Bocanadas de aire cálido

María Centeno

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Conocí a Earle a principios de los noventa del siglo veinte. Su hijo y mi hija asistían al mismo primer grado de la misma escuela. Lo veía con frecuencia porque él y Asalia se turnaban para llevar y traer al chico.

Por esos tiempos yo iba a inaugurar una exposición titulada “Violenzuela” en la UCV, y le pedí al ya famoso periodista que escribiera la presentación del catálogo.

Él generosa y gallardamente dijo que sí y como eran tiempos preceluláricos, tuve que dibujarle en un cuaderno cada una de las 30 instalaciones que estaba realizando para exponer.

Earle me escribió una breve y hermosa presentación y desde entonces lo consideré mi amigo.

Nunca entendí cómo alguien podía escribir como quien exhala bocanadas de aire cálido, con esa aparente facilidad, textos elegantes, oportunos, inteligentes, combativos y con la rara virtud de la brevedad, que los hacían aún más efectivos y apetecibles.

Este domingo en la mañana, el amigo nos regaló otra de sus hermosas crónicas, y en la tarde, calló. Pero es solo un aparente silencio. Las bocanadas de palabras de Earle siguen y seguirán resonando en el aire de los campos y ciudades de Venezuela.

Gracias Earle.

MARÍA CENTENO / FOTO: JAVIER CAMPOS