El doctorísimo Igor no regresa a Caracas

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Será recordado por muchos tanto por su labor periodística como por su compañerismo y solidaridad.

Cuando hablamos recientemente por la partida de su querida hermana Omaira, la del bloque 29 del 23 de Enero, Igor se sentía como abstraído, como en otra galaxia. Lógicamente afectado por su pérdida, quizás sintiendo muy fuerte el llamado de su sangre.

Le expresé mi solidaridad por su aflicción y no se sintió el Igor de siempre. Habló entre otras cosas de su retorno de Lara a Caracas, “porque nos debemos un líquido” en uno de esos abrevaderos de barrio en los que tanto compartimos en nuestra querida parroquia. Él, de ahí. Yo, hijo adoptivo. Lo cierto es que ya no vendrá. Quedaron muchas cosas en el tintero que ahora pasan a la imaginación.

Igor García, celoso del buen uso del lenguaje, apóstol del periodismo de investigación y defensor de la historiografía. Fue fundador de la sección Cultura del otrora diario Ciudad Caracas. Su página, la última, se volvió una referencia para los chamos de bachillerato porque en ella se nutrían sin fallas acerca de acontecimientos de la historia nacional, incluso, con análisis de períodos previos a la Colonia.

Con sus tesis, muchas veces irrefutables, se convirtió en un indispensable en cada discusión acerca de estos novedosos procesos políticos que vive el país.

Nunca fue simplista ni mucho menos conformista. Se iba a la raíz del asunto. Su verbo apacible pero firme se deslizaba sin sobresaltos a través de la historia del presente al pasado y viceversa sin dejar cabos sueltos.

Este verdadero erudito –aunque si leyera esto me hubiese regañado porque su humildad no permitiría tal término ni otro merecido halago–, siempre resguardó su inmensa amabilidad tras un rostro semibronco que era derrumbado con la alta carga de paciencia y la metodología que le imprimía a cada explicación, a cada enunciado suyo acerca de la realidad, de la actualidad y de la verdad que consideraba un bien democráticamente universal.

Cuando disparaba su verbo, sin altisonancias, pero sí con vehemencia, atinaba según sus principios, y sus blancos debían saber defenderse muy bien, con argumentos sólidos, porque de lo contrario el gran Igor desarmaba cualquier inconsistencia, viniese de donde viniese.

Terco por demás en su afán por convencer acerca de sus posturas. Con su componente pedagógico innato sirvió siempre de apoyo a las generaciones que le sucedimos en el periodismo: un excelso compañero.

Por encima de todo, un gran amigo, dentro y fuera de la Redacción; dentro y fuera del oficio periodístico. Conversar con él implicaba estar en modo aprendizaje.

Sin ser invitado protegía a los compañeros siempre ante las instancias superiores de mando. Solidaridad.com. Esa era una de las formas de reconocerle sus atributos. Asumía responsabilidades del grupo y emprendía siempre una férrea y sabia defensa.

Conocedor del beisbol romántico, jugador de softbol con el CNP Lara, experto de la camaradería de esquina, asiduo a esas taguaras en las que tantos amigos dejó al ritmo de su tono afable, supo ganarse el respeto de todos, como el gran profesor que fue. Chao, doctorísimo.

CIUDAD CCS / LUIS MARTÍN