Cita con la actualidad | Vladimir Sosa Sarabia: Nos debemos al cine como depositario de nuestra memoria e identidad

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El presidente de la Fundación Cinemateca Nacional se ha paseado por cargos importantes en favor de la cultura y la enseñanza de los jóvenes.

La Fundación Cinemateca Nacional cumplió 56 años y continúa en el camino de reflejar al venezolano gracias al séptimo arte Texto Emmanuel Chaparro Rodríguez | Fotos Javier Campos

El presidente de la Fundación Cinemateca Nacional, Vladimir Sosa, ha tenido una vasta experiencia en radio, televisión, así como en el ámbito cinematográfico y musical.

Es un melómano de diversos géneros y se preocupa por indagar en detalles esenciales para comprender la variedad de sonoridades caribeñas que cautivan al pueblo.

Ahora está al frente de una institución que recientemente cumplió 56 años de haber sido fundada por la cineasta Margot Benacerraf y que asume con compromiso y disposición los desafíos a los que se enfrenta Venezuela por preservar la memoria a través de un arte como el cine, que permite explorar las emociones del ser humano y contribuye al entretenimiento y el intercambio de saberes, una razón para compartir en familia.

En esta entrevista de Cita con la Actualidad estuvieron presentes por la Fundación para la Comunicación CCS, Mercedes Chacín; acompañada de la jefa de información del semanario, Niedlinger Briceño, y el asesor editorial Gustavo Mérida, quien aprovechó la ocasión para realizar preguntas pertinentes en torno a temas de interés para el público y que maneja con solvencia el entrevistado.

— ¿Cuáles son las metas que la Cinemateca Nacional aspira lograr en este 2022?
— Hay que habituar otra vez a la gente a ir al cine, que pierda un poco ese temor. Para nosotros eso es muy importante, porque el mundo está debatiendo la existencia y el uso de las salas de cine. Estamos convencidos de que son un espacio para la cultura cinematográfica, quizás no a nivel comercial, pero seguirán existiendo y las cinematecas del mundo tienen que marcar la dirección. Por el otro lado, hay que colocar el archivo fílmico, audiovisual y el Centro de Documentación al servicio de los investigadores.

Yo siento que la Cinemateca durante muchos años ha sido un espacio claustro, donde la gente no accede y a los investigadores les resulta difícil acceder y creo que el patrimonio fílmico y audiovisual hay que ponerlo en uso, no solo para el usuario de la sala o cinéfilos sino también para los investigadores y estudiantes.

Puertas adentro, hay que darle el perfil de institución patrimonial a la Cinemateca Nacional. No nos debemos solamente al ámbito cinematográfico sino al cine como depositario de nuestra memoria e identidad, esas son las direcciones en las que habría que caminar en este 2022.

— Como institución encargada del cine, ¿qué aprendieron durante el inicio de la pandemia en el 2020 y frente a sanciones económicas?
— Fundamentalmente nos confrontamos con un hecho real: que el histórico cine venezolano todavía no está en formatos actuales. Es muy poco el material modificado a un soporte digital, tenemos seguramente 50 años de atraso en ese sentido, porque el formato fotoquímico –como todos veían cine hasta hace 20 años– en algún momento con la televisión empezó a ser transferido a video, y a partir de allí era más fácil tener un soporte digital. Nosotros no cumplimos con ese paso intermedio y eso, además, nos demostró que el cine venezolano no estuvo nunca en los canales de televisión. Hacer una transferencia a los soportes o formatos actuales nos obliga a un trabajo triple de lo que significaría haber tenido todo nuestro cine en videotape.

Eso es dramático, implica un esfuerzo tecnológico y una inversión importantísima, porque es necesario que se sepa, que hacer la transferencia de una película del soporte fotoquímico a digital no es tan sencillo como incorporarla a la computadora, hay que ir a un proceso de postproducción de imagen y sonido, pueden ser 3 o 4 meses de trabajo dedicados a una sola película.

— En ese archivo fílmico, ¿hay películas que pueden soportar esa transformación al formato digital?
— Sí, el archivo fílmico ha sido cuidadoso en ese aspecto, allí hay películas de las que se evita su uso, precisamente esperando ese proceso de digitalización, no tiene sentido tener una película en fotoquímico y pasarla constantemente por un proyector porque llega un momento en que pudiera romperse o quemarse y era la única. Hay copias de uso, negativos de imagen y sonido, un largometraje es en promedio 5 o 6 latas de películas, eso implica que para hacer el proceso eficiente y pulcro de digitalización hacen falta las 15 latas de una película. Es un tema de mucho detalle, cuidado, la tecnología no es nada más la máquina sino también quien tenga experiencia y la sepa operar; restaurar una película significa saber cuáles eran sus colores originales, puede degradarse o perder nitidez, el proceso de restauración es tratar de volver a esos colores iniciales y eso prácticamente es un trabajo de antropología visual.

