Cuentos para leer en casa | El obstáculo

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Por el sendero misterioso, recamado en sus bordes de exquisitas plantas en flor y alumbrado blandamente por los fulgores de la tarde, iba ella, vestida de verde pálido, verde caña, con suaves reflejos de plata, que sentaba incomparablemente a su delicada y extraña belleza rubia.

Volvió los ojos, me miró larga y hondamente y me hizo con la diestra signo de que la siguiera.

Eché a andar con paso anhelado; pero de entre los árboles de un soto espeso surgió un hombre joven, de facciones duras, de ojos acerados, de labios imperiosos.

—No pasarás –me dijo, y puesto en medio del sendero abrió los brazos en cruz.

—Sí pasaré –respondile resueltamente y avancé; pero al llegar a él vi que permanecía inmóvil y torvo.

—¡Abre camino! –exclamé.

No respondió.

Entonces, impaciente, le empujé con fuerza. No se movió.

Lleno de cólera al pensar que la Amada se alejaba, agachando la cabeza embestí a aquel hombre con vigor acrecido por la desesperación; mas él se puso en guardia y, con un golpe certero, me echó a rodar a tres metros de distancia.

Me levanté maltrecho y con más furia aún volví al ataque dos, tres, cuatro veces; pero el hombre aquel, cuya apariencia no era de Hércules, pero cuya fuerza sí era brutal, arrojome siempre por tierra, hasta que al fin, molido, deshecho, no pude levantarme.

¡Ella, en tanto, se perdía para siempre!

Aquella mirada reanimó mi esfuerzo e intenté aún agredir a aquel hombre obstinado e impasible, de ojos de acero; pero él me miró a su vez de tal suerte, que me sentí desarmado e impotente.

Entonces una voz interior me dijo:

—¡Todo es inútil; nunca podrás vencerle!

Y comprendí que aquel hombre era mi Destino.

 

FIN
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Amado Nervo

(México, 1870- Montevideo, 1919)

Su obra es modernista, preocupada por el existencialismo vital y marcadamente religiosa con rasgos místicos. Fundó, junto a Manuel Gutiérrez Nájera, la revista Azul. En el año 1895 publicó su primer libro, una novela titulada El Bachiller, a la que siguieron volúmenes poéticos como Perlas negras (1898) y Místicas (1898). En el año 1900 se trasladó como corresponsal de El Imparcial a París, la capital cultural mundial por aquella época, en donde además se estaba celebrando la Exposición Universal. La muerte de su compañera sentimental le inspiró una de sus obras más famosas, La amada inmóvil (publicado póstumamente en 1922). En 1902, Nervo regresó a su país para escribir en La Revista Moderna que había fundado junto a Jesús E. Valenzuela. Trabajó como profesor de Lengua en la Escuela Nacional Preparatoria y en el año 1905, cuando apareció el poemario Los jardines interiores, fue nombrado segundo secretario adscrito a la Legación de México en Madrid, en donde escribió libros como En voz baja (1909), Serenidad (1914) y Plenitud (1918).