LETRA VEGUERA | La lección de Barinas

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La declaración de Iris Varela  en entrevista televisiva con Pedro Carreño hace apenas unos días, y el artículo de Farruco publicado en el Correo del Orinoco el viernes pasado, «Arreaza y la moral de combate»,  hacen pensar que en Barinas no hubo simplemente una elección que merezca ser calificada como un suceso «regional», que dio lugar a la derrota del chavismo, como pudiera decirse de Cojedes, Zulia o Nueva Esparta.

Las oposiciones, camufladas en un conjunto difuso de siglas, desde AD hasta la extinta Bandera Roja con su lejano olor a naftalina, sirvieron de estuche para hacer llegar a su preciado destinatario ese regalo postnavideño dedicado a la mini monarquía sifrina que fue poco a poco ultrajando la capacidad del gobierno barinés de mantener en alto los valores chavistas: la responsabilidad y el carácter obedencial de dirigir los asuntos públicos con el pueblo.

«Más que un regalo de reyes, fue una especie de ‘Caracazo electoral’, me dijo un entrañable amigo de la infancia, con quien compartí momentos vitales al lado de Hugo Chávez.

No me parece que debamos pasar por alto que esa votación, que favoreció a Sergio Garrido, fue una metralleta disparando votos contra una estructura nepótica que, no sólo perdió la aguja en un pajar, sino que no tuvo tiempo humano de buscarla donde debía, mostrándose  impúdicamente en su extravío y en una lona de lucha libre para las riñas entre sí.

Es indispensable reconocer que, pintada con estos colores, la Barinas golpeada el 9 de enero se convierte en la punta de iceberg: sus efectos se potencian con la referencia simbólica, pero el escudo del bloqueo y la guerra endógena no son suficientes para blindar a los responsables políticos de esta batalla perdida y anunciada desde hace más de una década.

Es un ingrediente odioso, el nepótico y clánico; pero hay que decirlo sin prejuicios, sobre todo cuando hoy, soplan y resoplan los pronósticos y los augurios, con asideros formales o sin ellos, desde las gargantas de aquellos exministros de Chávez, desde los sarcófagos de la derecha opusdeica, desde los medios de comunicación colombianos y los ventrílocuos de Trump, de Biden, de Duque, de Borrell, de Pedro Sánchez; revolotea como una tara mortal, como una amenaza apocalíptica, el fantasma del referéndum  revocatorio; tara sobrevolando desde la entraña misma de la tierra de quien ideó ese recurso como un instrumento constitucional para profundizar y radicalizar el modelo de la democracia participativa, protagónica y corresponsable: las tres claves de lo que Chávez llamó el socialismo del siglo XXI.

Federico Ruiz Tirado