HORIZONTE DE SUCESOS| El fin y el principio

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El fin y el principio.

Esa sincronía con los años hace que dejemos de ver el tiempo como un vector. ¿Quién no ha sentido que en el último trimestre somos más reflexivos y silenciosos? Incluso con un aire de nostalgia. Meses en los que estamos haciendo balances y cotejando lo hecho con los planes y promesas de principio de año.

De estos tres meses, noviembre parece tener esa mayor carga porque octubre aún parece lejos del final y en diciembre estamos distraídos por los encuentros y las fiestas navideñas.

Lo cierto es que después del cañonazo algunos sienten que empiezan de nuevo, que es una nueva oportunidad para intentar iniciar nuevos proyectos, como si de verdad todo se reiniciara. Y la verdad es que muchos le dan importancia a los rituales de esa primera hora del año: las uvas, tener dinero en los bolsillos, salir con una maleta, entre otras cosas incomprensibles, son costumbres que, según los que las practican, buscan condicionar la realidad en esa unidad de tiempo.

Otros, en cambio, conscientes de que el tiempo es lineal y corto para el que vive, solo tratan de hacer la vida más ancha, lo único que podemos hacer para tratar de engañar al tiempo y a nosotros mismos. Juan José Saer dice en una novela que el presente es tan ancho como largo es el tiempo, lo que nos puede dar una idea sobre algunas ilusiones hechas reglas.

«Que en esa línea recta podamos establecer marcas grandes o pequeñas como los milenios, siglos, décadas, años, meses, días, horas, minutos y así, nos da la tranquilidad de que las cosas malas que nos pasan las podemos encapsular en estas porciones de tiempo y las consideramos superadas, en el pasado. Por eso también el tiempo es cultural, el que nos envuelve a todos como sociedad», dije en otra oportunidad.

Entonces, si el tiempo también es, sobre todo, cultural, no está mal pensar que tenemos la oportunidad de renovar las esperanzas, de empezar de nuevo.

Heathcliff Cedeño