libroslibres | Laurencio Zambrano, la fiesta de la poesía

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Siempre he estado lejos de dedicar notas luctuosas a amigos o escritores recientemente fallecidos; pero a veces no tenemos otra salida que tratar de atrapar la memoria de nuestros amigos mediante la palabra escrita, aun sabiendo lo inevitable de la muerte y la precaria realidad médica de hoy, frente a enfermedades pandémicas o crónicas que aquejan a nuestro pueblo; muchos amigos y familiares han fallecido sin que se les prestara una ayuda médica oportuna, debido a la insensibilidad de tantas instituciones médicas, ahora monetizadas, y a la indolencia de muchas autoridades políticas que olvidan sus compromisos con el colectivo.

Pero no voy a hablar de eso ahora. Voy a hablar de una fiesta, la fiesta de la poesía y de la música que recientemente viví en Barinas en la cercanía de tantos amigos queridos de esa hermosa ciudad, donde destaca el poeta y trovador Laurencio Zambrano, a quien no veía desde hace años. Lo conocía de toda la vida en sucesivos encuentros en Caracas, Mérida, Barinas y todo el país, pues Laurencio era un espíritu trashumante que había vivido en Chile, Argentina, Colombia, y en diversos países europeos desempeñando diversos trabajos y oficios: obrero, panadero, cocinero, artesano, agricultor, carpintero, escultor, constructor, diseñador, curandero y sobre todo cantor, compositor y poeta. Todo ello lo hacía con una magia personal que se derramaba luego en páginas escritas, lecturas, recitales, eventos adonde comparecía Laurencio con su poderosa voz de trovador, interpretando baladas, tangos, boleros, milongas, chacareras. Cuando lo hacía parecía llevar en la sangre un torrente, todo el espíritu contestatario de América; una gran fuerza interior se manifestaba en sus canciones impregnadas de anécdotas, bromas y chistes picantes, porque la alegría y el corazón de Laurencio lo inundaban todo: bares, casas, patios, plazas. Era un tronar de risotadas cariñosas, cuentos de camino, vuelos líricos sublimes que podían tener rasgos de odas, canciones, baladas, textos épicos, y todo ello salpicado de un magnifico humor y simpatía.

El pasado diciembre lo visité en su casa de Barinas, que había diseñado él mismo, donde tenía pensado asentarse a vivir definitivamente con Leida Ricoveri su compañera. Allí nos recibieron ambos con platillos deliciosos y cafés. Se hallaba aquejado de varios males y debía someterse a tratamientos rigurosos y operaciones urgentes, pospuestas una y otra vez, y aun así sacaba fuerzas para cantar, celebrar, reír, cocinar. Me mostró por esos días el texto de una novela que ya tenía adelantada. Me animó a buscar una casa cerca de la suya allá en Barinas para hacer proyectos poéticos, y me contagió de su entusiasmo, de la fuerza volcánica de su espíritu bohemio. A todos nos daba ánimos, ofreciéndonos los mejores elixires del existir. Un abrazo, hermano, te voy a extrañar. Me quedan tu poesía y tu recuerdo festivo, siempre luminosos.

CIUDAD CCS / GABRIEL JIMENEZ EMÁN