Cita con la actualidad | Fabiola José: Los pueblos siempre están creando, la música popular no se detiene

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Esta vez la Cita con la Actualidad nos llevó al sentir de los pueblos desde el canto y la música tradicional venezolana con Fabiola José, una cantora que transmite serenidad y optimismo tan solo con su presencia. Llegó a la redacción muy puntual, vistiendo colorida y cómoda, con muchas cosas que contarnos de su trayectoria musical tanto en la academia como empírica.

No había empezado formalmente la entrevista cuando ya destilaba postura de su visión del mundo, mucho que contar. Fuimos Roberto Malaver, Mercedes Chacín, Gustavo Mérida, Teresa Ovalles, Rubén Seijas, Juan Carlos Torres y quien transcribe esta entrevista, quienes tuvimos la oportunidad de pasearnos por esa diversidad musical desde las vivencias de la cantora invitada.

Oriental pero con bastante influencia musical de diversos compositores y cantores de diferentes regiones de Venezuela como: Otilio Galíndez, Conny Méndez, Cecilia Todd, María Rodríguez, Lilia Vera, entre otros. Su amor por la música fue floreciendo desde muy pequeña, incluso desde que era una bebé y sigue convencida de que es esto lo que quiere seguir haciendo en su vida, crear para compartir su obra con los pueblos que se senti-piensan desde el sur.

— ¿Cómo te iniciaste en la música? Cuéntanos de Fabiola niña en Puerto La Cruz.

— Mi papá es médico y margariteño, mi mamá de Puerto Ordaz y siempre estuvo en casa con nosotros, pero ciertamente en mi familia hay muchos músicos. Mi padrino Pancho es cuatrista y con él canté mis primeras canciones, muchas margariteñas. Mi mamá me cuenta que canté desde que tenía un año y yo no lo creía hasta que lo viví con mi hijo tarareando desde antes del año. Pasé de la música popular tradicional venezolano al canto lírico. De niña tocaba mucha mandolina, mi hermano tocaba cuatro. Había un órgano y creábamos juntos. Entré en la universidad a estudiar Ingeniería Civil, pues no sabía que la música se estudiaba en la academia. Me inicié en el coro de la Universidad de Oriente. Ahí empecé a conocer otra forma de cantar. Fue cuando me vine a Caracas a aprender canto lírico porque en ese tiempo no había espacios de formación de canto popular. Con el Ensamble Tierra de Gracia en España, con músicos maravillosos fue que decidí dedicarme a la música popular, principalmente venezolana.

— ¿Quiénes son tus principales referentes?

— Cecilia Todd, Lilia Vera, María Rodríguez, Gualberto Ibarreto, Francisco Pacheco, Iván Pérez Rossi, Otilio Galíndez, Conny Méndez, esa caraqueña maravillosa y universal; María Elisa Escobar y luego de toda nuestra América: Mercedes Sosa, María Elena Walsh, esa compositora y cantora argentina, y, por supuesto, Alí Primera, quien es una especie de banda sonora en toda mi vida.

— ¿Cómo fue ese aprendizaje en la academia? ¿Todo músico debe pasar por ella?

— La música académica es más como europea, que es lo que se hace en los conservatorios; el nombre lo dice, algo para conservar eso académico. No es lo mismo un cantante de ópera que canta cinco canciones en su vida, a un cantante popular que canta muchos autores o sus propias composiciones, que viene de una creación popular; porque esos genios no son genios individuales como nos los han vendido, sino que hay un contexto y una tradición. Otilio no puede ser Otilio sin su contexto, igual que Simón, no salen de la nada, sino que tiene que ver con una tradición de un montón de gente creadora y maravillosa. Yo creo que eso de la academia es algo impuesto precisamente desde donde conservar un lugar predominante y de élites.

— ¿De qué va el Grupo de Investigación para Descolonización Epistemológica Ludovico Silva del que eres parte?

— Somos un grupo de gente que nos la pasamos discutiendo cosas. Les cuento, dentro de poco viene a Venezuela Rafael Bautista, es un hombre de las ciencias sociales, hermano de Juan José Bautista, filósofo que ganó el Premio del Libertador al Pensamiento Crítico en Venezuela, y coincidir ha sido muy positivo. Mi trabajo es en base al libro de él llamado ¿Qué significa pensar desde América Latina? La descolonización tiene que ver con eso, dejar de vernos como nos ven desde afuera y comenzar a vernos desde aquí. La colonización nos quitó mucha base, sin embargo, esa espiritualidad de los pueblos persiste como una especie de existencia y re-existencia.