Nuestro cine tiene mucho que contar, hay muy poca investigación sobre la historia del cine venezolano, uno revisa la cantidad de bibliografía que hay y se compara con la de otros países y nosotros estamos por debajo.

— ¿La Cinemateca Nacional va a publicar una colección de la historia del Cine Venezolano?
— Sí, lo estamos haciendo, entre la razón de ser de la Cinemateca se encuentra la publicación; en este momento reactivamos los Cuadernos de Cineastas Venezolanos, hay uno que está por estrenar y otro en revisión, se ha publicado la filmografía venezolana en cuartro tomos: 1897-1933, 1933 a 1953, 1953 a 1973, y este último ya está listo para salir a la luz pública y ponernos al día.

Estamos iniciando el proceso de investigación de la filmografía venezolana del 2000 hasta el 2020, está en revisión un Cuaderno de Cineastas que trata de Amábilis Cordero, uno de los pioneros del cine venezolano, en estética también y de los primeros que hacen un cine parecido a nosotros.

Había una investigación por allí sobre el tema y logramos acceder a ella, hicimos algunos aportes y consideramos que debía hacerse un cuaderno sobre él.

El país entero tiene una deuda con este cineasta, su película Los milagros de la Divina Pastora es un clásico de nuestro cine.

— ¿Ha variado la temática del cine venezolano en los últimos años?
— Ha variado y en 20 años se ha abierto a otras historias, lo que hace falta es hacer películas, yo les digo a mis estudiantes que tras una película buena se hicieron muchas películas malas, hay personas que hablan de la industria del cine nacional y eso no existe, hay que construirla; para que eso suceda y sea una realidad sustentable se deben hacer películas, con el apoyo de todos. Se sabe que el Estado tiene que impulsar esos avances pero también es importante que la empresa privada se sume y las universidades.

— Se estima que en este año se proyectarán 15 películas venezolanas, ¿qué va a encontrar el pueblo venezolano cuando tenga la oportunidad de asistir a las salas de cine?
— Se va a encontrar con la mirada de unos cineastas sobre nosotros y otras historias, muchas de esas películas fueron hechas antes de la pandemia y se pospuso su estreno en el 2020; otras se hicieron dentro de la misma, lo que constituye un logro. El cine venezolano no se detuvo, lo interesante es que hay de todo: terror, comedia, romance, drama social, acción.

Ha habido una diversidad de temas, yo no diría que de género, porque es muy del cine comercial y el de nosotros es más autoral, esto no quiere decir que hayan dos o tres que sean o que intenten ser comerciales.

— Se ha estigmatizado al cine venezolano en cuanto a tratar particularmente la delincuencia, como si fuera el protagonista absoluto…
— Eso tiene que ver con una época que ocupa los años 70, 80 y a mediados de los 90 para acá dejó de ser así.
Tiene esos temas como otros más, si en algún momento intentaron estigmatizar al cine venezolano para alejarlo de la audiencia y seguir consumiendo material de Hollywood, habría que investigarlo desde un punto de vista sociológico.
Por ejemplo, Rápidos y Furiosos es una película “exitosa” a nivel taquillero y trata sobre unos delincuentes y más groseros que las películas venezolanas, lo que pasa es que suavizan las traducciones y el que entiende el idioma inglés se dará cuenta que algunas palabras incluidas en los subtítulos no corresponden a su significado.

— ¿La Cinemateca ha estudiado la posibilidad de que el público pudiera acceder a su página como plataforma para descargar las películas venezolanas sin irrumpir en los derechos de los cineastas?
— Habría que ponerse de acuerdo con los cineastas, resolver el tema de los derechos de autor, patrimoniales y explotación, que siempre está mediado por una transacción comercial, porque el cine apunta a ser una industria.

La Cinemateca estará al servicio de todos los investigadores y estudiantes.

Vladimir más allá de la Cinemateca

Con una experiencia polifacética de 20 años en radio, televisión y cine, Vladimir Sosa ha sido productor sin la intención de incursionar en el área de director.

Se ha especializado en diseños, así como la producción de programas de tema cultural.

“Yo nací en Caracas, estudié en la Unidad Educativa Gran Colombia toda la vida, desde que me puse la franela roja hasta que me rayaron la camisa beige. Hasta un momento decían que era el liceo más grande del país.

