Estoy Almado | Primarias opositoras

Manuel Palma

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Una década después la oposición venezolana vuelve a plantearse unas primarias para elegir un aspirante presidencial. La última vez que lo hicieron fue en el 2012. No sé si finalmente logren medirse entre ellos, pero prefiero que estén concentrados en eso y no en demostrar su naturaleza perniciosa de promover caos y desestabilización, que a fin de cuentas nos perjudica más como país.

De entrada puedo decir que esas primarias serán el primer autoengaño de la oposición antes del evento presidencial de 2024. Después de cubrir para AVN las primarias opositoras de 2012, y conocer los entresijos de su supuesta medición interna, puedo decir que más que primarias, la oposición, en verdad, realiza una rueda de negocios: se impone quien invierta más dinero y quien reciba más apoyo (financiero también) de los poderes fácticos empresariales. El voto de su militancia es apenas un barniz.

Y la razón es evidente: la dirigencia antichavista no cree en eso. Si valoraran en su justa dimensión el aporte de unas primarias a las reglas del juego democrático, estas no serían apenas sus segundas primarias presidenciales.

Si revisan la historia de hace 20 años, antes de acudir a unas primarias para encarar unas elecciones en puerta, las oposiciones han preferido optar por el golpe, el paro, el sabotaje petrolero, las guarimbas, los intentos de magnicidio; y como últimas apuestas: han creado un gobierno paralelo, han llamado abiertamente a una intervención militar y promovieron una invasión fallida desde la frontera con el estado Táchira.

Lo han hecho sin reparar en los ciclos perniciosos de inestabilidad política en los que han sumergido al país, ni tampoco en las nefastas consecuencias que han dejado en nuestra economía.

¿Cuánto perdió la economía del país con el golpe y paro de 2002? ¿Cuánto daño económico causaron las guarimbas? ¿Cuál fue el impacto económico con la aventura del desabastecimiento y acaparamiento? ¿Cuánto ha perdido económicamente el país con el bloqueo que ellos mismo pidieron y justificaron?

Ahora que la onda es “recuperar la economía nacional”, hagamos un ejercicio: resten todas esas aventuras ejecutadas por la oposición venezolana, hagan como que nunca sucedió, e imaginen qué país tendríamos hoy en términos de desarrollo, inclusión y producción.

Es claro que cuando la derecha venezolana no asume una nueva tarea desestabilizadora para supuestamente “liberarnos”, el país gana una proyección favorable de crecimiento económico, que luego se refleja en evidencias claras de inclusión y calidad de vida de la población.

Entonces, hoy cuando la oposición retoma la forma de hacer política en el marco de la democracia, como por ejemplo participar en eventos electorales, con primarias incluidas, el resultado es una ganancia enorme para todo el país, no solo en términos económicos.

Por tanto, que hoy anden entrampados en esa idea de primarias es una gran oportunidad para que el país vuelva a crecer. Camino despejado para recuperar lo perdido.

El problema es que esa visión de hacer primarias, y de hacer política dentro de las reglas del juego democrático, no forma parte de la derecha venezolana. Es una impostura esnobista. Es alegría de tísico.

Si hoy se enrumban hacia unas nuevas primarias es porque no les queda de otra. Es porque, aparentemente, se les desinflaron los últimos globos de ensayo de violencia y desestabilización, que desde afuera les ordenaron probar en nombre de una falsa lucha por la libertad y la democracia.

Así las cosas, probablemente acudan a unas primarias más por atender a una orden extranjera, que por propugnar un principio de independencia política.

Cuando la realidad los golpee en el 2024, hay que estar preparados para otro ciclo de desestabilización que intentarán activar en detrimento del avance económico y social que hayamos logrado hasta ese momento como país.

Mientras tanto, el país tiene que aprovechar hoy el desliz opositor por las primarias para salir sin obstáculos de la crisis económica, con un horizonte libre (ojalá) de aquellas aventuras desestabilizadoras que causaron daños tan hondos como el propio bloqueo.

Manuel Palma