Cita con la actualidad | Nuramí Gutiérrez: El manejo de la pandemia ha sido impecable

0
Una poeta que no es poeta, una música con pasión, una doctora con vocación.

Do, re, y mi. Así, hasta Nuramí, en una mezcla musical, de poesía, comunismo, ciencia, desparpajo, feminismo y don de mando. Intentó, y quizá lo logre, desdibujando los tiempos, “controlar” la palabra. Cuando le respondió a Mercedes Chacín, o a Niedlinger Briceño, o a Teresa Ovalles, las palabras femeninas se llevaban los virus, ayudadas por los ventanales abiertos. La esquina de Gradillas de este milenio.

Le alegró saber que en la esquina, los policías dictan una charla a los que van sin tapabocas.

— ¿Qué hace el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel?

— El Instituto está adscrito al Ministerio de la Salud desde el año 1938, y fue creado para el diagnóstico de enfermedades transmisibles (enfermedades virales, bacterianes, micóticas), y para la producción de vacunas, pero nunca para tratar emergencias. El horario de trabajo era de siete de la mañana a una de la tarde, de lunes a viernes. Con la pandemia y la agresión imperial, que entre otras cosas, ha provocado que buena parte del talento humano se vaya del país, el Instituto quedó muy disminuido, con un grupo de hombres y mujeres que a pesar de los pesares y con una enorme vocación por el trabajo público, se quedaran en el Instituto atendiendo lo que siempre atendían. Comienzan a hacer las pruebas PCR. Dos o tres diarias. Con la pandemia, nosotros pasamos a procesar tres mil muestras diarias. Es un proceso complicado: primero, la muestra se inactiva, porque son virus altamente transmisibles, posteriormente se le extraen los ácidos nucleicos y verificas si tienen los genes del virus. Eso era manual. Imposible manejarlo así en pandemia. Gracias al convenio China-Venezuela que firma el presidente Chávez en el 2004, llegan unos equipamientos que nos permitieron automatizar. Cada robot (nos gusta llamarlos los robots chinos) puede hacer 192 extracciones cada dos horas. Tenemos tres, ese convenio permitió que dotáramos al Ivic con uno, al laboratorio de Guarenas con otro, al de Yaracuy con otro; permitió la creación de laboratorios regionales de alta calidad de biología molecular para atender cerca de la gente la necesidad de respuesta y de manera gratuita.

La tecnología disponible gracias al Comandante Chávez.

La doctora no hace pausas y se va para las fronteras, con los problemas que hay por allá, que tampoco es tan lejos, o se aleja si te vas en autobús y te paran 25 veces antes de volver a Caracas. “No tenemos laboratorio de biología molecular en la frontera. ¿Qué hago? Utilizo una unidad móvil, que el Gobierno Bolivariano adquirió en 2015; entonces lo trasladamos a Táchira y luego al estado Bolívar. Esas son cosas extraordinarias que en otros países no se han hecho. ¿Cómo es eso que toman las muestras en Amazonas, en Macanao, y llegan al Instituto Nacional de Higiene? Este gobierno creó un puente áereo. ¿Cuál país del mundo pudo disponer de una flota de aviones que recogiera las muestras de las regiones y las trajera a Caracas? La verdad verdadera es que esa es una respuesta, ante la pandemia, impecable. Y absolutamente gratuito”.

La pandemia da para más, con la experta. Maneja la estadística de memoria, la geografía la conjuga con poesía y el orgullo se dibuja en su rostro cuando habla de sus compañeras y compañeros de trabajo. “Vaya un reconocimiento muy importante a los hombres y mujeres que trabajan en el Instituto. Hay una vocación por lo público, ¿ven?, esas personas, haciendo exámenes de orina o de hematología en cualquier ´taguara´ de este país, estarían ganando mucho más dinero del que nosotros podemos pagar; sin embargo se han quedado. Pasaron de trabajar de siete de la mañana a una de la tarde a turnos de guardias de 24 horas. Recién en septiembre nos autorizaron a no trabajar en las noches. El manejo de la pandemia en Venezuela ha sido de una pulcritud absoluta. Hemos logrado, en medio de las peores medidas coercitivas unilaterales que ha venido sufriendo el pueblo venezolano, exhibir números que ningún otro país en las condiciones de nosotros puede mostrar.

