MICROMENTARIOS | Testigo de un nacimiento

Armando José Sequera

0

Hace algunos años conversaba con un asistente a la conferencia que yo acababa de ofrecer minutos antes sobre escritura y comunicación. La misma se había anunciado con un título desmedido: “El escritor latinoamericano ante el desafío de comunicar”.
Al abandonar la sala, el hombre –de entre 30 y 35 años, cabello negro y uno o dos centímetros más alto que yo–, se colocó a mi lado para añadir un comentario a la intervención que hizo cuando se abrió el lapso para las preguntas.
En cierto momento y no recuerdo por qué –estaba firmando un libro–, mi interlocutor soltó una frase que tuve la impresión de que estaba naciendo en ese mismo instante:
–La vida me ha enseñado que el que piensa con el estómago actúa con el culo.
Dicha frase no es de uso común, pero desde entonces se la he escuchado a algunas personas. Yo mismo la he utilizado en ocasiones, para referirme a quienes abandonan el país “en busca de unos centavos”, como señala una canción popular, dejando atrás vivienda propia, auto propio, trabajo mal remunerado aunque estable y familia.
También a referirme a quienes con la idea de hacer dinero rápido y fácil se embarcan en actividades ilícitas de las que salen más trasquilados que el primer cliente de un nuevo barbero.
Ignoro si la expresión era original de esa persona o la estaba repitiendo. Tengo para mí que surgió durante nuestro diálogo. O, mejor dicho, monólogo, porque el hombre hablaba como si acabara de abandonar un voto de silencio.
Y, aunque hasta el momento no es muy popular –tal vez por su toque soez–, siento que, al menos como espectador, estuve presente al momento de nacer una de esas sonoras locuciones que el pueblo emplea con contundencia para manifestarse.

EL MULTIFACÉTICO LIBRO

En torno a lo que es el libro siempre se suscitan controversias.
Para los puristas –en su mayoría, escritores y bibliógrafos–, se trata de una obra de arte elaborada básicamente con palabras.
Los editores, distribuidores y vendedores de libros, sin dejar de estimarlo como obra de arte, lo valoran también como una mercancía. No en balde su interés primordial es venderlo, obtener por él un beneficio comercial.
Para los comunicadores, el libro es, además, un medio de comunicación. Para mí, el más importante que ha existido, porque es el único capaz de trascender el tiempo. Los otros medios son efímeros o, cuando menos, transitorios.
El libro es algo más. Es, como toda manifestación artística, un elemento cultural universal. Y, aunque refleja lo particular de las sociedades, es común a todas ellas, incluso a las ágrafas pues lo que se sabe de ellas se transmite mediante libros.
El libro, en resumen, es obra de arte, mercancía, medio de comunicación y elemento cultural, todo a la vez. Reducirlo a una sola de estas categorías es minusvalorarlo. Es presentar a un volcán como un géiser.

Armando José Sequera