PUNTO Y SEGUIMOS | Pa’ trás ni pa coger impulso

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Tanto aquellos a quienes la pantomima del gobierno interino no convence, como quienes fueron sus fanáticos y los opositores que en 2019 dieron vítores y otorgaron al desconocido Juan Guaidó categoría de prócer, ahora le dicen hasta del mal que se va a morir (no de vergüenza , claro) y se desmarcan de la triste “gestión” de cartón y latrocinio encabezada por este joven de pocas luces, pero de amplias agallas. Incluso sus cómplices y cercanos colaboradores -léase el reducido grupo que recibió beneficios económicos del interinato fantasma, pero con activos- le hacen el feo a esta estrategia fallida, y pretenden engañar a la gente con promesas de redención y redireccionamiento, expresadas bajo una supuesta autocrítica, que no pasa jamás por la asunción de verdaderas responsabilidades.

La cosa es que, aunque ni ellos lo crean, lo cierto es que el pueblo opositor, ese que no tiene acceso al guiso, tampoco los valora ya: “son todos una M”, “ninguno sirve”, “ya a mi no me interesa la política, solo quiero trabajar” ; es decir, un amplio sector de quienes se oponían al Gobierno se ha “despolitizado”. Lejos está la Venezuela de aquella efervescencia en la discusión política de fondo que hubo en los primeros años de la Revolución, y eso aplica a ambos lados, aunque con sus respectivos matices y razones.

Las sanciones -esas que la misma oposición solicitó- generaron una situación central: el Gobierno se vio en la obligación de buscar caminos alternativos a casi todo, y a hacer malabares para burlarlas. Visto con optimismo, fue la oportunidad perfecta para inventar, en el sentido en que nos lo explicó Simón Rodríguez, pero por otro lado también puso a prueba la fortaleza ideológica del proyecto especialmente en el tema económico, donde parece haberse decidido que la solución solo llegará utilizando los métodos del capitalismo, es decir, permitiendo que la burguesía local goce de privilegios estatales en nombre de la recuperación que todos desean. “Todo se vale en tiempos de guerra” nos dicen. Y esto ha permitido que muchos opositores promedio y «ninis», ante la avalancha de productos importados y las oportunidades de negocio que se abren, se permitan volver al discurso aparentemente no ideológico de “lo importante es trabajar y salir adelante”.

Parece que volvemos a la defensa del bienestar individual o de pequeños grupos, bajo la careta del bienestar de todos. Las sanciones abrieron un boquete por donde se cuelan todas nuestras debilidades, nuestros delirios de país rico, nuestros sueños pequeñoburgueses de poder comprar lo que queramos; la tentación de la ilusión por la vuelta de la “rialazón” (como dice la gaita), el derroche y que las cosas “sirvan”; sin importar que no sirvan sino para quienes puedan pagarlas, y en moneda extranjera. Es una falacia que la reactivación de una economía de servicios, con una clase importadora mas que productora y con la mayoría de los profesionales con salarios pauperizados vaya a ser equitativa. El capitalismo es, por definición, desigualdad. Y uno de sus discursos más potentes, por lo alienante, es aquel que defiende el trabajo individual, la auto superación, la no politización e ideologización de los asuntos de la vida pública y la brutal idea de que “el pobre es pobre porque quiere”.

El proyecto socialista nos hablaba de solidaridad, de colectivo, de logros en plural. Que unos cuantos empresarios “reactiven” la economía y den trabajos en el sector servicios, gozando de acceso a préstamos, divisas y excepción de impuestos, no significa una solución real a nuestros problemas. Son un alivio temporal y aparente ante unas medidas coercitivas diseñadas exactamente para aniquilar nuestra propuesta de un sistema diferente, más humano. Si ya el camino del poder popular en la construcción del estado comunal era difícil, ahora lo es más. Nunca antes estuvimos tan en riesgo. Y la prueba de ello es que la derecha ve con buenos ojos el “volver” y que la gente de a pie, opositora, nini o chavista, harta de pasar roncha, vuelve a hablar en términos individualistas de “a mí lo que me interesa es ganar plata y vivir”. ¿En cuál momento dejamos de trabajar sobre lo importante para atender lo urgente? ¿Por qué parece haber una “tregua” centrada en el tema billete? ¿Cuál es el futuro de las clases populares? ¿Qué estamos entregando a cambio de esta luna de miel con el empresariado? ¿Se puede confiar en el empresariado? ¿Será esta la paz de los sepulcros? La sabiduría popular dice que pa’ trás ni pa coger impulso. La cuarta es atrás. Por favor, no volvamos.

Mariel Carrillo