HABLEMOS DE ESO | Una nueva república

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Para algún fanático de la precisión geográfica, Barbados queda en el Océano Atlántico, al este de la cadena de islas que «cierra» el Caribe. Sin embargo, por su gente y por su historia no cabe duda que es un país caribeño y nos queda cerca. Desde Carúpano a Barbados en línea recta hay 488,94 kilómetros, menos de la distancia en línea recta que hay entre Carúpano y Valencia (523,27 km), menos que la distancia por carretera entre Carúpano y Caracas que supera los 500 kilómetros.

Cerca también históricamente, pues los primeros habitantes documentados de Barbados, llegaron hacia el año 350 de nuestra era y provenían del Delta del Orinoco, esos mismos que fueron agricultores, pescadores y ceramistas. Al primer grupo humano le siguió un grupo arawaco hacia el año 800, que llamaron a la isla Ichirouganaim. Una tercera ola de migrantes era caribe, también proveniente de Venezuela, que llegó en el siglo XIII, digamos alrededor de 1250.

Más de mil años de población originaria de la Abya Yala interrumpidos por el «descubrimiento» de Colón en 1492. Las «correrías» de los invasores europeos en busca de convertir en esclavos a gente libre, contribuyeron a despoblar la isla, hasta que llegaron los ingleses en 1625. Convirtieron entonces al país en un centro para la trata de personas esclavizadas secuestradas en África. Hermanas y hermanos que padecieron la esclavitud, secuestrados o «exportados» a las costas venezolanas, de Jamaica o Cuba; es difícil establecer. Terminaron sus descendientes hablando inglés mientras hacían prosperar con su trabajo la producción de azúcar y ron, bajo el dominio del imperio británico. Justo la dominación y la subordinación les ha hecho distantes. Mucho tiene que hacerse todavía para que nos reconozcamos en nuestra cercanía.

Desde esta semana Barbados es una república. Sustituye a la reina de Inglaterra como jefe de Estado la nueva presidenta Sandra Manson. Justo ese 30 de noviembre se cumplieron 55 años de la declaración de independencia, pero Barbados seguía teniendo como jefa de Estado a Elizabeth II, la longeva reina de Inglaterra.

Si a alguien le parece irrelevante, recordemos que para el poder británico unas pequeñas islas más al sur, Las Malvinas, fueron objeto de una guerra en 1982, con la movilización de más de 24 mil efectivos militares, 117 aviones y 111 buques, contando dos portaviones.

Esta vez el cambio es pacífico, pero igualmente parte de lo que es un largo proceso de descolonización. En un reportaje de la BBC, entrevistan a Henderson Cárter, historiador barbadense. «Barbados se independizó en 1966, pero no había sido independiente debido a un lastre colonial que mantenía a la reina como nuestra jefa de Estado», dice y continúa: «Durante más de 300 años hemos tenido gobernadores que han estado tomando decisiones en nombre de la Corona. Lo que estamos haciendo es un cambio simbólico y psicológico, porque si pensamos en el mandato británico, también pensamos en esclavismo. No los podemos separar». Y sintetiza el significado de la nueva república: «Lo que está ocurriendo ahora es que nos estamos quitando el yugo colonial. Es un momento especial para personas que durante muchos años sufrieron esclavitud, represión y terribles condiciones bajo el mandato británico».

El retrato de la reina saldrá de los edificios de gobierno e irá a un museo. Los funcionarios ya no jurarán lealtad a la reina.

El entrevistador se preocupa por si la nueva república exigirá reparaciones al imperio británico. Carter responde: «Tenemos un movimiento que llama a que los británicos y otros países hagan reparaciones por las injusticias que se cometieron durante la era del esclavismo. Eso es algo justo, y no significa que seamos enemigos, que no nos podamos sentar en la misma mesa y negociar».

La descolonización no significa de ninguna manera declarar enemistad contra otro pueblo, es cosa de reconstruir la propia dignidad y de romper esa colonialidad del poder presente en un sistema mundial donde las antiguas y nuevas potencias se comportan como dueños del mundo.

«Le estamos diciendo al mundo que aunque seamos un país pequeño, somos capaces de dirigir nuestro destino», se despide Henderson Carter.

Humberto Gónzalez