Cantar desde el Sur se llama mi investigación, desde la descolonización del canto al canto liberador. No tiene que ver solo con un tema geográfico, sino que involucra a los pueblos y su espiritualidad. En todos los países del mundo hay un sur, aunque sea difícil verlo desde acá.

La descolonización también pasa por la conciencia de la desigualdad social, de los privilegios que podemos tener unos y las necesidades de otros, entonces Cantar desde el Sur es ese, desde donde cantamos. Mi espacio de enunciación es desde el ser mujer, mestiza; y pasé por la academia, es decir, tengo mis privilegios y hay que tener conciencia de eso. Los repertorios tienen una realidad, una subjetividad, el contexto en que ha sido creado, que tiene una potencia y que es liberadora, tanto para el que canta como para quienes lo reciben porque la escucha no puede ser pasiva.

— ¿Cómo te la has arreglado con la difusión de tu música en tiempos de guerra y pandemia?

— Uno lo hace con las condiciones y sin las condiciones también, así no haya muchos conciertos nosotros seguimos cantando y fue cuando nos inventamos, Fidel y yo, los conciertos hechos en casa porque sentimos que tenemos que divulgar, y Youtube es un buen medio para eso. También la experiencia como madre de un chamo de 14 años, me ha hecho ver y entender que ellos andan es en las pantallas con TikTok, Youtube y todas esas plataformas y redes; son importantes esas ventanas. Los pueblos siempre están creando y por eso la música popular no se detiene.

— ¿Consideras que la Revolución Bolivariana ha apoyado a los músicos populares?

— Ha tenido sus momentos, ha impulsado a muchos, pero no ha logrado ser sostenido en el tiempo. Los cambios de gente en la administración pública no mantienen la misma idea de generar política, entonces todo se pierde.

Con Chávez iniciaron esos momentos de mucho apoyo a la música popular, fue una explosión, una efervescencia maravillosa. Es necesario que desde las políticas públicas se generen esos espacios para que el músico y el artista en general se desarrolle. También es necesario decir que las sanciones al país tienen que ver, aunque tenemos como referencia y ejemplo a la Revolución Cubana, un bloqueo extremo y han logrado mucho.

— ¿Cantar tiene sentido?

— No es un solo sentido, cuál es el entendimiento y cuál es la razón, y no es esa occidentalocéntrica. Creo que el sentido del canto es algo que nos conecta a Luisana, Amaranta, Cecilia, José Alejandro, Leonel, Lilia; sin duda es algo político, pero no partidista, tiene que ver con esa espiritualidad que una siente y presiente en la música que canta.

— ¿Tienes preferencias por algún compositor?

— Por varios como Otilio Galíndez, por Conny Méndez, Luis Laguna, Simón Díaz. Uno canta lo que le gusta y el repertorio venezolano es inmenso, uno se identifica mucho con unas y con otras menos.

— Cuéntanos un poco del disco Venido de las estrellas

— Venido de las estrellas es ese disco de Navidad que estuvo postergado durante varios años. Es un repertorio que venimos cantando como desde el 2010. Volvimos de Argentina, llegamos a Caracas y David Carpio me dijo que lo hiciéramos, es bellísimo. David es un músico maravilloso, un arreglista increíble y este material tiene toda esa música tradicional de Navidad.  Algunos con arreglos y otros no porque son Calle real, así les llamamos, porque no tienen música escrita como el joropo estribillo, por ejemplo. Hay composiciones nuevas que fueron surgiendo en el camino también y Venido de las estrellas es la primera frase de Niño de luz, un aguinaldo de Alicia Dávila que es una gran amiga, compositora y pianista. Ese aguinaldo para mi tiene un mensaje que la trasciende a ella misma. Ese disco es producto de una suma de voluntades de un momento donde nos juntamos todos desde el amor. Gozamos mucho metiéndonos en ese estudio, de 5 en 5 porque el estudio era pequeño y en pandemia, cuidando las formas y reconstituyendo ese sistema inmunológico. Ahí grabamos Precioso querube, Luna decembrina y Corre caballito; este último era mi canción favorita de niña.

— ¿Qué tienes que decir del público que los escucha?

— Fíjate en esta anécdota: el 31 de diciembre vinimos a cantar a la plaza Bolívar y resulta era todo un show en formato como de programa de televisión. Cuando llegamos había un reguetón horroroso, muy incómodo.

Cuando lo apagaron para hacer la prueba de sonido, se empezó a escuchar la guitarra, el cuatro, la flauta, y todo eso… hubo como un cambio. Los transeúntes se interesaron y decidieron acercarse y escuchar lo que estaba pasando. Hicimos el concierto y quedó bellísimo y nosotros disfrutando mucho, con un cielo increíble y en el casco histórico de Caracas. El público nos entregó una felicidad enorme y eso siempre lo valoramos mucho.

