Tres en 1 | Roberto Malaver: Memorias de un escuálido en decadencia

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2022

¡Yo no olvido al año viejo! Carajo, y cómo olvidarlo. La cadena nacional e internacional de errores que hemos cometido debe formar parte del libro Guinness de los récords. Mejor no los recuerdo porque eso sería masoquismo del bueno. Hemos fracasado tantas veces que a uno le da pena desearle un feliz año pa´ti a la gente, porque no nos van a creer esa vaina. ¿Cómo carajo los que hemos buscado salir del dictador con golpes y guarimbas y drones y sanciones y bloqueos, vamos a estar deseándole unas felices Pascuas y un próspero Año Nuevo a nadie? Da pena la vaina. Pero hay que hacer el intento. La cara de uno no aguanta una vergüenza más, pero aquí vamos cuesta abajo en la rodada.

Y seguimos llevando coñazos por todas partes. El poeta López, después de encontrarse con Matemático Borges en Barranquilla, Colombia, salió rumbo a Chile a reunirse con el hijo de un fascista reconocido internacionalmente, y allí lo recibieron a punta de huevos. Le lanzaron tantos huevos que pudo recogerlos para preparar la tortilla que estamos poniendo nosotros en el país desde que nos empeñamos en no creer en las elecciones sino en La salida y en el golpe y en las sanciones y en el bloqueo y no me eches más cartas. Después el poeta se fue con todo su camino a verse solo allá en Madrid, y se acercó a la universidad, a la Complutense de España, y allí lo recibieron a punta de cacerolazos y discursos y asesino y fascista y golpista y acurrúcame que tengo frío.

El coñazo del año fue la renuncia de Matemático Borges a la cancillería del interino. Hasta el compañero Biden estuvo a punto de suspender el Congreso de la Democracia, porque tampoco encontraba por ninguna parte la democracia, había Congreso, pero sin democracia, y la vaina fue un fracaso.

Este año ha sido duro, duro, duro. Comenzaron apoyándonos 60 países –miles, para la primera dama del poeta López– y ahora les juro que no se cuántos quedan a favor de nosotros que fuimos tan sinceros. Así, con este fracaso encima, a uno solo le queda esperar un 2022 pleno como la luna llena, full de triunfos y alegrías, pero eso no va con nosotros. A nosotros no nos gusta la alegría, siempre estamos arrechos. ¿Ustedes han visto al poeta López, a Matemático Borges, a Ramos Allup, a Ledezma, riéndose? Nunca.

Esa gente perdió la risa hace muchos años. Siempre estamos arrechos porque no estamos en el poder, y eso le arrecha a cualquiera. No pudimos tumbar al dictador con Trump, y por lo visto ahora también le vamos a fallar al compañero Biden.

El papá de Margot llegó de la calle y nos dio unas tarjetas de Navidad a Margot y a mí, y nos dijo: “A uno no le queda más remedio que esperar un 2022 pleno de paz y amor y trabajo y vida y felicidad y ventura y fortuna… “y cállate, papá” le dijo Margot. Y el hombre se arrechó y se fue al cuarto y antes de meterle el coñazo a la puerta nos dijo: “Feliz Navidad y Año Nuevo, muérganos”. Y retumbó el edifico con el coñazo que le metió a la puerta. Y la vecina gritó: “En el 2022 no quiero verte por aquí, desgraciado”.
—¿Quién tiene la culpa? María La Bollera. –Me canta Margot.

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Retrato Hablado

“Mi infancia estuvo llena de mucho amor…Soy un campesino; no se me ha quitado ni se me quitará. Tengo el orgullo de haber vivido con los animales, con las matas y con la gente”. Así contó en una entrevista ese compositor, músico y cantante nuestro, Otilio Galíndez. Nacido en Yaritagua, estado Yaracuy, el 13 de diciembre de 1935, desde pequeño se dedicó a querer la naturaleza. Su entorno era su vida. Sus composiciones forman parte de lo venezolano. En 1957 llega a la Universidad Central de Venezuela a trabajar como mecanógrafo en el Control de Estudios, en el núcleo de Maracay, donde vivía, y a partir de allí comienzan sus parrandas. Creó el Parrandón Universitario. Y con el Orfeón Universitario aprendió todo lo que le faltaba para asumirse más completo en sus creaciones. Todos hemos oído y cantado sus contagiosas canciones: Arestinga, Luna Decembrina. Y supo abarcar todos los géneros musicales con: Son chispitas, Ahora, Pueblos tristes, Mi tripón, Caramba. Entregó su talento al país a través de cada uno de sus versos. Su palabra sigue sonando en nosotros. Murió el 13 de junio de 2009, en Maracay, estado Aragua.

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El viernes de Lira