Caracas Ciudad Caribe | El café en Caracas

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La introducción del café en Caracas

Desde el siglo XVIII en nuestro país, el fruto del cafeto hace presencia en Venezuela. Los misioneros iniciaron este cultivo hacia 1730-1732, en Guayana, y en el caso de Caracas hacia 1783-1784 se vieron inundadas las laderas de Chacao con la siembra de este arbusto, siendo célebre su siembra en las estancias de Blandín (hoy Country Club) y en la Floresta. A partir de entonces, esta bebida tuvo éxito en el gusto de la población, y sin lugar a duda llegó para quedarse.

El café se expande en la economía

El café, desde su aparición, resultó ser un rubro agrícola económicamente apetecible para la metrópoli española, debido a su fácil plantación: se puede sembrar en laderas u otros terrenos, la simplicidad en el riego, bajos costos para su cosecha, razones por las cuales llegó a alcanzar en ganancias –en lo que respecta a la producción con fines de exportación– al algodón, cacao, añil, tabaco y cuero, entre otros productos. Es por esto que se adoptan rigurosas medidas para monopolizar el cultivo, la producción y comercialización, por tanto había que atacar el comercio foráneo –se gastaba en importación de rubros que se podían cultivar en las llamadas posesiones americanas de la Corona y así ahorrar costos– y el comercio clandestino, el que se daba por personas independientes y que tampoco era bien visto. En 1789 se autorizaba la exportación de café sin pagar derechos, se permitió la importación de molinos de café, entre otras resoluciones que permitían flexibilizar las restricciones para fomentar su cultivo en la región.

Dado el auge en la producción, los hacendados –que compran fincas con plantaciones de café, así lo hizo Don Juan Miguel de Echezuría en 1799 con la llamada Anauco Arriba– y comerciantes se interesan en las ganancias que pueden percibir, es así como crece el interés por el grano oscuro. La centralización en el manejo del café la llevaría a cabo la Compañía Guipuzcoana (1728-1785), empresa comercial constituida por la corona para manejar la mercantilización de los productos a la cual se le otorgan los derechos de exportación del grano, por tal motivo hacendados y comerciantes ven amenazadas sus ganancias.

La compañía se encargó de la exportación del rubro en cuestión, ya que se había convertido en generador de altos ingresos y había que mantenerlo protegido. Las autoridades españolas propiciaron el cultivo del café en la región, flexibilizando las condiciones para que la producción se acrecentara y a su vez encargarse de administrarla para su beneficio absoluto.

Es importante señalar que las cifras en aumento, tanto en la producción como en la exportación, que tuvo el café en las postrimerías del siglo XVIII, coinciden con el declive y desarticulación de la Compañía Guipuzcoana.

Con sus altos y bajos

Desde su establecimiento como producto de exportación, el café se ha mantenido presente en la economía nacional con todo y los conflictos bélicos nacionales como internacionales, llegando a estar en primer lugar como producto comercial con respecto al cacao, estando en ocasiones a la par o por encima de éste, sin querer decir con esto que fue desplazado. Con el establecimiento de las Casas Comerciales extranjeras –sin olvidar las criollas– de la segunda mitad del siglo XIX, encargadas de la comercialización de los principales productos agrícolas exportables del país, el café tuvo su papel preponderante.

La inserción de los estados andinos aproximadamente en la segunda mitad del siglo XIX fue de gran impacto económico, ya que aumentó el promedio de exportación debido a las condiciones aptas en cuanto a tierras para su cultivo, así como también un clima propicio y numerosa mano de obra.

Café por siempre

Sea cual sea su lugar como producto de exportación, el café seguirá siendo un producto por excelencia en el gusto de la población, ya sea por su característico aroma o por su exquisito sabor, su presencia en cualquier ocasión no pasa por alto en el deguste caraqueño. Para el venezolano en general, la mañana comienza con una buena taza de café, y luego ameniza sus conversaciones ocasionales, o de descanso en la oficina con un vasito de esta exquisita bebida.

Ninoska C. Arcila Natera*

*Licenciada en Historia. Investigadora en el Despacho del Cronista de Caracas.