— ¿Y el público de otras partes del mundo?

— A la gente del mundo le gusta la música venezolana porque se conectan con esa historia contada. Una vez en Beijing canté en un concierto de esos pedagógicos de puros músicos, donde uno va cantando y echando el cuento de lo que canta. Una de mis interpretaciones fue el tema Cerecita, de Luis Mariano Rivera, y resulta que uno de los que me escuchaba queda muy interesado por saber qué es lo que yo estaba cantando porque él sentía que entendía pero no conocía las palabras. Entonces yo echo el cuento de Luis Mariano, de su mata de cerezas y la cerecita oriental y el hombre dijo: “ah, claro, ya entendí, aquí también tenemos cerezas”. Entonces lo que conecta a la gente es ese vínculo humano, con la tierra y con lo que uno es.

— Cuéntanos de tu inspiración al escribir Piedritas de colores.

— Fue un ejercicio de preguntarme ¿será que de verdad todos somos creadores y creadoras? ¿Será que yo como cantora puedo crear una canción con mi puño y letra? Haciéndome esas preguntas estaba un enero, con el nacimiento aún puesto en casa, escogiendo frijoles en una olla de barro.

Entonces comencé, hice el coro y el primer verso, escogiendo los frijoles, pensando en mis abuelas, una de ellas cantaba muchísimo, le cantaba a los loros, a las plantas y cuando estaba chiquita cantaba en la radio. La otra abuela si no cantaba nada pero tenía un vivero, cuidaba animales y, en general, a la naturaleza. Entonces en toda esta mística me preguntaba ¿desde cuándo está la gente escogiendo frijoles para comer, para alimentarse y alimentar a otros? Fue mi primera canción, todo un reto.

Amaranta siempre me decía “mana tienes que hacer una canción porque todos podemos hacerlo” y yo le decía “no Amaranta, yo no sé hacerlo” y lo logré, así nació.

— ¿Sigues haciendo radio?

— Hasta el 2015 lo hice, me gusta la radio, me parece que como medio de difusión es perfecto. En ese tiempo había toda una movida, estaba La Cantera, Vladimir Acosta y un montón de contenido interesante. Fue un momento maravilloso.

— ¿Cuáles son tus planes para el 2022? ¿Cómo ves el país?

— Yo soy muy optimista y siento que con todo lo que hemos aprendido del 2020 y 2021, y todo lo que hemos motorizado, no nos queda sino seguir pa’ lante. Juntarnos más porque hemos estado haciendo cosas, pero cada quien por su lado, o por lo menos esa es la creencia porque al final uno siempre se junta con gente porque ¿cómo lo haces solo? Tenemos más esa conciencia de que es en colectivo la cosa. Vienen proyectos y cosas muy buenas desde el punto de vista musical.

El machismo en la música tradicional

No es un secreto que el contenido machista también está sumergido en la industria cultural y la música venezolana no está excenta de reproducirlo.

Hay mucho contenido machista y denigrante. Fue Mercedes Chacín quien se interesó por saber la postura de Fabiola José frente a esta problemática.

Lo reconoce como un problema serio y muy importante. “Yo trato de identificarlo y no cantar esas cosas que denigran. Doy clases de canto popular en Unearte y con mis estudiantes también vamos revisando lo que escogemos para cantar, en la cátedra no se canta nada que tenga esas características de violencia, además tenemos muchísima música para escoger”.

“En la industria cultural, lo que se ha mal llamado música llanera, no lo es, lamentablemente se le da mucho espacio a eso y, por ende, a esos códigos. Requiere mucha reflexión crítica para incidir de alguna manera en la gente. Yo tengo estudiantes que se han ido del país y cantan por allá cosas terribles, vienen de la cátedra y en ella cantaban repertorios bellísimos y ahora los escucho cantando… yo qué sé, letras violentas”.

 

Biografía Mínima

Fabiola José es una cantora nacida en Puerto La Cruz, el 9 de julio de 1973. Su papá es margariteño y su madre de Puerto Ordaz. Tiene un hijo de 14 años y un compañero de vida también es reconocido en los repertorios tradicionales, Fidel Barbarito. Empezó a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Oriente y entra en la coral de esta casa de estudios. A partir de esta experiencia decide venirse a Caracas a estudiar canto lírico, convencida de que es el canto lo que mueve sus fibras. En el proceso se dio cuenta de que la diversidad de la música venezolana es lo que quería conocer y hurgar. Esto ocurrió en sus estudios por Europa. Su primer disco llamado Ahora, lo hizo en España, y Leña, maíz, papelón, en Argentina.