AL DERECHO Y AL REVÉS | Pasaportes, cédulas y prórrogas

Domingo Alberto Rangel

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Por estas fechas se discuten en mi ciudad los cambios posibles … y los ciudadanos toman partido.

Unos exigen cambios «radicales» sin especificar… Contando con que futuros electores no van a preguntar, como dijo un cínico: «con qué se come eso».

Otros exigen que en un mundo tan diferente a lo que fue en el siglo pasado, evitar cualquier cambio porque para ellos pedir cambios es «traición».

Pobrecitos que aún no caen en cuenta que si en el país ido y que no volverá, donde viven en sus sueños, los venezolanos no emigraban, pero que ahora de este país nuestro han salido, en lo que va de siglo, millones.

O que la situación para los gobernantes varió tanto, que no solo, efecto de sanciones y errores económicos mediante, ni producimos tanto como antes, ni nos prestan inmensas sumas de dinero, para equilibrar presupuestos.

Afortunadamente somos menos los habitantes, al restar los familiares, vecinos y amigos que se han marchado al exterior: ¡de otra manera la situación respecto a la electricidad, el agua potable o la gasolina, sería peor!

Pero, escribiendo sobre cambios, doy fe de personas amigas que me invitaron a ver sus lanzamientos o pininos de candidaturas presuntamente presidenciales, quienes ofrecieron cambios … pero ante el micrófono no exhibieron ninguno.

A ver: no pretendo venderme como asesor de bates quebrados o presuntos ganadores.

Sin em bargo y, como siempre, comparto con los lectores mi opinión y esta semana escogí la palabra «cambios»… acompañada con «distintos» … como pretenden ser quienes piden votos y a cambio ofrecen mejoras, que no se ven.

Pero tratando de ir abriendo brechas, como siempre, por caminos interesantes pero poco transitados, comparto un posible cambio, sin profundizar en la politiquería o en la economía, que a veces se pone fastidiosa.

Un cambio que se puede hacer de una vez, aprovechando que el presidente ofreció acabar con la corrupción, un imposible, porque los humanos somos tan ángeles como demonios … aunque los demagogos no lo acepten.

Me refiero a los pasaportes y sus prórrogas, una vez vencida le fecha límite para los que fueron extendidos: conozco y estoy en contacto con muchas personas que viven fuera, que no tienen otra nacionalidad, por los momentos, y que andan furiosos con los burócratas de consulados y embajadas venezolanas, que los tratan mal … suponiendo que todos son golpistas.

Funcionarios mediocres y malencarados, que ni les entregan los documentos por los que han pagado lo que el Estado exige ni responden las quejas de estos compatriotas.

A mí me parece esto una gran estupidez.

A ver: ¿qué gana el Gobierno con alebrestar a estos venezolanos, que por cierto hace mucho tiempo dejaron de esperanzarse con cambios no más enterarse de los robos y tropelías del interino, al que a pesar de sus desmanes, no lo detienen como sucedería en cualquier país desde la China a EEUU?

¡Nada, obvio!

Y peor, porque en algunos casos por no tener el pasaporte al día o su prórroga legalizada…  pierden oportunidades en el exterior y terminan regresando llenos de reconcomio.

¿Qué gana un burócrata mediocre de un consulado digamos, en Europa o en EEUU con provocar el regreso de quien ya no está acostumbrado a vivir en Venezuela?

Suponiendo que ese burócrata mediocre no es corrupto, la respuesta es «nada».

Y peor, porque al regresar se acaba la poca o mucha remesa para el padre o la abuela que se quedó atrás, para no mencionar que ese compatriota regresado a la fuerza, consumirá más electricidad, agua y gasolina. Es decir, lo que tanto nos falta.

Ese problema lo solucionó hace tiempo un militante del PSUV que estuvo al frente del Saime.

En esos años se podía acceder al pasaporte o la cédula, sin colas, vía internet y con cita.

Algo parecido a lo que una concejal de Baruta implementó para vacunar a los habitantes como gente no como si uno fuese un animalito.

Pues bien, a ese funcionario lo trasladaron al estado Nueva Esparta y recomenzó el calvario junto a la corrupción.

Y yo me pregunto, ya que eso sucedió cuando nos sobraban recursos para mandar a elaborar cientos de miles de pasaportes que usuarios salvajes no recogían… ¿Acaso es tan difícil «cambiar» y ser «diferente» a la corrupción que en mala hora entronizó en el Saime un funcionario ahora detenido.

Es tan difícil cobrar legalmente lo que cuesta y «algo más», a quien exija pasaporte o prórroga… Dónde sea que esté ese compatriota?

¿No sería este «cambio» un paso que deberían aplaudir todos los ciudadanos, sin importar su posición política?

Domingo Alberto Rangel