LA MISS CELÁNEA | Tengo poderes psíquicos y mi mensaje es acabar con el oscurantismo vaginal

Malú Rengifo

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Me está ocurriendo algo extremadamente singular, y que me da un poquito de pudor contarles, por aquello de una periodista debe proteger su credibilidad, pero bueno, ahí les va: de unos pocos meses para acá tengo visiones sobre el futuro, ¡jajaja!

Lo puedo jurar por mi no tan santa pero siempre amada madre: me adelanto a los acontecimientos a través de los sueños, como si un duende invisible viajero del futuro me soplara el destino en la pata de mi oído semisordo y hablando en cuti, o a veces borrosamente, como una profecía revelada a través de una bola de cristal esmerilado, pero tengo hasta testigos de que en un plazo no mayor a una o dos semanas, se han hecho realidad literalmente algunos de mis más recientes sueños.

Algunas personas con quienes he hablado acerca de esto aseguran que el fenómeno tiene que ver con mi embarazo, que según muchas culturas es un período que despierta en las mujeres una intuición más allá de lo explicable. Lamentablemente no se trata de un fenómeno voluntario, no puedo predecir los resultados de los animalitos ni las visiones que he tenido son acerca de pregunta que me haya hecho, pero ha sido divertido verle los ojos pelados más de una vez a mi amado compañero cuando nos enteramos de algún suceso que poco antes yo le había dicho que había soñado.

Hasta que un día soñé que menstruaba y, consciente en el mundo onírico de mi estado de preñez, desperté con el terror de haber tenido una pesadilla. Días después, hace muy poco, la escena exacta de mi sueño se reprodujo en la realidad: fui al baño y descubrí que sangraba.

Querida mujer que me lees, si algo te suplico en esta vida es que, tengas la edad que tengas y de manera especial si eres joven, a partir de este momento y para siempre, investigues y aprendas todo lo que puedas sobre tu propio cuerpo y el cuidado de tu mente. Pregunta, busca a otras mujeres que te puedan dar respuestas, escucha historias de gente abierta y positiva, romper el oscurantismo vaginal es tan urgente como cualquier otro objetivo feminista.
Si alguien me hubiera dado este consejo hace seis meses, yo habría asentido, sonreído y desechado esas palabras en menos de cuarenta segundos porque, o sea, qué me van a estar diciendo a mí nada, si yo lo sé todo, absolutamente todo sobre mi sexualidad. Hoy, con veinte semanas de embarazo y habiendo aprendido que el miedo es más terrible cuando lo que está en riesgo no es tu vida sino la de la hija que aún no conoces, agradezco la compañía y el apoyo de las personas que durante dos días me ayudaron a salir del estado de terror para ingresar en el de la disciplina, el autocuidado y la toma de conciencia sobre mi estado.
Para que no se asusten por mí, ni si les llega a pasar a ustedes les contaré: algunas embarazadas sangramos mucho, y esto no nos lo advierte nadie hasta que pasa. Sangramos por la nariz, nos sangran los oídos, nos sangran las encías, nos sangra todo. El fenómeno está relacionado a cambios en la vascularidad de todo el cuerpo, y los vasitos de las mucosas son especialmente susceptibles a este sangrado. Esta es la primera teoría que manejan mis médicos sobre lo que me ocurrió, y también es el escenario más deseable y el que incluso yo creo posible. Pero esta seguridad la tengo después de dos días de reposo absoluto y de mucha investigación y conversa con gente que sabe acerca de la materia, información y acompañamiento que sé que tengo porque soy privilegiada, porque conozco personas preparadas, porque sé preguntar y porque tengo un compañero amoroso que hace cuanto sea necesario para que yo esté tranquila.

En contraste hay tantas otras, que me duele. Mujeres solas que además de su embarazo ya cuidan varios hijos. Niñas cuyos padres las echaron de sus casas, o cuyo noviecito abandonó con todo y barriga y que no tienen a nadie de confianza a quién preguntarle y que les pueda responder.

No voy a entrar en polémica sobre si debe ser legar o no (que sí será, ya lo verán). Pero sí aprovecharé el momento para decir que la lucha debe ser también por el bien de las madres del futuro, las que sí queremos tener a nuestros hijos y queremos hacerlo en pleno conocimiento de nuestros cuerpos, empoderadas de nuestro proceso y preparadas mentalmente para enfrentar y solucionar cualquier circunstancia de tantas circunstancias comunes que se presentan durante el embarazo y de las que nadie jamás nunca nos habló.

Malú Rengifo