Apenas superamos las 500 mil personas contagiadas; la letalidad está alrededor del 1 por ciento. Eso, en plena pandemia, con dificultades para adquirir medicamentos y vacunas e insumos imprescindibles para el tratamiento y la atención adecuada de las personas ha sido un éxito extraordinario del gobierno del presidente Nicolás Maduro, y con él participando de manera activa. Te pongo un ejemplo: cuando comenzó la pandemia, los asesores recomendaron que no se masificara el uso del tapaboca; uno, porque nos enseñaron que el uso es para el personal técnico y dos, que se iban a acabar muy rápido. Pero él dijo “todo el mundo con tapaboca”. Y no solo el pueblo venezolano respondió favorablemente, sino que la OMS autorizó el uso del tapaboca. El otro ejemplo es la aplicación del 7 por 7, voluntaria, no obligada. Cuando Francia implementó la cuarentena, tuvo que aplicar multas, hasta de mil euros. En Europa llegaron a tener 500 o 600 casos por cien mil habitantes; nosotros nunca llegamos a cien”.

Roberto Malaver, Luis Zárraga y este redactor hicimos preguntas inexactas; antier, Día de la Mujer, la doctora Nuramí Gutiérrez reconoció el manejo comercial de los “días de”, y la superioridad de la mujer. Caraqueñísima, narra con orgullo el origen de su nombre. “Son más los aciertos que los errores”, afirma entre sonrisas. Ante el comentario de la insensibilidad de la ciencia (números van y vienen, representando seres humanos), ella se yergue, serena. “Es un tema rudo: está la sensibilidad humana ante la atención de la persona enferma, desafortunadamente, eso termina siendo algo individual. Yo tengo una manera de vincularme con mis pacientes y es muy probable que la persona que se graduó conmigo, en la misma escuela, en la misma universidad, que tiene otro concepto y otra forma de ver la vida los trate de una manera distintísima. La actitud de solidaridad o de compasión ante la persona enferma varía individualmente. No hay otra forma de expresar resultados, se tiene que hacer en números. Nosotros preparamos el Poliedro para atender gente, y eso nos dio una capacidad extraordinaria. Los hoteles sanitarios, garantizando el aislamiento”. La doctora se pasea por el recuerdo de los cadáveres acumulados en ciudades de Italia, por ejemplo. “Suena frío, pero esos números hay que decirlos”.

— ¿Se ha afectado la salud mental de los venezolanos?

— La salud mental del planeta entero ha sido afectada por la pandemia; está documentado. Quienes hemos sido más responsables en cumplir el aislamiento, el confinamiento, en una pandemia que lleva más de dos años, la afectación mental y emocional de la gente es muy alta, sobre todo en pueblos tan sociables como nosotros, si no nos damos un abrazo y un beso creemos que es que están bravos con nosotros y ya no nos quieren. Somos gente de abrazos, necesitamos el contacto humano, la piel. Por eso es que hay que terminar de definir la nueva normalidad, porque no puede ser volver a lo que éramos antes. No puedo quitarme el tapabocas. ¿Cuáles son las actividades seguras que podemos hacer sin que nos enfermemos? La virtualidad hay que definirla. Encerrarse en una burbuja hace mucho daño para la salud mental de los niños, de los padres, de todos. Es la opinión científica internacional que la covid-19 debe irse convirtiendo en una endemia, que es lo que es, por ejemplo, la gripe. Ya sabemos que en un momento del año va a llegar con mayor o menor afectación, pero que no va a congestionar los hospitales, no va a impedir que la gente vaya a trabajar porque está enferma.

— Háblanos de tu infancia

Pero ella se va hasta la universidad, la UCV. “En la Escuela Vargas; saben que nosotros, históricamente, hemos tenido una pelea con la Razzetti: la ciencia está en la Vargas y deben respetarnos”.

La doctora sonríe de nuevo, y los recuerdos fluyen.

— Mi papá era periodista. Fue corresponsal de El Nacional mucho tiempo, y estuvimos en La Guaira, Barquisimeto. Mi pueblo es Caracas, nací en la parroquia El Recreo y he vivido en montones de sitios de esta ciudad.

Cuando me preguntan que por qué estudié Medicina yo digo que fue porque mi mamá adoraba a los médicos. Ella se derretía cuando veía a un médico ‘ay, el doctor noséquiencito’ ¡pues es lo que yo quiero ser cuando sea grande! Que la gente me viera así”.

