Sones de Negro para afianzar nuestros orígenes

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Diablos Danzantes, una de las manifestaciones populares religiosas con más de 300 años de tradición.| foto Javier Campos/Archivo

El pasado 13 de junio se celebró en todo el territorio nacional el Día de San Antonio de Padua. Fiesta popular, ritual y religiosa, sincretismo de las culturas aborigen, africana y española. Ese día en el estado Lara y en muchas regiones del país se desarrollan velorios y tamunangues en honor a este santo patrón.

Soraya Padrón es una promotora cultural caraqueña que desde Misión Cultura ejerce una labor en toda la ciudad y que ha cultivado la veneración a la Cruz de Mayo a San Antonio y a San Juan entre una variedad de fiesta donde exalta el trabajo con la danza popular venezolana. Conversando con ella nos expresó: “La fiesta del tamunangue es la función social más importante en lo musical, en la danza tiene una capacidad especial para aglutinar gente de todas las edades quienes desde el canto, la danza, la ejecución de instrumentos como el cuatro, el quinto, el requinto, el sexto manifiestan una experiencia cultural de gran diversidad.

El tamunangue se inicia con un velorio la noche del 12 de junio donde se cantan salves a San Antonio, con cantos agudos, se honra al Santo Niño, a la virgen María, se pide por la salud, por la paz, por la vida y los promeseros agradecen por los favores recibidos, por lo general las salves se cantan hasta la salida del sol.

El tamunangue o Sones de Negros es una fiesta ritual que celebra el pueblo larense el 13 de junio de cada año.

Luego de esto se desarrolla la procesión con la ejecución de la batalla, donde se hace un llamado al santo para que reciba el baile y el pago de la promesa.

La batalla no se baila, en ella se libra un combate con los garrotes frente al santo. La batalla refleja, según decía Nicolás Flores, viejo tamunanguero venezolano, una devoción donde se peleaba la batalla porque había que pelearle a San Antonio sus batallas contra el colono y luego se bailan los sones en honor al santo el yiyivamos, la bella, la juruminga, la perrendenga, el poco a poco, el galerón y el seis figuerao.

Para Soraya Padrón el tamunangue es un medio de realización social y autoafirmación de la identidad y la expresión de las comunidades, y del individuo. El tamunangue o sones de negros es la danza ritual más importante del estado Lara. Es un hecho social que genera relaciones entre los individuos y de estos con la naturaleza, con su comunidad, es una creación colectiva, que brinda al pueblo la posibilidad de adquirir habilidades física-motoras, contribuye a un estímulo que favorece a la creatividad. Es la esencia propia del larense que la ha transmitido a diferentes regiones del país.

Su procesión es una expresión de fe y devoción al Santo donde prevalece la esperanza y el amor del pueblo.

“En los niños –nos manifiesta Padrón– le permite percibir los valores de su comunidad y su pueblo al desarrollo ético y estético del niño, les permite profundizar la cooperación, la unión la disciplina a los niños que la practican, los lleva a concebirse como una gran familia.

Todas las celebraciones del tamunangue son en especial grandiosas, ya sean en Sanare, El Tocuyo, Los Humocaros, en Barquisimeto, en el estado Lara.

En Caracas el tamunangue ha gozado de un culto significativo. El movimiento cultural recuerda el velorio y baile de tamunangue en el pago de promesa de Alexander Paredes en El Junquito. Un velorio de tradición familiar que preserva el acervo de El Tocuyo e impulsa el movimiento del tamunangue en la escuela.

La Fundación Bigott ha realizado un trabajo de difusión importante en los últimos años. Y la Misión Cultura de igual forma mantiene encendida la llama en las barriadas del país, de Lara, Yaracuy, Portuguesa y Caracas.

Los cultores del movimiento popular recordamos el velorio y tamunangue del Grupo Geea, en el barrio Las Torres de La Vega, con Segundo Flores como su director y cultor principal. Allí llegaban cultores del pueblo de Río Claro, del estado Lara, como los hermanos Catarí y los hermanos Flores.

Este año sigue viva la fiesta de San Antonio en nuestra ciudad. La sociedad tamunanguera realizó el pasado 4 de junio un tamunangue en la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez. El cultor Ricardo Linares realizó este jueves 16 un conversatorio de Sones de Negro junto a Johnny Acosta y Oscar Chirinos, donde habló sobre la tradición y el culto a San Antonio y donde se realizó una muestra sobre el baile.

Por su parte, el Frente cultural Armando Reverón, de San Antonio de El Valle, que funciona en la Unidad Educativa Básica Caracciolo Parra León, realizó este lunes 13 de junio la misa del Santo y la procesión desde la Iglesia de El Valle y están organizando el Encuentro de Santos con San Antonio y San Juan para el día 23 de junio. Tibisay Sánchez, promotora de este frente cultural, nos manifestó: “Este trabajo lo hacemos porque los niños deben conocer sobre sus orígenes negros, sobre el tamunangue, sobre sus raíces”.

CIUDAD CCS / José Javier Sánchez

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La devoción al Santo se manifiesta en la danza llamada tamunangue o Sones de Negros en honor a “El Santo Negro”.

Un patrimonio endiablado de cultura

Las 11 cofradías que integran los Diablos Danzantes de Corpus Christi representan para Venezuela y el mundo, una de las expresiones culturales más importantes, por su colorido y la historia que encierra.

