municipio, de la autoestima y –en consecuencia– de la voluntad de participar democráticamente en el logro compartido de solucionar los problemas sociales de la comunidad.

Para tales fines, los recursos patrimoniales culturales que integran la herencia histórica municipal deben ser gerenciados para hacerlos accesibles a toda la población de la ciudad mediante un adecuado programa de selección, restauración y promoción de los mismos, y de programas de educación e interpretación que los integren al disfrute del ocio creador y el tiempo libre de las distintas comunidades parroquiales. El respeto por el derecho que tiene el pasado a existir, es filosóficamente continuo con el respeto de los derechos del futuro. Toda generación presente debe ser custodia del pasado para el beneficio y la edificación de las generaciones por venir, puesto que este proceso constituye el fundamento de la autoestima, de la identidad histórica y cultural de la comunidad municipal.

Recursos culturales

El fundamento de una política para la selección de los recursos culturales que deben ser preservados y gerenciados para uso de la comunidad municipal, reside en la identificación de la naturaleza y magnitud de dichos recursos a través de la prospección y el inventario. Solo cuando esta base de datos haya sido bien establecida por el municipio, será posible formular una estrategia realista para el futuro. Parecería ser, pues, axiomático, que para escoger los recursos culturales que deberán ser conservados, con excepción de los más grandiosos y aparentes, es necesario poner en marcha un programa continuo de investigación a los fines de organizar, en lo posible, un registro de la totalidad de los mismos. En ausencia de dicha base de datos se corre el riesgo de que los sitios, monumentos y tradiciones sociales más importantes solo puedan llegar a ser conocidos y registrados cuando su estudio y preservación sea prácticamente imposible.

El progreso económico y social inevitablemente amenaza la integridad de los recursos culturales, por lo cual habrá que tomar, en ocasiones, la decisión de sacrificar sitios y monumentos. Sería utópico, por otra parte, pretender que todos los recursos culturales sean conservados a perpetuidad, por lo cual es imperativo que se haga una selección de los más representativos de los diversos períodos de la historia municipal y nacional, mediante una adecuada metodología de prospección, catalogación e inventario de los mismos.

La importancia de conservar los recursos culturales que integran la herencia histórica de los municipios radica en su carácter estratégico para mantener la identidad cultural del colectivo, cuando se les gerencia como parte de un programa orgánico y estructurado de educación. Por esta razón, la historia ha sido tradicionalmente un importante sujeto de estudio de los programas educativos de todos los países desarrollados. Descuidar este importante y estratégico recurso educativo puede tener graves implicaciones, como lo demuestra la historia reciente de la educación venezolana: los escolares de ayer son los votantes de hoy y los administradores del presente, de la misma manera que los escolares de hoy serán los votantes y los gobernantes del mañana.

Conciencia del pasado

Si como ha venido ocurriendo en Venezuela, no se les crea a los niños desde la escuela una conciencia de su pasado basada en una apreciación profunda de la totalidad de las tradiciones materiales y espirituales que lo integran, difícilmente podrán ellos, cuando sean adultos, adoptar una actitud conservacionista hacia las tradiciones materiales y espirituales, hacia los recursos culturales que forman el presente de su ciudad, de su parroquia, de su barrio, cuando no de su propia patria. Es por esta razón que la autoestima del o de la caraqueña, y del venezolano en general, es todavía baja, lo cual se traduce en una actitud indolente y negativa hacia la calidad de su vida cotidiana doméstica o colectiva, a la persistencia de los valores sociales negativos tales como el individualismo y el egoísmo, antagónicos a la calidad de vida socialista.

La escuela, sin embargo, es solamente uno de los factores del proceso de educación continua. Los medios de comunicación –la prensa, la radio y la televisión– juegan también un papel crucial en este proceso, aunque hasta el presente su participación en la vida social solo ha servido para deformar los valores éticos y disociar la mente de las ciudadanas y ciudadanos de la realidad concreta. Salvo honrosas excepciones como Vive TV, VTV y Telesur, así como las televisoras y radios comunitarias, el tratamiento que hasta ahora han dado los medios a la gestión y promoción de los recursos culturales que integran nuestra herencia histórica ha sido, en general, insuficiente. Es necesario que nuestros comunicadores sociales puedan comprender, analizar e informar con seriedad profesional sobre un tema como nuestra cultura, nuestro modo de vida, que es tan estratégico para el desarrollo social, cultural y político de nuestro pueblo.

Creemos que es necesario insistir hasta el cansancio en la necesidad de educar a la población –y en particular a los administradores de los gobiernos municipales, las alcaldías– para lograr una buena gestión de nuestros recursos culturales, de nuestra herencia histórica. La ética de la conservación de los recursos culturales y naturales, aunque no se puede imponer por decreto, puede estimularse a través de programas diseñados a tal fin, para que fluya orgánicamente de la comunidad de habitantes de los municipios.

Mario Sanoja Obediente/Iraida Vargas
Cronistas de Caracas