ARRIMANDO LA BRASA | Las sonrisas perdidas y la guerra de Las Malvinas

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Debemos confesar que lo primero que nos llamó la atención para nuestra lectura de la novela juvenil Las sonrisas perdidas de Mario Méndez, escritor argentino publicado en el sello Norma de su país, fue que tratara el tema de la Guerra en las Islas Malvinas de 1984.

La curiosidad nos llevaba a pensar en todo lo debatido en su momento (con tantas aristas como posiciones críticas), y  en cómo podría enfocarse desde una novela de corte juvenil precisamente.

Pero al adentrarnos en su lectura encontramos que el diseño de sus personajes fue ocupando nuestra atención rápidamente y del modo más natural ya éramos sus cómplices.

La novela nos dio datos novedosos, como el hecho de que la mayoría de los soldados reclutados por el ejército para enfrentar esa guerra, tenían menos de 20 años… Y entre la ficción y la realidad nos lo reveló en la construcción de un cuadro de perfiles psicológicos de diversas edades, donde lo inesperado de un amor surgido con la mayor espontaneidad, nos hace vivir la ansiedad, los desvelos, y el exabrupto de una guerra totalmente desequilibrada, entre una nación invasora y una que pierde el derecho sobre parte de lo que corresponde a su territorio nacional.

El inteligente cuadro de personajes y la trama sencilla, creíble, cercana, de cualquier pueblo posible, en la cercanía de jóvenes terminando la adolescencia para asumir vidas responsables a la fuerza y “de golpe y porrazo” fluye con naturalidad frente a los ojos del lector.

Nos gana, en la sencillez de sus descripciones, la conexión llena de posibles caminos a elegir en el conteo del día a día, en la ansiedad de sus personajes protagónicos, al verse forzados a circunstancias que no imaginaban ni deseaban.

Y sin embargo, el humor no falta en esta trama, que dentro del drama y la espera tiene la posibilidad de hablarnos de las cosas pequeñas que nos conectan como seres humanos, en medio de la sencillez de los universales territorios del amor en colectivo, los nexos familiares, y la inevitable identificación de unos con otros.

Marcela en el final de sus estudios asumiendo nuevas responsabilidades y su príncipe consorte sufriendo la conexión con ese destino inesperado de ser “soldado en batalla”, en medio de un enfrentamiento bélico absurdo e innecesario.

Nuestro autor, Mario Méndez, tiene una soltura narrativa que no abandona el suspenso en la trama, y sabe llevarlo con tino mesurado, conmoviendo a los lectores, quienes progresivamente vamos afiliándonos a la solidaridad con sus protagonistas.

La novela nos agarra desde el inicio, y con seguridad lo logra con lectores adolescentes, cercanos en edad a quienes correspondió en el mundo de lo real, el vivir esa guerra de las islas Malvinas de verdad-verdad. De ningún modo pueden perderse esta historia de Las sonrisas perdidas, para entender y comprender aquello sobre lo cual solo hubo una mirada desde lejos.

Laura Antillano