Y apareció el doctor José Gregorio Hernández: “Las que somos marxistas de formación, tenemos una relación particular con las religiones, ¿no?, y con los santos…y cuando se envejece, se va cambiando…a lo mejor sí existe, y tal.”

Ya viene la referencia al santo, pero el contexto de la infancia, a todas aquellas personas que visitan los siete templos en Semana Santa, pudiera interesarles. Su mamá, comunista, la dejó con la tía. Su única tía. Ella, que había oído que los comunistas comían niños, entró al primer templo, sencillamente, aterrada. “Es que Dios sabe que yo soy comunista. Me va a caer un rayo y me voy a morir ahí en esa iglesia. ¿Por qué mi tía me hará esto?. Y entré agarradita de la mano y nos sentamos. Y no pasó nada. Otro engaño más que me hicieron”.

José Gregorio, el doctor, también es de la Vargas. El hospital Vargas, construido en 1881 igual a un hospital parisino, sufre de esa vocación individual a la que se refería la doctora. Como el de Coche, o el de Los Magallanes de Catia. Pero el santo está muy ocupado, en verdad. “Si algo tiene José Gregorio Hernández de diferente, de reconocible, de extraordinario, es que en su momento, él tenía la vocación por lo público. Ese hombre nunca se favoreció económicamente por atender a sus pacientes. Siempre tuvo la actitud de que su profesión estaba al servicio de la gente. No importaba si la gente podía o no pagar. Esa compasión, esa solidaridad, ese amor por el prójimo. Si yo tengo un conocimiento, ¿cómo no te lo voy a dar? Un tipo con una vocación extraordinaria por la patria”.
Viajera frecuente, no puede estar mucho tiempo fuera porque le empieza a dar la “piquiña”.

— Aparte de la Medicina, ¿qué otra actividad te gusta?

— Mira, yo soy música. Durante toda mi carrera en la UCV, fui de la Estudiantina Universitaria, la primera mandolina. La música es pasión; como vengo de un hogar de comunistas, estuve vinculada con los poetas, los cultores, tanto, que cuando fui a hacer mi rural, en el estado Anzoátegui, me dijeron: ‘vaya y busque a Gustavo Pereira y a Gladys Meneses, las fichas del Partido Comunista. Yo tenía 23 años y conocía a esa gente que, además, conocía a mi papá, y el aprendizaje fue una cosa muy importante que marcó mi vida. Pareciera que soy poeta, pero no soy poeta nada; soy amiga de los poetas, me sé los poemas y los recito: nadie recita a Gustavo Pereira como yo”.

Y a la doctora le pasaron un teléfono con textos de Pereira. “Yo era una médica normalita, con ejercicio profesional de la ginecología en privado y en público hasta que ganó Chávez. Hasta que por primera vez nos hizo unir, a la izquierda. Es un logro que nunca nadie había tenido”. Y más anécdotas con el poeta Pereira, hasta que le recuerdan la poesía. Agarra el teléfono, lee con pasión y en la redacción entra la brisa.

Biografía Mínima

La doctora Nuramí Gutiérrez tiene una hija y un hijo. Ella, médica internistay él, cocinero. También tiene “la dicha” de una nieta y un nieto. “Dicen que se me da el casar”. Su nombre, que suena a do, re, mi, viene de un drama en tres actos, de José Antonio Rial, el español. “Se llama Nuramí, con i latina y acento en la i, pero cuando me fueron a registrar me pusieron la y griega, y una vez en un acto con el presidente Chávez, él le puso la tilde sobre la y, y yo atesoré ese papel”.

Habló de la Asociación de Escritores, que ahora es una iglesia evangélica. Su familia está en el exterior. Clarísima de lo que quería hacer en la vida, estudió Medicina y, en esa época, no era prioridad para las becas Gran Mariscal de Ayacucho. Su madre regresó a Venezuela para “apoyar la Revolución”, cuando ganó el presidente Chávez. Su usuario en la red “social” Twitter es @mejokoji69, y nos mantiene informados de Europa y China. Maneja claramente el conflicto Rusia-Ucrania, y la risa la acompaña siempre. Cuando se dice la palabra amigo y Sobre salvajes son los poemas que nos recitó. Gustavo Pereira estuvo ahí, en Gradillas.

CIUDAD CCS / GUSTAVO MÉRIDA / FOTOS: BERNARDO SUÁREZ / AMÉRICO MORILLO