PUNTO Y SEGUIMOS | Leer tras la noticia

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Por muchos años, las grandes agencias de noticias del mundo, las pioneras en el negocio de la venta de información como Reuters (Reino Unido), AP (Estados Unidos), AFP (Francia), EFE (España), ANSA (Italia) o DPA (Alemania), construyeron el (falso) paradigma de la objetividad y se constituyeron ante los ojos de las mayorías como fuentes confiables. Las notas, reportes y fotografías provenientes de estas instituciones mantuvieron prestigio y credibilidad por décadas, y la mayoría ha sobrevivido a escándalos de fotos manipuladas y publicación de informaciones falsas. Las agencias han sido pilares en la construcción de los relatos que conforman gran parte del ideario mundial sobre la historia contemporánea y, en consecuencia, llave fundamental en el desarrollo del capitalismo.

A pesar de la pública y notoria dirección de información, manipulación, censura y/o sobreexposición de temas cuidadosamente seleccionados con criterios políticos y económicos, las agencias transnacionales continúan gozando de prestigio en un grupo nada desdeñable de la población mundial. Se han mantenido y adaptado a las nuevas tecnologías que les han permitido ser aún más rápidas en la transmisión de la información, a costa de la calidad de la misma, cosa que ha ocurrido en prácticamente todos los medios de comunicación tradicionales.

Lo que en alguna época fue motivo de orgullo como las corresponsalías en el extranjero o los grandes reportajes de investigación, se hicieron cada vez más raros, pues fueron sustituidos por trabajos rápidos, con pocas fuentes vivas y con aún menos fuentes contrastadas. La vorágine de las redes y el internet se fueron tragando el patrimonio periodístico de las agencias —que indudablemente tuvieron— al tiempo que se fue puliendo su capacidad de producir información direccionada, casi sin necesidad de hacer realmente trabajo periodístico, ese que nos recordaba que es una profesión de servicio público y no una churrería de notas olvidables, pero que, en conjunto, afectan a la población.

Me refiero en particular a las agencias, a propósito del polvo levantado en redes por la publicación en “exclusiva” de la agencia Reuters acerca de la “posible supuesta” salida de Tarek El Aissami de la presidencia de Pdvsa por problemas de salud, “confirmados por ocho fuentes cercanas”, “ninguna de las cuales puede ser identificada por lo sensible del tema”. Bien sabemos que en lo que respecta a Venezuela, la mayoría —por no decir todas—las trasnacionales de la información han sido bastante laxas con los principios básicos del periodismo, y ni hablo de los deontológicos, sino los técnicos; pero igual uno no deja de sorprenderse de estas cosas. Reuters, la anciana Reuters, fundada en 1851 y poseedora del gran negocio de la venta de información a los mercados financieros, ya ni siquiera hace el esfuerzo de publicar exclusivas bien redactadas. Hasta un estudiante de comunicación de los primeros semestres sabe que “nunca se sale sin fuente (verificable)” y ningún editor serio publicaría una noticia en la que supuestamente hay ocho fuentes (¡ocho!) ninguna de las cuales es comprobable.

Si esa nota fuera una práctica universitaria estaría reprobada. Rumores, supuestos, fuentes fantasmas varias y, sobre todo, un titular sensacionalista escrito en condicional.  Mis profesores de la ECS-UCV habrían hecho fiesta con algo así, tan digno de ser puesto como ejemplo de lo que no se debe hacer, tanto en la forma, como en el fondo. Aún cuando los rumores presentados se comprobasen ciertos en el futuro, el caso es que todo está mal en esa pieza “periodística” que ridiculiza el oficio, que pone al periodista como un productor incompetente de supuestos al servicio de un sistema para el cual es solo un peón de muchos, uno convencido de que sus “ideales” bien valen la entrega de la esencia de la profesión; y esto para no entrar en las otras aristas, las que explican por qué una vendedora de información financiera como Reuters publica un nada inocente rumor sobre un cambio en la dirección del sector energético del país de la OPEP con mayores reservas de petróleo del mundo, en un contexto de subida acelerada de los precios del crudo y los intentos de Estados Unidos de detener el alza, recurriendo incluso a utilizar sus reservas estratégicas. Aunque la nota sea un bodrio, si se lee bien, y tomándola de quien viene, sí que se puede encontrar información importante. Nunca como ahora se hizo tan importante aprender a leer tras la noticia. Cuestiónese todo, que no hay vacas sagradas.

Mariel Carrillo