Memorias de un escuálido en decadencia | Aranceles
04/04/2025.- ¡Se puso lindo el caney! El compañero Trump democratizó los aranceles y empezó a repartirlos a todo el mundo. Una verdadera manera de ser demócrata. Y nosotros que —desde que nos vimos– estamos padeciendo esta soberana dictadura y no encontramos cómo carajo salir de ella, ahora viene el compañero Trump y nos aplica unos aranceles. Es verdad que ya esta es la segunda vez que el compañero Trump nos ayuda. La primera fue nombrando presidente interino a Juan —Desfachatado— Guaidó, y ahora aplicando aranceles y sanciones y bloqueos y enviando venezolanos a El Salvador, y, aunque parezca mentira, ahí parece que no tienen cómo salvarse de esa cárcel donde los enviaron. En fin, que hay aranceles para todo el mundo que es ancho y ajeno, y el hombre, es decir, el compañero Trump, está haciendo realidad su eslogan de campaña: "Hacer de Estados Unidos un país grande". Por ese camino va, por el camino verde que por el valle se pierde. Y nos sigue ayudando, pero la ayuda de nosotros no aparece por ningún lado. Fíjense que el compañero Trump no nombró a Mike Pence, ni a John Bolton, ni a aquel tipo que dijo que en la CIA lo habían enseñado a robar, mentir y engañar, pero que en eso Guaidó lo superó… ¡Ah, ya sé! ¡Mike Pompeo! A ninguno de esos tipos los llamó Trump para gobernar, sino que se nombró a Elon Musk, a Vence y al admirado Marco Rubio, que cada vez que escucha la palabra Venezuela saca su revólver. Ahí está, echándole bolas para ver si de una buena vez salimos de esta dictadura, que por más sanciones y bloqueos y aranceles no se cae, cae, cae como el rocío despacito.
Los chavistas ya lanzaron sus candidatos y candidatas a gobernadores y gobernadoras (nótese que estoy usando el lenguaje inclusivo para que las feministas no se arrechen). El hombre del garrote vil, es decir, el del programita de los miércoles, los fue nombrando, como si estuviera pasando una lista del primer grado A. Después, se reunieron con el dictador para escuchar los lineamientos. Los mismos de siempre: "Hay que querer mucho al pueblo, muchachos… Hay que escuchar al pueblo, que es el que manda"… y todas esas cosas que se repiten cada vez que hay elecciones. "Estoy seguro —dijo el compañero Ramos —Espoleta— Allup— de que si les hubiese preguntado: '¿Quién de ustedes ha leído el Plan de la Patria?, nadie levanta la mano". Y lo más arrecho es que ya tienen su candidato para el estado Esequibo, por cierto, un candidato que está en reclamación por parte de Guyana, porque antes de nombrarlo, ya ellos habían dicho que no aceptaban esa candidatura. Y ante el problema con el Esequibo, los compañeros Edmundo —¿Seguirá Siendo Presidente?— González y la compañera María —Súmate— Machado sacaron un comunicado donde dicen que están dispuestos a sacrificar sus vidas por recuperar el Esequibo, peleando en la Corte Internacional de Justicia. Por lo visto, no saben que es con el Acuerdo de Ginebra en mano con el que se tiene que discutir, un acuerdo que fue firmado por las partes; es decir, Venezuela y Guyana, en 1966. Pero "no se le puede pedir peras al horno", como diría el compañero Manuel Rosales…
Lo que arrecha que jode es que la dictadura ya tiene su trabuco. Así llaman ellos a ese montón de bates quebraos que presentaron ante lo que queda de país. Y nosotros no tenemos un carajo. Lo que sí tenemos es una pelea a muerte porque unos quieren participar y otros no. Mientras tanto, la dictadura está feliz a pesar de que la subida del dólar les bajó un poco la alegría. El dólar está con nosotros y con tu espíritu, pero tampoco se puede hacer un carajo porque el gobierno está más duro que sancocho de pato.
El papá de Margot vio por el canal ocho a los candidatos de la dictadura y dijo: "Ya están listos para jodernos y nosotros peleando como unos mismos bolsas, que si participamos, que si no participamos… ¡No me jodan!". Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: "¿No te nombraron candidato a gobernador? Muérgano".
—Madre, si me matan, pide a los soldados que te den tu muerto… —me declama Margot.
Roberto Malaver