Caracas 26, de Mayo de 2026
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Psicosoma | Resistencia humana

El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos.

Simone de Beauvoir 

 

22/05/2026.- El mes de mayo, desde sus inicios, me lleva por caminos conocidos que siempre tienen algo extraordinario por más que se repitan.

Encuentros con artistas, estudiantes, talleristas, familiares, amistades y vecinos me invitan a vivir con más esperanza y amor al ser humano y al arte. Cada ser encierra un torrente de potencialidades y, a nivel individual, es toda una caja de resonancia abierta al canto amoroso.

Darles saludos, sonrisas, un momento de tiempo, de presencia con una conversación, hace posible esa conexión afectiva "sí me importas".

En las cuadras de mi "eterno deambular" diviso a diario personas y, en especial, a un tipo que "vive forrado en ropas gruesas, gorro gastado que deja notar cabellos castaños, un rostro de vikingo fuerte y curtido, manos gruesas con anillos en casi todos los dedos, de pantalón gris manchado de betún con rastros de orina y heces, con unas zapatillas nuevas y de almohada la mochila de ropa y su infaltable botella de ron; el guaro que disfruta desde la mañana. Su nombre es Víctor, de la provincia de Alajuela, y cuenta que sus hermanos lo botaron de su casa y que su mamá está de acuerdo y, al recordar, se pone a llorar. 

Algunas vecinas me miran sorprendidas y así me mantengo con mis saludos cortos. Me extraña que nunca pide limosna, pero noto que tiene potes de arroz con frijoles, botellas, latas regadas, y él, apoyado en la acera, dormita; al pronunciar su nombre se levanta y, medio entre sueños, me conversa. Es un hombre inmenso, de barba rojiza, que camina lento, y ya cambió su "descanso" cerca de la parada del bus, frente a una panadería que tiene un techito para protegerse de la lluvia. Me sorprendió al bajar del bus porque me reconoció. Le digo que insista en regresar a su casa familiar, que vienen las lluvias.

Ojalá haya regresado. No se le ve por la zona, comentaba con la vecina, quien no cree en la rehabilitación de los adictos y que "más bien es un gasto para el Estado y un peligro para la sociedad".

Es todo un dilema discutir y le propongo acudir a instancias de salud o buscar apoyo en la casa comunal, en la iglesia. Mis amigos Carlos y Andrés me dicen que "esa gente de la calle es de mal vivir y se pierde el tiempo". Figúrese, mi hermano, desde los trece años es dependiente de las drogas, roba a la familia y prefiere la calle; lleva cincuenta años viviendo de esa forma y su mamá hasta se murió".

Situaciones como estas se repiten en las familias, que prefieren excluir a "la manzana podrida" y lo más terrible es que no creen en la terapia cognitivo-conductual (TCC) de la psicología; creen que solo importa la voluntad personal del adicto para dejar las drogas y no buscan ayuda médica de salud mental. Todavía la gente le tiene miedo a la psiquiatría, a la psicología, y muchos prefieren acudir a los hechiceros, brujos, para sacar los maleficios: la "limpieza".

Las creencias culturales, religiosas, filosóficas y políticas nos dan marcos que nos delimitan al cambio, a sumar diversas formas para concebir y crear soluciones en las situaciones que nos toca vivir, y cómo nos cuesta comprender la fuerza de las organizaciones, y no son designios del "más allá", son constructos, paradigmas hechos por personas que visualizan "guerras" y nos meten en un "costal de gatos", por no decir cual Titanic, en los que se salvan los poderosos.

Podemos tener una herencia genética marcada por cromosomas malignos, pero si los detonantes están en estado de "hibernar", se mantendrán de esa forma y con los avances de la epigenética se podrían cambiar esos "marcadores". La resistencia nos rehace con los cuentos y "narrativas". Reinventarse es generar nuevos constructos que revierten las supuestas fatalidades y desesperanzas. El cuerpo humano, con sus sistemas, energías, psique, mente y espíritu, es todo un devenir en procesos, y los mundos pasados de sobrevivencias ancestrales nos enseñaron con sus estrategias de resistencia.

Tenemos mucho que aprender de la gente de la calle, de los "huelepega" bajo el puente, de las meretrices, adictos al popper, barbitúricos, de la diversidad humana que hace posible "sus vidas", e incluso reflexionar sobre "los esfumados" japoneses que han creado una nueva forma de resistir al sistema o han creado otras. Todo está en discusión rumbo al tercer milenio.

 

Rosa Anca