Tres en 1 | Earle Herrera: “Confieso que he pecado”

Revela tu rollo Roberto Malaver

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Periodista. Escritor. Poeta. Humorista. Profesor universitario. Constituyentista. Moderador del Programa El Kiosco Veraz. Escribe diariamente una minicrónica en el diario Ciudad CCS y en el Correo del Orinoco. Uno de los cronistas más destacados del país. FOTO: JESÚS CASTILLO

—Usted tiene un libro que se llama Quien se robó el periodismo que lo devuelva ¿No han devuelto el periodismo?

-—Ni siquiera con la llegada de las redes “sociales” lo han devuelto porque tan pronto aparecieron estas, se las apropiaron. Las grandes corporaciones mediáticas se adueñaron de las nuevas tecnologías y las pusieron al servicio de sus intereses, que siempre han estado reñidos con el Periodismo con mayúsculas, es decir, con la verdad. Acaba de morir una de las últimas víctimas de la misoginia comunicacional, Luisa Lane. Fue una buena reportera, pero el machismo de la hora de cierre la puso a competir con un tipo que se hacía el pendejo, pero que tenía superpoderes: Clark Kent. Con vista de rayos X y velocidad supersónica, el tipo nunca dio un tubazo. Sin embargo, la SIP siempre le daba los premios que Luisa Lane se merecía. Yo soy luisista. O laneísta, no sé.

—Para escribir una crónica todos los días, hay que estar bien informado, ¿usted tiene fuentes dignas de todo crédito?

-—Yo mismo no sé cómo escribo una crónica diaria, pero salen. A diferencia de la literatura, Roberto, en el periodismo no hay musa. No existe una entidad etérea o real que te inspire y te sople la vaina, casi que te la escriba.

En mi vida solo tuve una musa, mi maestra de segundo grado que me llevaba la mano letra a letra para corregir mi caligrafía. Todavía respiro su perfume y siento el temblor de mi mano en su mano. Esa musa desapareció para siempre cuando tuve la mala idea de pasar para tercer grado. Allí me tocó un tosco maestro margariteño llamado Policarpio que casi me deja sin orejas. En cuanto a tu pregunta, “las fuentes dignas de todo crédito” las inventaron las agencias internacionales de noticias y son como las putas: todo el mundo las cita. Y a ellas recurre todo pirata del periodismo como quien acude a una casa de citas. Algunos, para darse bomba, las resumen en dos palabras: Fuentes fidedignas, pero siguen siendo rameras vestidas de seda.

—¿El periodismo humorístico también se lo robaron?

-—No se lo robaron porque el humor es de todos, como la poesía. Además, en este mundo solo se roban lo que tiene valor de cambio y el humor carece de ese valor (si es que tiene algún otro), aunque algunos hagan esfuerzos patéticos para convertirlo en mercancía. Hay un “humor” que puede cuantificarse en tres, cuatro y hasta cinco estrellas en una suerte de evolución postmoderna del bufón de las cortes. Para robarse el verdadero humor habría que ser un genio y, de ser así, no tendría ninguna necesidad de auto robarse.

—Usted, que ha ganado concursos de cuentos y poesía, y ahora le dedica más tiempo a la política, ¿abandonó el cuento y la poesía?

-—El más memorioso y grande entre los grandes del periodismo del siglo XX, Jesús Sanoja Hernández, contó que una vez su profesor en la Escuela de Letras de la UCV, el maestro Ángel Rosenblat, le aconsejó o advirtió: “Sanoja, cuídese del periodismo”. Jesús no lo hizo. Yo tampoco. El arte es posesivo. La política también. Igual el periodismo. Entre tantas posesiones, uno vive desmembrado. Cada cierta tarde o noche te asalta un sentimiento de infidelidad literaria o creativa. Te prometes retornar a la casa original y esencial que es la poesía y la creación, solo para romper tu juramento y volver a caer en ese sentimiento de culpa que dejan las amantes efímeras pero tiránicas que son el diarismo y el aplauso por el discurso de ocasión. La poesía nunca te dará el feedback del otro día ni jamás te gritará desde el tumulto: ¡Púyalo, Earle! Confieso que he pecado.

—Usted como analista, ¿qué espera que pase el domingo 20 de mayo en las elecciones presidenciales?

-—Retírame esa vaina de analista. Uno de tus autores favoritos, José Ignacio Cabrujas, declaró que la peor vaina que a él le echaron fue cuando empezaron a llamarlo “Maestro”. Bueno, un analista lo supera. Para echar más almidón sobre sus almidonados análisis, el Comandante Chávez les antepuso el cognomento de “sesudos”. Es como un epitafio sobre quien ya estaba en un sarcófago. Dios nos libre de entrar en la cofradía de los “sesudos analistas”. Dicho esto, entenderás por qué no intentaré ningún análisis sobre lo que va a pasar el domingo 20 de mayo en las elecciones presidenciales. Pasará eso.

(Entrevista realizada en el año 2018)

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Retrato Hablado

“Si Dios existe, le voy a pedir cuentas de lo absurdo de la vida, del dolor, de la muerte, de haber dado a unos la razón y a otros la estupidez… y de tantas otras cosas”. Así decía el escritor y político italiano, Leonardo Sciascia. Su enfrentamiento con la mafia y el terrorismo italiano fue permanente. Tanto que en su novela, El día de la lechuza, dejó claramente escrito como era la organización mafiosa. Esa novela fue llevada al cine. También Sciascia fue diputado por el Partido Radical entre los años 1979 y 1963. Vivía en Sicilia, y el ambiente mafioso y cómplice que había allí le hizo decir un día: “Odio, detesto Sicilia en la misma medida que la amo”. Utilizó los recursos de la novela negra para denunciar lo que pasaba en su país. Su primer texto fue Las parroquias de Regalpetra, esa fue su primera novela. Pero después vinieron las novelas que lo pusieron a enfrentar la realidad, Todo modo, El contexto, Los tíos de Sicilia. Y casi todas fueron llevadas al cine. Sciascia nació el 8 de enero de 1925 en Racalmuto, Italia, y murió el 20 de noviembre de 1989, en Palermo, Italia.

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El viernes de Lira