Hay personas que desconocen el origen de los Diablos Danzantes y pertenece a una festividad de la iglesia católica que se realiza en conmemoración a la presencia de Cristo dentro del sacramento de la eucaristía, y en la costa central las comunidades se organizan para la celebración del Corpus Christi, así como en otras regiones que varían el ornamento de las máscaras, añadiéndole un toque para marcar la diferencia.

Algunos historiadores que se han dado a la tarea de recopilar datos fundamentales sobre esta manifestación cultural consideran que este Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad nace de la mezcla de tres culturas: la indígena, la africana y la europea; por lo que cada una de ellas añadió elementos que la identifican y definen.

Durante la danza se utilizan las maracas, que es un elemento que representa a nuestros indígenas; el tambor, la danza y las máscaras son representativos de la cultura africana y la religión la trajeron los europeos.

Los Diablos Danzantes de Venezuela son Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad y representan un orgullo en cada región del país.

Por lo general, los adultos, adolescentes y niños son disfrazados de diablos y posteriormente llevan a cabo pasos dancísticos hacia atrás, adoptando una actitud que corresponde a una penitencia de manera simultánea con una jerarquía de la Iglesia católica que se dirige a ellos, llevando consigo el Santo Sacramento.

La música dentro de la celebración es tocada con instrumentos de cuerdas y percusión, al mismo tiempo que los fieles se valen de una maraca, con la intención de ahuyentar a los espíritus maléficos. Con toques de la caja, como instrumento principal, se guían los acordes con cencerros, conocido instrumento musical de percusión, y las maracas. Estas expresiones reciben el nombre de “Toque Corrío” y “La Bamba”, que en su función y estructura toman de la mano a los “diablos” en su andar por las calles, con su indumentaria roja y máscaras, bailanal ritmo que dicte el cajero constando de cuatro pasos tales como el corrío, el escobillao,reposo y la bamba.

En el momento culminante de la celebración, los diablos se rinden ante el Santísimo, como simbolización del triunfo por el bien sobre el mal.

Los bailarines, llamados “promeseros’’ pertenecen a las hermandades que se encargan de difundir y preservar la historia y las tradiciones ancestrales en cada comunidad y hacen sonar durante el baile cascabeles, sonajeros, cintas y pañuelos con la misma intención inicial de lograr espantar las fuerzas malignas que intentan imponerse.

En cada hermandad hay uno de sus miembros que se encarga de confeccionar las máscaras diabólicas de sus afiliados y éstos se las ponen, al mismo tiempo que ostentan cruces, escapularios y palmas benditas.

Las máscaras de los Diablos Danzantes de Venezuela son un ícono que identifica la celebración.

Cada cofradía es un diablo suelto

Respecto a la indumentaria de los diablos, es interesante acotar que en cuanto a las máscaras cada una de ellas representa una jerarquía mediante los cachos y el diseño: tres capataces y un iniciante.

Una de las cofradías más famosas y de mayor antigüedad en el país, es la de Yare, que se identifica fácilmente por su vestimenta roja y una serie de amuletos que le ayudan a librarse del enemigo.

Sus inicios datan de 1749 y se celebra nueve semanas después del Jueves Santo. Se dice que los Diablos de Yare no siempre se caracterizaron por vestir de rojo como en la actualidad son conocidos, los trajes cargaban diversos colores como en otras cofradías, y en 1948 comenzaron a utilizar un solo color: el rojo.

Esto fue a raíz de una invitación hecha a dicha cofradía por el presidente y escritor Rómulo Gallegos a su toma de posesión y les fue donada una gran cantidad de rollos de tela roja con la que confeccionaron todos los trajes. Asimisno, los hombres visten de rojo, y las mujeres que son primeras, segundas y terceras capataces usan camisa blanca con una falda, medias rojas y un pañuelo rojo en la cabeza. La primera mujer capataz de estas cofradías surgió en 1910.

La cofradía de los Diablos de Naiguatá danza en esa zona del estado La Guaira, pintan sus propios trajes, usan pantalón y una camisa blanca, pintadas con cruces, rayas y círculos, figuras que impiden que el maligno los domine. Las máscaras poseen imágenes de animales marinos y escapularios cruzados, cargan cruces de palma bendita y crucifijos y, lo contrario a otros diablos, no llevan ni capa ni mandador.

Aproximadamente hace 23 años, un señor llamado Alberto Figueredo avanzó de rodillas persignándose a cada instante y colocándose la máscara en la cabeza para rezar la oración al Santísimo Sacramento. Esto dio pie para que la gente lo asimilara como parte del ritual.

La de Ocumare de la Costa baila dos días en la semana de Corpus Christi, data del año 1610 y el promesero debe tener un nuevo traje para poder bailar, por formar parte de la ofrenda al Santísimo Sacramento.

En Chuao la tradición consta de 300 años y su vestimenta es multicolor con máscaras de color negro, blanco, rojo y entre los cachos se entrelaza una cinta tricolor. Esta danza va acompañada del repique del tambor, que tiene atado un cordón de plumas de zamuro llamado chirriador, el cual produce una vibración mayor y acompaña al cuatro. En la actualidad, hay un gran número de trabajos exhaustivos sobre los Diablos Danzantes de Venezuela que merecen leerse.

CIUDAD CCS / Emmanuel Chaparro Rodríguez