Cuando me gradué en el liceo quería estudiar cine y no había dónde, la opción era en la Universidad de Los Andes (ULA) y estudiar Arte en la Universidad Central de Venezuela (UCV), pero allí no se forma para hacer cine y también estaba la Escuela de Cine y Televisión, aunque era un curso largo.

Coqueteé con la arquitectura, llegué al diseño gráfico y me gradué. Como diseñador siempre busqué trabajar en medios televisivos; hice pasantías en el Centro Audiovisual de la Universidad Nacional Abierta (UNA), trabajé en Radio Caracas Televisión (RCTV) y me fui de allí en 2002, a raíz del golpe de Estado.

Participaba en la fundación de Catia TV y en el 2003 empecé a hacer radio en la extinta Radio Alternativa de Caracas, que quedaba en Parque Central; estuve en cine y radio por igual”, expresó.

En ese periplo, Sosa se sintió atraído por la música afrobrasileña sin limitarse a la samba y desarrolló una melomanía por una diversidad de géneros caribeños, al mismo tiempo que incrementaba su gusto por el cine.

“Nunca tuve la atracción por ningún instrumento, solo escuchar la música, bailarla, y con el cine. Me cautivaba la imagen, yo creo que todo lo que hago en mi vida tiene que ver con lo visual y lo sonoro”.

— ¿Qué película marcó tu vida?
— La primera película que recuerdo haber visto fue Robin Hood de Disney, en la Cinemateca Nacional, en los domingos infantiles a las 11:00 de la mañana. Yo tenía 9 años, vivía en La Candelaria y mi mamá me llevaba caminando hasta allá, ese recuerdo lo atesoro con mucho cariño.

Luego tuve una relación constante con el cine durante la adolescencia y empecé a salir solo y mirar películas que mi mamá no me hubiese dejado ver nunca; yo no disfruto el ritual del cine sino solamente el hecho de ir.

Estando en la universidad recuerdo que me jubilaba para ir a la Cinemateca o a la sala de La Previsora y vi los clásicos, como Underground, de Emir Kusturica, que me voló las tapas; Fahrenheit 451, de François Truffaut, y El Padrino, de Francis Ford Coppola, no lo vi en el televisor sino en la sala de la Cinemateca y quedé impactado.

Después, en el camino, me atrapó la investigación en torno al cine, la cultura cinematográfica, más allá de la película en sí misma, los procesos tecnológicos, comerciales, cómo se desarrolló.

— ¿Practicaste algún deporte?
— Yo jugué fútbol sala, en aquella época se le llamaba futbolito, también voleibol. Cuando estaba en el liceo fui capoeirista, de la primera camada en el país a finales de los años 90, y he recibido coñazos, pero también los he dado.
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56 años de filmación al pueblo

La directora y productora de cine venezolana Margot Benacerraf fundó la Cinemateca Nacional de Venezuela el 4 de mayo de 1966.

La película Barbarroja (1965), de Akira Kurosawa, se proyectó el día de su inauguración y desde aquel momento esta institución se ocupa de presentar al público clásicos de la cinematografía venezolana y mundial, además de enseñar a las nuevas generaciones mediante foros y talleres dictados por profesionales de amplia trayectoria que abarcan directores, guionistas, técnicos, entre otros.

El rango de fundación, la adquirió la Cinemateca en 1990 por el Gobierno Nacional de la época, y es allí cuando amplía sus actividades enmarcadas en la enseñanza, producción de catálogos de videos, publicaciones, etc.

Actualmente, dispone de dos salas de exhibición: una en las instalaciones del Museo de Bellas Artes, y la otra en el edificio del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), ubicado en Altamira.

Cuenta con la Red Nacional de Salas Regionales, ubicadas en diversas ciudades del país como Barcelona, Barquisimeto, Calabozo, Cumaná, Guanare, Maracay, Maracaibo, Pampatar, Puerto Ayacucho, San Carlos, San Felipe, San Fernando de Apure, Valera y San Cristóbal.
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*BiografíaMínima

Vladimir Sosa Sarabia (1973)

Tiene más de 20 años de experiencia en el mundo audiovisual (cine, radio y tv) y la gestión cultural, llegando a fusionar ambos ámbitos. Ha participado en la creación de canales de televisión, radios e instituciones culturales del sector público y privado.

Su especialidad es el diseño y la producción de formatos televisivos y radiales para temas culturales.

Es profesor de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), fue director de la Biblioteca Nacional de Venezuela, columnista en el semanario Todas Adentro del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, presidente de Ávila TV y director general de Imagen y Promociones en Telesur.