VITRINA DE NIMIEDADES | TikTok… ¿Ese es el futuro?

Rosa Elena Pellegrino

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Si algo parece ir en ascenso es la legión de seguidores de TikTok. Y eso es notorio hasta para quienes no usamos esa red o muy poco nos paseamos por ella, ya sea por falta de tiempo o por ausencia de talento para esa plataforma. Abrimos WhatsApp, vemos un TikTok; abrimos Instagram, pasa lo mismo. Es casi inevitable no caer en esa red, así como también luce prácticamente inexplicable saber por qué nuestra relación con las redes sociales se guía por el último grito de la moda digital, como si no se construyeran afinidades y ni existieran gustos particulares.

Los tiktokers tienen todo para sentir que tendrán cancha para rato, gracias al inusual crecimiento que experimentó la red con la pandemia por covid-19: pasó de 381 millones de usuarios en 2019 a 700 millones en 2020, con una tendencia en expansión. No es gratuito, hablamos de una época marcada por la manida frase “Quédate en casa”, que se nos instaló en el alma por largo rato. Con tanto tiempo libre, algo debíamos hacer, y muchos decidieron sumergirse en una red que precisamente crece a expensas de las horas que se dediquen a generar videos.

Eso parece fácil, pero las proyecciones de crecimiento en 2022 apenas son del 15%, un porcentaje nada casual. Estamos volviendo a la locura continuada que llamamos normalidad, pasando mucho más tiempo en la calle. Es una condición que revela un dato poco considerado: TikTok es una de las redes más exigentes para cualquier usuario, una suerte de lógica inversa con respecto a los medios tradicionales.

Aunque vivimos es una suerte del imperio de la imagen, en Twitter y Facebook con publicar un texto nos basta para tener presencia y hasta desatar una guerra del teclado bajo la premisa “Una palabra tuya bastará para envalentonarme”. A YouTube la asumimos como una plataforma para la difusión de videos profesionales, mientras que Instagram nos da un chance con la posibilidad de publicar fotos o videos según nuestros deseos. Pero, si se asumió la vida de tiktoker, no hay vuelta de hoja: toca producir videos.

La tarea no es fácil. Doblar audios con sincronía de labios, crear coreografías, idear chistes, construir una puesta en escena, hacer retos sociales, usar filtros y ganar reputación. Eso no se hace solo ni rápido, pero así funciona esta red tan compleja y tan joven: se calcula que al menos 60% de los usuarios son menores de 30 años. Y eso, definitivamente, marca la naturaleza lúdica de los contenidos que por ahí circulan.

Visto así, podemos pensar que TikTok es el territorio futuro para el marketing, el entretenimiento y hasta la educación, aunque aún le falta camino para destronar a Facebook como la red con más seguidores. Pero, ¿por qué apostamos a una red donde el fin último es la diversión, el ocio, una reinterpretación más graciosa del mundo? ¿Por qué asumimos que a todos nos va a funcionar una red que exige ser divertido y chévere? ¿De dónde salió aquella idea que asume las redes de moda como el advenimiento de tiempos mejores, cuando aún estamos tratando de entender este panorama digital?

Las preguntas valen especialmente para el mundo de la política, donde la búsqueda de adeptos se mueven con los mismos intereses de siempre; el ciberactivismo; el periodismo, que, como dice Jordy Meléndez, “sigue en búsqueda de su gran relato”; y los esfuerzos para la comprensión de una realidad que sigue su curso por más que se baile ante una cámara. El futuro, a fin de cuentas, no se construye sólo con likes.

Rosa Elena Pellegrino