Cuentos para leer en la casa | Mamón macho (Caimán de Sanare)  

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¿Duende?..

Hay muchos, son invisibles, yo los he visto…

Cuando uno los ve se vuelven na’, los blancos son buenos, mientras que los negros los usan pa’ hacé maldad, pero ellos no son malos es la gente que hace eso, ellos son solo ángeles que perdieron la gracia de Dios, eeeeesitos.

Ahora la gente no respeta.

Nooo, mijo, no respetan ni el sueño de las chicharras, contimás a mí.

Nooo señor, ahora nadien respeta.

Si supieran quién soy yo, antes, cuando vendía ñemas, caminaba mucho pora’i, mi mamá, que era de Quíbor, se llamaba Marielana Castillo.

Ella tenía un patio grande en Palo Verde, allí donde yo nací, pora’i en el año 37…

Chachooo, eso hace tiempo.

Yo nací en el sitio que llaman Las Rositas, como les dije, en Palo Verde, aquí en Sanare, allí habían pa’ ese tiempo muchos duendes…

A yo, casi nunca me asustaban, porque yo no era malo… yo les regalaba aguardiente y tabacos pa’ jumá, por eso no me echaban bromas.

La gente cree que yo estoy loco porque yo no me casé, ni tengo hijos ni náa. También porque me la paso diciendo cosas que a veces ni son mías “digo, de mi invento”…

Yo le digo a los muchachos zagaletones que no hay que burlarse de la naturaleza, eso es muy malo.

Cuando yo cuento lo que le pasó a Loreto Lizcano, por andá de vagamundo…

¿Saben? le peló el joyo al arcoiris y este le quemó las nalgas, la gente no lo cree y se burla…

Los arcoiris tienen una cabeza con cachos grandooootes como un guey…

En Paso Ral vieron uno que se chupó la quebrada crecida completica, son espíritus, ellos estilan el invierno, por eso, si no hay aguaceros, ellos mueren.

Yo no conozco a Italia, aunque he ido muchas veces pa’lla, por Italia la gente es tan grandota como yo, allá tu’abía quedan romanos y también gente buena que viene de esos laos; como el profesor Renato Agaglite, él es muy güeno, enseñó a la gente que un cuentero no es un loco…

Él dice que es un soñador que vive en la ingenuidad como yo.

Uno debe tener encanto y cuidarlo…

En Cuba yo conocí mucha gente bonita, yo fui pa’ya en un avión grandooote…

¿Recuerdan el cuento de la tapa de zinc?

Bueno algo parecido… pero allá ocurrió que yo perdí el encanto… Sucede que yo salí del hotel por ahí a echar mis cuentos y la gente en la calle me gritaba; ¡Caimán, una mentirita! Y yo, zuaazz, le decía una sin una garrita, para que no dijeran que era un mentiroso.

Ellos se reían mucho, igual que aquí, pero resulta que una muchacha muy bonita me pidió que le regalara mi sombrero, yo no tengo corazón pa’ negarme a eso, y se lo di…

Entonces ocurrió que se olvidaron todos los cuentos, se fueron en el sombrero…

Yo, después que me llevaron al hotel, comencé a llorar porque no sabía nada de mis cuentos, mis amigos al verme tan triste me regalaron otro sombrero parecido al que regalé… Y zuaazzz, comencé a recordar toiticos los cuentos, por eso es que uno debe cuidar el encanto.

Sanare tiene su encanto, es encantador… por eso yo soy músico, cuentero, ecologista, mentiroso y también poeta… Tengo el encanto de los duendes de Las Rositas… Lástima que no me casé pa’ dejarle la herencia de estas cosas a mi linda familia… Pero bueno, Dios sabe lo que hace, por eso me hizo “mamón macho”.

Después de todo uno no anda por el mundo pa’ que lo comprendan… ¿Qué sabe la gente de los asuntos del corazón, de la soledad, de la angustia, de la lluvia que cae y cae sin cesar?..

Sin embargo he aprendido a querer a todo el mundo.

Yo nunca estoy solo… sé hablar con los espíritus. Los lunes me visitan las ánimas del purgatorio, vienen al patio, por eso las alumbro con velitas, allí mismito donde está la cruz de palo…. En especial, el ánima de mi mamá, que como les dije se llama Marielena.

En el cementerio a las ánimas se les pone un vaso de agua y una lámpara; la lámpara para que ellas recen y el agua pa’que se junten en la frente y en las canillas que siempre las cargan ardientes con el sol.

¿Qué quién soy? Se los voy a contar:

dicen que hace mucho tiempo llegó a estas tierras un Caimán gigante que venía de los llanos; los indios que pa’ esa época vivían en esas cercanías, le tenían miedo al animal, por eso decidieron hablar con él y le dijeron:

—Epa Caimán, nosotros no te molestamos si tú no sales de la quebrada, y así fue por toda la vida; los indios y el Caimán vivieron en sana paz.

Pasaron más de cien inviernos y como todo en esta vida se acaba, el Caimán murió sin dejar cría, no ven que no trajo su caimancita de los llanos; entonces los indios que le habían cogido cariño al Caimán quemaron su cuerpo y los huesos los volvieron polvo, con ello hicieron un bebedizo y se lo tomaron como una chicha.

Una mujer que estaba preñada tomó polvo de los huesos del Caimán; por eso parió un niño grandote y buenmozo, pero que comía mucho, por eso tenía la quijá muy grande; a la mujer la regañaban las viejas diciéndole: —Ese muchacho es así de jartón porque tú bebiste hueso de Caimán triturado.

Bueno yo soy el hijo del tataranieto de él, por eso soy inteligente y guenmozo…

La gente, ay la gente, no respeta ni el sueño de las chicharras, contimás a mí.

Barquisimeto, Venezuela, septiembre del 2020.

El Autor

Arnaldo Guédez Pérez Nano. Venezuela, El Tocuyo 1963. Poeta, profesor universitario e historiador. Egresado del Instituto Pedagógico de Barquisimeto, mención Historia. Miembro del Centro de Historia Larense. Profesor de posgrado de la Universidad Lisandro Alvarado, de Barquisimeto. Hijo de campesinos iletrados. Trabajador cultural y promotor. Director del Centro de Cultura El Nido del Turpial.