La Vega y Montalbán, la meca de la caña, el arte y el baloncesto

0

¿Qué relación existe entre la caña, la esclavitud, la moda, el arte, el baloncesto y La Vega-Montalbán? Sucede que, con su nombramiento como Adelantado de la Provincia de Caracas, don Garci González Da Silva ordena en 1590 el funcionamiento de la hacienda La Vega que hoy sobrevive paralela a la actual avenida O’Higgins en calidad de monumento histórico de la nación. Y muy cerca se erigió la hacienda Montalbán. Ambas dedicadas al confinamiento de esclavos que más tarde serían mano de obra para la agricultura del naciente asentamiento –elevado a parroquia a partir de 1652–, en la que destacaba el cultivo de la caña de azúcar y sus derivados como rubro principal.

(Lo del baloncesto, la moda y el arte, lo explicaremos más adelante…)

Por aquellos días coloniales en los que Caracas era el centro de intercambio económico, los agricultores de Aragua entraban a la ciudad por La Vega, bajando desde El Junquito, donde estaban los linderos de las 1500 hectáreas cuyo otro confín era El Paraíso.

La escogencia de esta productiva zona como asentamiento estuvo directamente asociada a sus fértiles tierras que eran las riberas del río Guaire.

Creció el interés de establecer la nueva población en el extremo sur de Caracas debido al provecho que proyectaba la agricultura y la cría de cierto ganado.

De mano en mano

Por razones desconocidas oficialmente la casa pasó por varios manos hasta llegar a la ilustrísima familia Tovar –amos desde 1620– hasta 1899 cuando toda la extensión le fue vendida a Jorge Uslar, en transacción que involucró directamente como mediador a una institución financiera de su copropiedad, el Banco Caracas, actualmente desaparecido.

El negocio de la caña de azúcar, los trapiches para su procesamiento y subproductos como el ron y otros guarapos, aparte de las ganancias por la diversidad de cultivos, era muy atractivo desde lo crematístico hasta lo lujurioso y provechoso para las relaciones sociales.

En las adyacencias de las haciendas fue aumentando la población. Se trataba de los empleados de los amos de aquel valle. Fueron la génesis de los actuales urbanismos de La Vega y Montalbán.

Por ser una zona privilegiada, bañada por las frescas aguas del Guaire, por su alto nivel de variados alimentos y por las comodidades que brindaban las haciendas para su dueños y huéspedes, en esos aposentos disfrutó y descansó el Libertador Simón Bolívar en días de 1827 cuando los Tovar fueron sus orgullosos anfitriones.

Moda y artes

La que llegó a ser la casa de campo de la adinerada familia hubo de ser repentina y obligatoriamente la vivienda principal de doña Carolina Uslar y su esposo José Herrera, porque les fue expropiada la Casa San Pablo, muy cerca del Teatro Municipal.

Entonces la gran casona de La Vega fue tomando forma de hogar y empezó a ser remodelada y adecuada para resarcir ciertos daños propios del tiempo que había sufrido la insigne construcción en sus aspectos arquitectónicos desde su creación en los días de la colonia.

Tanto representaban estas tierras, incluso en los albores del siglo XX, que fue tomada como modelo para construir en sus espacios el naciente Country Club caraqueño, pero sus dueños rechazaron la onerosa y atractiva oferta.

Prefirieron los dueños, a pesar de su altísima posición económica y excéntricos gustos, seguir con su estancia de casona colonial y su vida campestre en plena urbe.

De sus últimos moradores la crónica recoge el nombre de María Teresa Guevara –esposa de Reinaldo Herrera Uslar, IV Marqués de Torre Casa y dueño sucesoral de la propiedad– o simplemente Mimi, como le conoció la caraqueñidad de esos días a mitad del siglo pasado.

Una doña políglota, de exquisitos gustos y usanzas. Celosa de los detalles de su lar mantuvo impecables las instalaciones ya corroídas por lo vetusto de sus materiales.

Retoques al jardín francés que databa de finales del siglo XVIII, así como la recuperación de las ruinas del trapiche y otros sitios que resultaron claves para el sustento del lugar en medio de aquella economía que siempre había dependido de la agricultura y sus derivados.

La excelsa dama abrió las puertas de su hogar –el olimpo de la moda y el arte de Caracas– a invitados de la talla de Salvador Dalí, Christian Dior, los músicos Mstislav Rostropóvich de Rusia y Arthur Rubinstein, polaco-estadounidense, los príncipes Carlos de Gales y Margarita del Reino Unido, el Rey Juan Carlos y doña Sofía, de España, y hasta la Reina Juliana de los Países Bajos. De ñapa, uno de los herederos de la casta Herrera se casó con la ahora “number one” de la moda mundial, Carolina Herrera, quien vivió mucho tiempo en la famosa casona antes de tomar otros rumbos.

¿Y el baloncesto?

No por último es menos importante. La relación entre la zona y el baloncesto es que “don” José Herrera Uslar, uno de los propietarios de las haciendas La Vega y Montalbán, descendiente de mantuanos, complementa su formación estadounidense con un título de abogado de la UC. En su afán anticomunista crea el Movimiento de Acción Nacional, MAN, y con apenas 24 años, junto a Jhon Phelps y Jaime Todd, funda y preside la Federación Venezolana de Baloncesto. Claro, sin imaginar las glorias que se avecinaban al país…

Su acaudalada familia donó parcelas de la hacienda Montalbán a la Conferencia Episcopal y a la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, y en la actualidad allí funcionan las sedes de ambas instituciones: la primera con injerencias políticas que espirituales, y la segunda, con una muy suspicaz amnesia –olvidan que fueron ayudados–, es el recinto criollo con las mayores tarifas para impartir educación universitaria.

CIUDAD CCS / LUIS MARTÍN