Vecinos alertan ecocidio en el istmo de Boca de Uchire

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Este istmo de 22 Kilómetros de longitud separa la laguna de Unare del mar, es un gran reservorio de camarones

Un vecino, ignorando los infelices y deplorables efectos sobre el ambiente, construyó unos cuantos rompeolas con rocas gigantescas.

27/05/2022.- El ciudadano Pedro Chacín denuncia desde el estado Anzoátegui agresiones que han afectado a los vecinos y la biodiversidad del istmo de Boca de Uchire.

Chacín asegura que hace unos tres o cuatro años un señor fundó un parcelamiento con cabañas para temporadistas, a unos cinco kilómetros al este de su parcela, y para mejorar las playas a favor de sus clientes, pero ignorando los infelices y deplorables efectos sobre el ambiente, construyó unos cuantos rompeolas con rocas gigantescas (malecones).

Este istmo de 22 Kilómetros de longitud separa el mar de la laguna de Unare, que es un gran reservorio de camarones.

La zona era conocida como Mata Sola y fue rebautizada como Puerto Brisas.

Entre las consecuencias que describe Chacín, está que su parcela y otras tres, de amigos y socios que estaban plantadas a cien metros de la marea alta de la ola, hoy están a apenas unos diez metros de la marea.

El mar ha abatido unas churuatas y unos treinta cocoteros que habían sembrado los vecinos en el área de dominio público. Por supuesto, el mar, ante el obstáculo de los rompeolas avanzó hasta hoy, unos noventa metros, mutilando gravemente la anchura de la playa y destruyendo lo que estaba en ella. Obviamente, cuando al mar le reducen su espacio natural lo recobra en otro.

Especies amenazadas corren grave riesgo
Tortugas desovan en Puerto Brisa por ser esta es la zona del istmo más silenciosa y solitaria para el desove.

Ese recorte severo de la playa constituyó, verdaderamente, una tragedia para otros sacrificados seres más desamparados e inocentes que nosotros: las tortugas que iban a desovar allí. Esta es la zona del istmo más silenciosa y solitaria, escogida, por eso, por las tortugas para el desove.

Chacín refiere que una noche salvó, junto a unos vecinos, a una de ellas que algunos lugareños tenían atrapadas. Bajo la presión ejercida lograron que las dejaran volver al mar. Además, asegura que «otra noche, decenas de tortuguitas, extraviadas por la luz de las casas se vinieron hacia estas y a esa misma hora las recogimos y al mar las llevamos».

La buena noticia de toda esta lamentación es que la solución es sencilla y expedita: retirar los rompeolas. Los vecinos no han considerado cobrar daños y perjuicios ni caer en querellas de ningún orden. Eso sí, consideran que el arreglo no debe postergarse, porque de permitirse, acrecentaría los agravios al ecosistema.

El istmo de Boca de Uchire es muy angosto, su mayor anchura no alcanza los mil metros. Donde está Puerto Brisas no va más allá de los trescientos, de modo que si se permite la persistencia del avance del mar, por los rompeolas existentes, es inminente la gran calamidad.

Lo vecinos de Puerto Brisas ruegan que el señor que construyó los rompeolas reconozca su desacierto y los suprima por propia voluntad, antes de que las autoridades se lo ordenen, en lo cual confían los vecinos, porque el fundamento de sus quejas es obvio.

Finalmente, Chacín manifiesta: «Tome usted señor, responsablemente esas rocas y colóquelas tierra adentro como esculturas, así sus cabañas serán, más atractivas y se revestirán con la imagen de un paisaje único original y novedoso. En resumen haga lo que le aconseje un arquitecto paisajista, digo yo, pero, por piedad, deshaga esa calamidad. A nosotros nos devolverá la dicha perdida, a las tortugas su otrora maternidad suntuosa para la despejada perpetuación de su especie y al ambiente la salud indispensable para que siga brindando a usted, a nosotros y a las tortugas un regazo grandioso. A ese agradecimiento solo lo nutre el cariño».

JUAN CARLOS TORRES / CIUDAD CCS