TINTE POLISÉMICO | Geoeconomía del petróleo

Héctor E. Aponte Díaz

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Resulta inevitable no prestar atención al acontecer nacional, en particular a las ponderadas, sutiles y diplomáticas declaraciones de altos voceros gubernamentales, tanto de nuestro país como de los Estados Unidos, en referencia a las posibilidades del levantamiento de sanciones y la flexibilización de prohibiciones a reconocidas empresas norteamericanas para reestablecer operaciones y negocios en materia petrolera en Venezuela.

En anteriores artículos referimos que la República Bolivariana Venezuela no constituía en sentido alguno, amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos, en virtud de lo cual las medidas coercitivas y unilaterales aplicadas a Venezuela, no atendían a un criterio objetivo ni se ajustaban a los preceptos y normas del derecho internacional.

Noam Chomsky, un pensador contemporáneo independiente y agudo en su producción intelectual, ha analizado y profundizado en qué consiste la gran estrategia imperial de los Estados Unidos y documenta y demuestra en sus obras, que su gobierno no duda en la adopción de cualquier medida o acción, que justifiquen desde su exclusiva perspectiva, el interés por la hegemonía al desplegar una política exterior para el dominio global, como mecanismo de supervivencia a cualquier costo.

También comentamos en la columna hace pocas semanas, consideraciones generales en el ámbito de la geopolítica, en particular de la geoeconomía y se nos presenta hoy un escenario concreto, extremadamente dinámico, que describe la actual coyuntura en materia energética. Estados Unidos procura garantizar un suministro seguro y confiable de petróleo, desde el país con las mayores reservas probadas del planeta, en un contexto incierto y de conflictos.

A sabiendas de que la disciplina de las relaciones internacionales puede abordar con mayor acuciosidad todas las aristas y dimensiones que comportan el accionar de los estados en su interacción dentro el sistema internacional, nos atrevemos a aseverar, sin lugar a dudas, que el tema “energético petrolero”, es el núcleo que concentra el interés y la necesidad de aproximación para las conversaciones y  negociaciones que se adelantaran en los próximos días entre ambos países.

Aprovechamos para vincular con el último de nuestros artículos,  en el cual abordamos el complejo y delicado proceso de la negociación, y al referirnos al “Harvard Negotiation Model”, donde podemos verificar en el accionar diplomático de ambos gobiernos, algunos de sus elementos.

En primer término el modelo plantea la delicadeza y la consideración en el trato entre las partes, la ponderación como principio diplomático.  Como segundo elemento la objetivización del asunto a considerar, el tratamiento riguroso del negocio petrolero, evitar enfocarse en las posiciones de las partes, es decir, concentrarse en lo sustantivo, en los intereses y necesidades para vislumbrar mecanismos viables que logren acuerdos, sin que ello signifique que sobre la mesa no estarán presentes elementos de orden político, jurídico, etc.

Alcanzar acuerdos equitativos que garanticen el beneficio y la complacencia mutua, servirán de fundamentos para avanzar por el restablecimiento de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, con alcances de mediano plazo. Se apuesta por lograr lo establecido en el Plan de la Patria 2019-2025 en su tercer objetivo estratégico, de convertir a Venezuela en un país potencia de alcance medio de la región latinoamericana. Tenemos las respuestas al cómo y con qué lograrlo.

Héctor E. Aponte Díaz