¿Quién conoce la semiclandestina Cuadra de Bolívar?

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Siempre ha sido un sitio semiclandestino. Lo fue a finales del siglo XVIII, cuando sirvió de punto de encuentro para los blancos criollos que empezaban a conspirar contra la corona española. Y lo sigue siendo hoy, cuando es uno de los lugares históricos menos conocidos del centro de Caracas.

Se trata de la Cuadra de Bolívar (o Cuadra Bolívar), una de las propiedades de la familia del Libertador, ubicada apenas a unas siete cuadras del mero Casco Histórico de la ciudad, pero casi absolutamente anónima para la mayoría de los habitantes de la urbe.

En aquellos tiempos, Caracas era tan pequeñita que el sitio operaba como la casa de campo de los Bolívar. De allí su gran patio central, sus árboles frutales y sus establos, de donde le viene el nombre de “cuadra”, pues allí pernoctaban los caballos del clan. Lo curioso es que aun hoy, cuando se visita ese lugar, prevalece la sensación de estar lejos de la ciudad.

Cuando Bolívar era niño, la casa se utilizó para su educación. Allí recibió lecciones de Francisco de Paula Ravé y Berdura, más conocido como el padre Andújar, y de su casi contemporáneo maestro Andrés Bello. Según lo afirma Carlos Eduardo Misle “Caremis”, Bello, a petición de Simón, escribió en latín una leyenda que habla de la personalidad del lugar: “Ruris delitiis urbana adjecta commoditas”, que se traduce como “Delicias rurales unidas a la urbana comodidad”.

Años después fue centro de algunas de las reuniones de los descendientes de españoles que empezaban a abrigar ideas de emancipación, ante las discriminaciones económicas y políticas de la monarquía respecto a sus colonias. La Conjura de los Mantuanos se gestó entre sus paredes, según historiadores del proceso de Independencia.

La conspiración ocurrió en 1808, es decir, dos años antes de los sucesos de abril de 1810. De allí que se le considere uno de los principales antecedentes del primer grito de rebelión.

Simón José Antonio y su hermano Juan Vicente ofrecieron esa casa como lugar de reunión porque estaba menos a la vista de las autoridades de la Capitanía General de Venezuela.

La Cuadra de Bolívar está ubicada entre las esquinas de Bárcenas y Piedras, en la parroquia Santa Teresa, a pocos pasos de las muy transitadas avenidas Baralt y Lecuna. Cerca están también la plaza La Concordia y el mercado de Quinta Crespo.

La descripción oficial de la casa, obtenida en el sitio Caracas del valle al mar (http://guiaccs.com/obras/cuadra-de-bolivar/), aporta mucha información: de planta rectangular y grandes dimensiones, con un patio ajardinado medianero con una pileta central y corredores de caña y madera que dan acceso a las habitaciones. Su magnífica cocina de leña con una campana de mampostería es memorable, al igual que la cuadra o caballeriza con salida directa a la calle, ubicada en el patio posterior. La casa, de techo de tejas y un solo nivel, tiene una escala que le otorga un grato sentido de intimidad”.

Olvidos y rescates

La Cuadra de Bolívar, dentro de su silenciosa presencia, ha tenido épocas buenas y malas.

No fue sino hasta 1941 cuando la adquirió el Estado. La decisión de las autoridades fue utilizar el inmueble como sede del hospicio Casa Hogar María Antonia Bolívar. En 1959, la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación la declaró Monumento Histórico Nacional.

Después de ese reconocimiento declarativo, pasó a manos del Centro Simón Bolívar en junio de 1963 y se emprendió una primera restauración, en colaboración con el Ministerio de Relaciones Interiores a través de su Dirección del Ceremonial y Acervo Histórico. El plan fue inaugurarla y abrirla como museo en 1967, con motivo del Cuatricentenario de Caracas. Así ocurrió, solo que el terremoto de ese año obligó a cerrarla de nuevo para atender algunos daños que sufrió. Solo pudo ser reabierta en 1971.

Los trabajos de restauración efectuados del 63 al 67 cuidaron de conservar la arquitectura original. Se hizo todo lo posible por recuperar la mampostería y los recubrimientos, utilizando ladrillos y piezas de cerámica obtenidos en ruinas y construcciones demolidas de la época colonial.

Reseñas técnicas difundidas por Fundarte indican que las capas de pintura y frisos fueron raspadas hasta hallar “en muchas áreas frescos de vivo colorido, que sirvieron como patrón para ser reproducidos en otras áreas de la casona”. Con el raspado a fondo “se llegó al color añil que era el usado en las casas de campo de la época”.

“Los techos originales de caña y mangle, propios de la arquitectura colonial, se reconstruyeron en su totalidad, algunas de las tejas originales se conservaron”.

“En las labores de restauración se demolieron tabiques y subdivisiones que no eran originales. Además, se reconstruyeron varios muros siguiendo las bases de las fundaciones que se hallaron al limpiar el terreno. Se rescató el antiguo brocal de piedra de la fuente, lo cual facilitó su reconstrucción”, añaden los informes especializados.

También indican que “respetando la tradición de las casas de campo venezolanas”, se sembraron diversos árboles (naranja, cacao, limón, sauce, granado, ciprés, cedro, mango, aguacate, cafeto y coco). También se implantó en el patio, “la higuera hija de la sembrada por Simón Bolívar en la quinta La Magdalena, en Lima”.

Si se atiende a las estimaciones de los historiadores, la Cuadra de Bolívar está por cumplir 250 años, pues su construcción, ordenada por el patriarca Juan Vicente Bolívar y Ponte, habría concluido en 1773, el año de su matrimonio con María de la Concepción Palacios y Blanco.

Por fortuna, no ha caído bajo eso que, irónicamente, llaman “la picota del progreso” y sigue disponible para quien quiera visitarla.

A lo que renunció Simón

En los últimos años, la Cuadra de Bolívar se ha incorporado a varias de las rutas de turismo histórico de la capital. Pese a todos estos esfuerzos prácticos por reivindicarla, son muchos los caraqueños que han pasado por enfrente, pero no han entrado. Parece que ser invisible es parte de la esencia del lugar.

Visitar sitios como la Cuadra de Bolívar permite tener una idea de cómo era la vida cotidiana de las familias mantuanas en la época colonial porque en ella se exhiben, además de la construcción en sí misma, un conjunto de pinturas, herramientas de trabajo y mobiliario.

Conocer el tipo de vida que llevaba la familia Bolívar en los años finales del siglo XVIII y comienzos del XIX permite valorar aún más la figura histórica del Libertador. Además de la residencia familiar (la ahora llamada Casa Natal) y de la Cuadra, los padres de Bolívar tenían tierras e inmuebles en La Guaira, los Valles del Tuy, Barlovento y Puerto Cabello, y eran dueños de las minas de cobre de Aroa. Entre las más conocidas propiedades estaba la hacienda y el ingenio azucarero de San Mateo, estado Aragua, donde un muy joven Simón intentó asentarse durante su efímero matrimonio con María Teresa del Toro y Alaiza, quien falleció al poco tiempo.

A casi todo eso renunció Bolívar cuando decidió encaminar su vida a la lucha por la Independencia. Nunca deberíamos olvidarlo.

CIUDAD CCS / CLODOVALCO HERNÁNDEZ