Cuentos para leer en la casa | Sin Mily, mi perrita, las cosas ya no son igual que antes

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Antes de irme al colegio me asomo al corral. Solo me quedas tú gallinita. Mily debe estar en el cielo. Aún la extraño. Yo tengo nueve años, Mily tenía trece. Pero para mí era como una hermana menor.

Se lo dije a mamá. Extraño a Mily, pero no quiero otro perro.  Quizás más adelante…

Por eso, cuando llego del colegio, corro por el costado de mi casa para ir al patio de atrás y abrazar a Lanudita, mi gallina mascota, a quien tanto quiero. Solo, luego de tenerla un rato cargada, entro a la casa, dejo el bolso en mi cuarto y me lavo.

Algo pequeño y negro pasa volando frente a mí, casi lo tropiezo. Me dispongo a continuar y viene de regreso. “Pajarito de maribolé… que anda volando y nadie lo ve”, digo sin pensar.

Veo que se posa en el árbol de ficus que está frente a mi ventana. Son dos reinitas que van y vuelven con ramitas y pajitas, ¡están haciendo un nido!

Amanece con el canto de los pájaros. Los veo desde mi cama. Uno acomoda las ramitas y va dándole forma al nido. Me levanto. Ya mi mamá le está dando de comer a Lanudita y me dice que vaya a desayunar.

Voy a mirar los pajaritos en la ventana. El nido tiene un agujero, las reinitas se meten por él y desde el interior van construyendo un espacio.

Este año no habrá Navidad para mí. Siempre adornaba el árbol de ficus, pero este año no tengo ganas de celebrar. No tengo ánimo, no será lo mismo sin Mily. Anoche soñé con ella.

Alguien me pasó la bocina del teléfono y escuché su ladrido dos veces, fuerte y claro, era ella, yo le respondí: —“Mily, Mily, ¡bebé!”, y me desperté.

Hoy me tocó pintar mi cuarto, las lágrimas gotean sin poder contenerlas en todo el rato que llevo deslizando la brocha por la pared. Mi mamá dijo que decorara el interior. Lo intenté, pero al final tiré a la basura los adornos, los hilos brillantes, dorados y rojos, las bambalinas, todo.

La reinita hembra está empollando hace días. A través de la redonda abertura del nido vi su negra cabecita con dos bandas blancas sobre sus ojos que brillaban.

En el jardín hay muchos pájaros; apenas le cambio el agua a Lanudita, bajan. Los pájaros cantan afuera, son las reinitas. Me acerco a verlas. Antes no me fijaba mucho en ellas, todas parecen iguales, pero éstas tienen un nido frente a mi ventana. Ajá, mientras la hembra empolla, su pareja está en una cayena cercana.

Esta mañana (domingo) me despertaron los trinos de los pichones. Ya sus padres están de regreso trayéndoles alimento. Los veo asomar las cabezas. Son tres crías hermosas. Los dejo para terminar de levantarme. De pronto escucho un violento ruido de ramas y el trinar de los pichones.

¡No! Veo una sombra grande y descorro la cortina. Es una paraulata en pleno afán de destruir el nido. La espanto abriendo la ventana. Los padres vuelven, los pichones se asoman otra vez, los tres están bien. No puedo ser indiferente ni dejar todo a la naturaleza, los protegeré.

El nido está un poco estropeado pero las reinitas lo están arreglando.

En la tarde me acerco curiosa a ver qué hacen y… ¡Qué sorpresa!  El nido brillaba como un adorno navideño. Está todo decorado con hilos dorados y rojos brillantes, relumbrando al sol. ¡Lo han reparado usando los adornos que tiré! Los ojos se me llenan de lágrimas. Una de las reinitas se posó a un lado y me miró, y por primera vez entendí claramente lo que intentaba decirme.

Adorné el árbol sin molestarlas. Parecen haberse acostumbrado a mi presencia, puse algunos colgantes y cintas en las ramas que se agitan con el viento de Navidad. Pienso que Mily me ve en este momento y sonríe, está feliz de que no me sienta tan triste, seguro corre y juega feliz en el cielo, mientras yo cuido a Lanudita y a todos los animalitos que lo necesiten, recordándola siempre con cariño y alegría.

La Autora

Rachel Ortecho.  Lima, Perú, 1978. Viajó a Venezuela donde se graduó como ingeniera química en la Universidad de Carabobo, Venezuela. Premio compartido de Carta de una nieta a su abuela, 2012 y, de La Letra Voladora, por la Alcaldía de Naguanagua, estado Carabobo. Autora de El tiempo de la Araña. Facilitadora del taller Leer y Escribir Diferente, del Centro Nacional del Libro, Caracas, Venezuela. Facilitadora de talleres literarios en la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”.