HISTORIA VIVA | Josefa Camejo: la Menalipes de Coro

Aldemaro Barrios Romero

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La mitología griega describe la heroicidad de una guerrera temeraria con el nombre de Menalipes, hija de Eón, y quien a su vez engendró con Poseidón a Eolo, pero para no hacer más largo estos antecedentes simbólicos, digamos que Josefa Camejo Talavera, fue la versión republicana e independentista de la mujer épica, que supo sortear todos los atajos de tiempos difíciles en las luchas patrias y alcanzar, sin proponérselo, el reconocimiento de sus facultades y vitalidad liberadora por parte del estado mayor de la revolución de Independencia y mejor aún hoy, la valoración honorable del pueblo de Falcón en estos tiempos de Revolución Bolivariana.

Los primeros registros documentales de su travesía en la lucha de independencia se consiguieron en Barinas, cuando se formaron los núcleos provincianos de la juntas patrióticas que se habían constituido en Caracas en 1810.

No obstante haber nacido en Coro, en 1791, y de ser hija de una familia potentada, criada con privilegios propios de familias terratenientes y esclavistas, a sus 20 años se trasladó a los llanos barineses cuando se desataron las contradicciones entre las autoridades monárquicas, entonces fuertes en Coro y los revolucionarios caraqueños. Allí conoció al coronel Juan Nepomuceno Briceño Méndez, con quien se casó en 1811.

Desde allí se anota en una lista de otras mujeres que desde Barinas advirtieron la necesidad de incorporarse a la guerra:  “No ignoran que V.E. atendida, la debilidad de su sexo acaso ha procurado eximirnos de las fatigas militares; pero sabe muy bien V.E. que el amor a la patria vivifica a entes más desnaturalizados y no hay obstáculos por insuperables que no venza (…) El sexo femenino Señor, no teme los horrores de la guerra: el estallido del cañón no hará más que alentarle: su fuego encenderá el deseo de su libertad, que sostendrá a toda costa en obsequio del suelo patrio». Así lo reseñó la Gaceta de Caracas sobre la «Representación que hace el Bello Sexo al Gobierno de Barinas»,  era  5 de noviembre de 1811.

La guerra la llevó por derroteros variados, siempre consciente de su rol político, algunas veces al lado de su marido Juan Nepomuceno Briceño Méndez, hermano del secretario del Libertador, Pedro Briceño Méndez, otras veces junto a las tropas del general Rafael Urdaneta. Ella estuvo en los avatares de avances y retrocesos en las jornadas militares desde 1813, bien como enfermera o tropera, hasta que luego del repliegue patriota en razón de los agresivos avances de Boves, se retiró junto al ejército libertador a Nueva Granada, en 1814. En la retirada de San Carlos se encontró ante la resolución de Urdaneta de dejar a la población migrante que le seguía a su propia suerte. Josefa Camejo decidió disfrazarse de soldado para incorporarse al ejército libertador junto a dos mujeres más que le siguieron en la  misma condición, una de apellido Canelones y otra llamada Manuela Tinoco.

Un año después dio a luz a su hijo Mariano Benigno Francisco de Paula Briceño Camejo, estaba en las cercanías de Cúcuta junto a su esposo, el coronel Briceño Méndez, su gesto de madre le reafirmó su condición revolucionaria y siguió contribuyendo a la gestión militar que desarrolló su esposo junto al general Rafael Urdaneta.

Se trasladó a Bogotá, donde siguió ejerciendo labores de apoyo en el ejército libertador. En Nueva Granada nació su segundo hijo, Weceslao Briceño Camejo, en 1818, se dice que ese año regresó a Venezuela bajo una fachada oculta, hay quienes señalan que disfrazada de pordiosera, tenía 27 años. Llegó a Maracaibo y de allí pasó a Coro, donde se instaló en lo que fue la hacienda familiar para llevar a cabo el plan de recuperación de la provincia dominada hasta ese momento por los realistas.

Bajo las órdenes de Bolívar, Rafael Urdaneta desarrolló un plan de distracción contra las fuerzas enemigas españolas en Occidente, durante la Campaña de Carabobo y contó con el apoyo y liderazgo de Josefa Camejo, quien junto a un grupo de esclavizados que trabajan con ella su hacienda de Paraguaná, tomó a Coro, creó las condiciones favorables para que la división de Urdaneta entrara triunfante a la provincia.

Luego de finalizada la jornada de Carabobo, Josefa Camejo se vio forzada a huir a Haití y esperar hasta 1823, cuando se consolidó la independencia luego de la batalla del Lago y la expulsión definitiva de los realistas en tierra firme venezolana.

Finalmente Josefa Camejo es una de las miles de mujeres madres, hijas, hermanas que hicieron vida activa en el proceso de  la guerra de independencia como enfermeras, troperas, espías o cocineras, en cuya nómina estaban mujeres blancas, pardas, indias y negras cimarronas, de cuyo protagonismo todavía falta por relatar.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com