Cincuenta o medio siglo de Serenatas

0
Un querido cuarteto vocal e instrumental de música típica y folclórica venezolana.

De niño pensé que los matrimonios eran exclusivos para humanos hasta que un día mi papá apareció con un TDK de 60 con un cuento en canción extraordinario, la boda de la pulga y el piojo donde la pereza trabajó, el mapurite perfumó y la gata, esa elegante madrina, después de parrandas y calipsos, ron y brindis con vino, se comió al padrino. Con los acordes de un cuatro y sus voces, al TDK le daba una pela en el grabador, que de tanto rebobinarlo se enredaba la cinta y tenías que delicadamente volverla al casette con la ayuda de un lapicero, lo bueno de esta época es que más de un niño que ahora escucha esta canción no tiene que padecer de esto gracias a la digitalización.

Pero volviendo a la dulce época de mi niñez no solo fue la boda de la pulga y el piojo, sino también la canción de un sapo fastidioso, alegre y nervioso que no dejaba parir tranquila a la sapa, que de tanto roletearla a las orillas del Orinoco parió cerca de la cruz del perdón. Y el sapo simplemente se tomó su botella de ron. Y mi debut en el auditorio de la escuela una temporada de carnavales fue al ritmo de Serenata Guayanesa y el callao tonight tumeremo tomorrow night.

En mi pequeño mundo de juguetes e imaginación también fue tiempo de la Ventana Mágica y por curiosidad ver la Fundación Bigott entretenerme con los cómics de Marvel como los 4 fantásticos, pero por el grabador pasaron a la una la luna a las dos el reloj, un caballito y un papagayo tricolor volador que cuando viajaba exclamaba, si la tierra, tierra fuera. Donde el cuarteto fantástico de Serenata Guayanesa siempre ha sido parte de mi amor por la música.

Y el tiempo siguió su curso cuando llegaron los 25 de los cuatro fantásticos de Serenata Guayanesa. Yo trabajaba en la librería de la familia en la avenida Sucre. Ahorraba parte de las semanas para comprar CD pasaba horas en la disco tienda decidiendo cuales comprar porque como buen comprador compulsivo nunca me llevaba uno solo. Cuando al entrar a la tienda vi una Serie 32 de Serenata Guayanesa. En vivo desde el Teresa Carreño.

La viajera del río cantada por Francisco Pacheco, me puso melancólico cuando oyéndola en la librería, viendo el parque del oeste me volví a enamorar de la morena que paseaba a su perro por los lados de la Miguel Antonio Caro, me pasó por al lado y “extasiado me quedé al ver la flor perfumando el río”, no pude ser un mago para contener los nervios “y se fue ocultando y se fue marchando luego desapareció, pasaron los años y el arcano tiempo la alejó de mí” por eso fue que después de años al oír La viajera del río la recuerdo y veo por donde pasó y el miedo me paralizó.

Lo cierto es que de tanto y nada, de nada y tanto en un tiempo en que seguimos coreando si la tierra, tierra fuera, Serenata Guayanesa cabalga su caballito, volando su papagayo con kilometraje que va más allá de los 50 años. Donde las bodas de pulgas y piojos divierten y la madrina sin tanto complejo se puede comer al padrino cuando quiera y de la forma que quiera.

Que el sapo aprendió a entrar en labores de parto y de madrugada arrullar los llantos porque el permiso postnatal es para practicar lo paternal.

Y a mis amigos de Serenata Guayanesa que en estos 50 años esté lleno el Teresa Carreño y Caracas ponga su empeño en corear todo su repertorio y que se alegre hasta el Orinoco.

CIUDAD CCS / Venkobensky Hiattan