Perfil | Adiós a la discreta presencia de Nancy Colmenares

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lla fue la expresión más acabada de la discreción en el indiscreto mundo de la política y sus alrededores. Nancy Colmenares fue la primera esposa del Comandante Hugo Chávez, un hombre que ingresó a la historia nacional y mundial con la fuerza de un huracán, pero ella se las arregló casi siempre para permanecer en el anonimato.

La madre de las dos hijas mayores de Chávez (Rosa Virginia y María Gabriela) y del también enigmático Hugo, acaba de fallecer del mismo modo como vivió: sin estridencias, lejos de las luminarias de lo público.

Quienes guardan remembranzas de los tiempos posteriores al 4 de febrero de 1992 dictaminan que ese afán de mantenerse a prudente distancia no la caracterizó durante la etapa de la lucha por la libertad de los oficiales comprometidos en la insurrección. Por el contrario, fue figura destacada en las gestiones.

Adela Leal, reportera política de aquellos trepidantes tiempos, recuerda que “ella lideró junto con la esposa de Arias Cárdenas, Gladys, y familiares de los otros encarcelados, una campaña pública por la libertad o liberación, como se dice ahora, de los militares presos que participaron en la rebelión del 4F del 92”.

Leal comenta que Nancy Colmenares era la más conocida del grupo de familiares por ser la esposa del líder de la asonada. “Una vez fueron al Congreso Nacional, como se llamaba entonces el Poder Legislativo, y nos sorprendieron a los periodistas que cubríamos la fuente con la noticia de que habían constituido un comité de familiares –relata–. Muchos de los reporteros simpatizamos con el grupo porque su causa nos parecía justa, y les recomendamos que visitaran los medios de comunicación, aunque dudábamos que los recibieran porque sabíamos muy bien cómo era la actitud hacia ellos en la época: de rechazo, les decían ‘los golpistas”.

Algunos de los comunicadores les recomendaron que mantuvieran la campaña, que no dejaran que el tema se olvidara, porque esa era una forma de preservar la seguridad e integridad de los oficiales y soldados. “Los familiares nos agradecieron ese consejo”, asegura Leal.

Los insurrectos fueron liberados en 1994, como una de las primeras acciones del nuevo presidente, Rafael Caldera. Pero ya, para ese momento, Nancy Colmenares había pasado a ese segundo plano que jamás abandonaría.

El matrimonio Chávez-Colmenares había sucumbido en el trance de aquellos años vertiginosos, solo que, para decepción de la prensa sensacionalista, la exesposa no alimentó escándalos ni hizo del acontecimiento una telenovela.

Cuando el líder bolivariano asumió la ruta electoral, en 1997, ya tenía una nueva pareja: Marisabel Rodríguez, quien sí alcanzó un elevado perfil mediático durante los primeros años de gestión e, incluso, en el proceso de separación que se hizo oficial en 2002.

Mientras tanto, Nancy Colmenares siguió siendo un misterio. Ni siquiera alguien como el periodista Martín Pacheco, que fue hombre de absoluta confianza de Chávez, llegó a conocerla. “La vi en varias oportunidades, pero solo un saludo afectuoso. Nunca hubo otro tipo de relación –dice–. El presidente era muy discreto sobre el tema y Nancy estaba siempre excesivamente de bajo perfil. Creo que es un caso único. Nunca se le relacionó con nada del Gobierno”.

Una experimentada reportera de Miraflores, María Lilibeth Da Corte, reconoció su desinformación al respecto. “De verdad nunca la vi ni oí nada de ella, salvo lo que Chávez comentaba en sus discursos. Solo la vi en fotos cuando Chávez enfermó. Si no me equivoco salió en algunas cuando estaban en Cuba”.

Las menciones de Chávez siempre fueron afectuosas. Hablaba de ella como “la Negra Nancy” y recordaba lo doloroso que fue dejarla sola al emprender la rebelión, cuando los tres hijos eran aún pequeños.

Las turbulencias de Nancy habían comenzado mucho antes del 4F, según confidencias a Ignacio Ramonet, que aparecen en el libro Hugo Chávez, mi primera vida. En esas conversaciones, el Comandante explicó que luego de egresar de la Academia Militar, estuvo en Barinas entre 1975 y 1977, pero ese año lo mandaron a Oriente, para enfrentar un rebrote guerrillero. Confesó que ese traslado lo afectó profundamente porque “en Barinas se quedaba Nancy, mi amor… regresé luego de un mes, de permiso, y estábamos desesperados Nancy y yo. Decidí ir a su casa y hablar con la mamá para pedirle permiso de llevármela”.

Y aunque el Comandante siempre quiso mucho a su primera suegra, Rosa Luciani de Colmenares, ese día ardió Troya. “Yo estaba rompiendo todos los códigos. Era un rebelde hasta en eso: tuve la osadía de ir a pedir a Nancy, no para el matrimonio, sino para llevármela. La mamá se puso a llorar, Nancy quería irse conmigo, y su hermano, Carlitos, se molestó, tuvimos un cruce duro de palabras. Llamaron al hermano mayor, que estaba de acuerdo porque ‘Hugo es responsable, va a responder por la muchacha’. Yo les garanticé que Nancy seguiría estudiando. Consultaron también a la hermana, Miriam, que en paz descanse. ‘Ellos se quieren’, dijo. Llamaron al papá, don Darío Colmenares, que trabajaba en la lucha contra la malaria… En fin, que me llevé a la muchacha, me llevé a mi mujer, pues”.

Elena Frías, la madre de Chávez, no estaba de acuerdo con el apresurado arrejunte, pero “tuvo que entender que cuando el amor toca la puerta…”. El papá se pronunció a favor, tanto que hasta aceptó que intercambiaran los carros. Hugo de los Reyes le entregó un Dodge Dart, más apropiado para andar en viajes largos por carretera; y Hugo Rafael le dejó su Volkswagen escarabajo rojo con rines de magnesio. “Nancy y yo estábamos muy enamorados y para Cumaná nos fuimos a comenzar una nueva etapa de mi vida”, resumió.
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Un amor rural

Federico Ruiz Tirado, un amigo del Comandante desde los años mozos, conoció a Nancy Colmenares cuando era novia del futuro presidente. “El de ellos fue un amor muy rural, muy romántico, lleno de poesía de Neruda y de canciones de Leo Dan y Leonardo Fabio”, cuenta.

Luego del matrimonio, no se vieron tan a menudo, pero Ruiz Tirado recuerda un momento estelar: el 18 de mayo de 1978, en Maracay. “Hugo era teniente y ese día fue el primer encuentro con Alfredo Maneiro, que mi hermano Wladimir y yo propiciamos”.

Este episodio, histórico y a la vez familiar y jocoso, quedó bautizado como “La noche de las tajadas frías”. Recuerda que Nancy no participó en la conversación política, pero andaba muy preocupada porque en el lugar casi no había comida. Terminaron resolviendo con unas tajadas con pasta.

“Ella no fue una figura pública, pero nunca dejó de estar en la boca de Hugo. Yo creo que la decisión de mantenerse de bajo perfil fue de ambos, motivada por la edad que tenían entonces los carajitos. Además, esa era su personalidad: era una mujer muy tímida, callada”.

Ruiz Tirado afirma que la exesposa estuvo muy pendiente del Comandante cuando él se enfermó. Y por eso asegura, de manera firme, que es falsa una presunta carta de ella que fue puesta a circular después del fallecimiento de Chávez. “La escribió un tipo, pero no recuerdo el nombre. Es terrible, escatológica, muy mala. Eso no lo escribió ella”.

Clodovaldo Hernández