El llanto no es suficiente

Mercedes Chacín

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Cuando la vivencia es tan larga y los recuerdos son tantos, no se halla por dónde empezar. Tal vez sirva, en tono de crónica, empezar por el principio. Años 80 y 90 del siglo pasado. Sabana Grande. Frente a la librería Suma. Earle Herrera, Manuel Guzmán, Roberto Malaver y Pedro Chacín en pleno bulevar. Esa cita semanal en la que componían y recomponían el planeta llamado Tierra era lo más parecido a la felicidad para aquellos seres. Fueron los años de los vaporones, de los riesgos, de las búsquedas, de las osadías, de las nostalgias a destiempo, de las protestas, de la violencia del Estado. Eran los tiempos de los ideales.

Cuando Pedro murió, Earle se convirtió en mi compañero de tesis. No había que explicar nada. Solo pasó. De tutor a compañero. De profe a amigo. Cuando Earle muere, muere mi profesor, mi amigo y mi compañero de tesis. No hay palabras que describan esas ausencias, que ahora serán hasta siempre. Earle «inventó» el verbo cronicar, que sin duda no es pecado, invento bienvenido para quienes amamos el periodismo con la fuerza de la razón  y de los sentimientos. El golpe llegó un domingo, día en el que estamos desprevenidos, relajados. Se sintió devastador, lacerante… llegó sin aviso, fuerte, certero, descomunal, directo al corazón, directo al amor. Cuando es así el llanto no es suficiente.

En vuelo sin brújula con vista nublada y asistida para encontrar sus libros en una biblioteca sin orden, comparto los títulos que decidieron buscarnos con ansias y desespero, la noche del domingo 19 de diciembre de 2021: Cien veces Chávez (2014, Alcaldía de Caracas); La Neblina y el verbo, Orlando Araujo uno y múltiple (2015, Alcaldía de Caracas); Al Sur, Canto al Sur (Fondo Editorial Ipasme); El Disposicionero en el Kiosco Veraz (Ediciones Correo del Orinoco), y Ficción y realidad del Caracazo (Monteávila Editores 2011). También nos encontró la tesis de grado de Mercedes Elena Chacín Díaz y Pedro Lorenzo Chacín Díaz, El Paquete de la violencia, presentada en febrero de 1994 “ante la ilustre Universidad Central de Venezuela”, unos meses después de la partida de Pedro. Son estos textos una pequeña muestra de su versatilidad, de su don para escribir, de su vasta cultura, de su solidaridad y de su humor genial. Fue un «compañero» de tesis extraordinario.

EL PERIODISMO

Poeta, escritor, diputado y periodista son títulos que le calzan, pero si con alguna disciplina u oficio fue un crítico incansable fue con el periodismo. En una entrevista para la revista Vertientes, a principios del año 2000, nos dijo que la política editorial de las empresas de comunicación atentan contra la libertad de expresión, que «obligaba» a los periodistas a autocensurarse. Es verdad. Tal vez presentía tiempos en los que la palabra se conviertiria en munición. En arma. Es un arma muy poderosa su palabra. Desde “El Kiosco veraz” lanzó dardos siempre amorosos y firmes (tuve el honor de recibir un par de ellos), dirigidos a los burócratas, a las deslealtades, a la ineficiencia, a la corrupción. Era en sí mismo un medio de comunicación y era dueño de su política editorial. Siempre nos preguntamos, cuando algunas noticias requieren de ese “segundo día” necesario para entender asuntos a veces inentendibles, ¿qué pensará Earle? Quedamos huérfanas, huérfanos. No era tiempo de marchar, profesor.

Decir que hará falta, más que un lugar común, es una protesta. Una rabia entreverada. Una molotov contra todos los dioses de los seres humanos. A estas alturas las muertes son más «puntuales», más “naturales”, pero siempre sorpresivas, injustas.

Pedro nos mira a toda hora fue el título que escogió Earle para el prólogo del libro Otra vez Pedro, siempre Pedro, a los 15 años de su muerte. Escribe Earle: “A veces uno está escribiendo y Pedro se asoma entre las líneas y sugiere palabras. Caminamos por las calles, lo vemos acercarse y luego se escabulle entre la gente, así como así”.

Sepa usted, amigo, compañero, tutor y profesor que lo buscaré, mientras viva, en las letras, entre las líneas, en la poesía, en los kioscos, en los ojos y las sonrisas de sus amigos y amigas, en los versos enamorados, en el amor a la patria,  en sus hijos, en sus nietos, en su familia y en cuanta crónica lea, pero sobre todo lo buscaré en su palabra irreverente, esa irreverencia que nos hace fuertes y libres y a su través, hacer que quien se robó al periodismo que nos lo devuelva. Sigamos.

MERCEDES CHACÍN /FOTO: JESÚS CASTLLO