HISTORIA VIVA | Desde Pichincha a Panamá

Aldemaro Barrios Romero

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A doscientos años de la Batalla de Pichincha, rememorar la gesta de un ejército libertador compuesto por venezolanos y neogranadinos, la mayoría de ellos llaneros en las lejanas tierras; argentinos, chilenos, incluso británicos, fue una épica continental que nuestra América celebra como lo hacen los venezolanos y ecuatorianos.

¿Ahora, en el presente, cuáles son las claves del pensamiento bolivariano que inciden en la necesidad de articular procesos de integración nuestroamericana en estos momentos bicentenarios?

Si observamos el hilo del tiempo durante los últimos 20 años, luego que la Revolución Bolivariana impulsó una serie de políticas sociales para reivindicar los pensamientos de Bolívar basado en el gran eje de la Suma Felicidad Posible, con aquella frase «el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política», una contraofensiva desintegradora fue desarrollada por los gobiernos de EEUU para Venezuela y Suramérica desde 2013.

Hay una carga moral en el discurso integrador de Bolívar, ya desde 1815 cuando señaló en la Carta de Jamaica: «… la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración». En Angostura, con la integración de Nueva Granada y Venezuela se inició la concreción de una propuesta que luego incluyó a Quito, Panamá y luego la Confederación con Lima y luego el Alto Perú (Bolívia) hasta el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826.

He preguntado a algunos historiadores colombianos sobre la fragmentación posterior a ese momento épico de nuestra historia continental y porqué se han incrementado los ataques a Bolívar en los últimos 20 años, y las respuestas las dio el mismo Libertador al final de su vida física:

«Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía.  He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono».

Gigantesca razón moral lo cubría, sin embargo lo ataques a Bolívar hoy no son contra su persona, sino contra su legado y la amenaza que significa la Revolución Bolivariana para los intereses de las clases oligárquicas de EEUU, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, pero los pueblos de esas naciones mantienen vivo el espíritu libertario de Bolívar.

¿Cómo se percibe esa «regeneración» de la que hablaba Bolívar en términos de integración  y  política económica? En la perspectiva inmediata hay dos eventos claves para el 2022: el triunfo de Petro en Colombia y la derrota de la Cumbre de las Américas.

En tiempo real hay una muy marcada tendencia de recuperación de la integración nuestroamericana pero tiene que haber nueva significación política y simbólica en el sentido épico de las luchas de resistencia del pueblo venezolano. Es que ahora le toca a los movimientos sociales, como en Colombia y Ecuador potenciar sus fuerzas y alianzas con los venezolanos para hacer un bloque integrado de ofensiva, hacer concreción del pensamiento del Libertador y denunciar las atrocidades del neoliberalismo pero proponer vías de salida concretas: Recuperación de Gasoducto Transcaribeño, integración al ALBA-TCP, Alianzas con los movimientos sociales para el abordaje de las demandas sociales: Pasar de una región extractiva a una de procesamiento de productos con valor agregado industrial social, incluso en la lucha contra el narcotráfico, hacer uso medicinal industrial de la planta de coca en vez del contrabando perverso del clorhidrato de coca y la criminalidad consecuente.

Esa es la clave, pasamos a una ofensiva intensa y, para ello, Colombia está llamada a convocar eventos de integración de fuerzas sociales. Es la Colombia de 1819 y es Bolívar quien reclama y los llama a la batalla del 29 de mayo. Es la Batalla de Boyacá, luego Ayacucho en 2024 y el Congreso Anfictiónico de Panamá en 2026. El ciclo bicentenario debe convertirse en razón para la integración de los pueblos del sur.

Que a Bolívar no lo quieren en Perú o en Colombia es una necedad distribuida por las oligarquías de esos países, a decir del embajador de Venezuela en Perú, Alexander Yánez, en Lima, donde las élites mediáticas lo han silenciado, podrán verlo con desdén, pero en los pueblos del interior del Perú, la llama de Bolívar está viva, eso da cuenta de la pertinencia simbólica ante las noticias que llegan a esos pueblos sobre lo que ocurre en Venezuela a partir del fenómeno Chávez. A pesar de la contracampaña xenofóbica contra los venezolanos, que tiene doble rasero discriminatorio y político, la imagen de Bolívar como símbolo de justicia, se mantiene en los corazones de los pueblos de Nuestra América para integrarlos en sus luchas emancipadoras.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelred@gmail.com