Historia viva | Escaladas violentas a "la transición"
Por Aldemaro Barrios Romero
10/06/2026.- La vara de equilibrista de Donald Trump, en cuyos extremos penden guerras y conflictos internacionales provocados y déficits por deudas interna y externa de EE. UU., se mueve inestablemente cada vez que el presidente de Estados Unidos mueve un paso hacia adelante y otro hacia atrás en una carrera por alcanzar la meta del medio término de su gobierno en una transición que apunta a su derrota en las elecciones de noviembre.
Las encuestas en Estados Unidos sobre su gestión no le son favorables, como tampoco le son providenciales las muestras en los comicios electorales en los países del polo latinoamericano, cuando cada vez los pueblos aventajan el progresismo, aunque las manos ocultas del fraude se evidencian descaradamente para torcer los resultados a favor de la derecha.
Recientemente, el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, pronunció un discurso ante los asistentes del Foro del Club de Valdai, una reunión de intelectuales, empresarios y líderes políticos de Rusia y del mundo, en el que emitió duras críticas a la visión arcaica del Destino Manifiesto reafirmada por el presidente Trump, a quien nombró el “Júpiter” de estos tiempos, una comparación que ridiculiza al mandatario estadounidense, señalando que algunos intelectuales, en conversaciones privadas, le habían señalado la “virtual desaparición de Europa y la pérdida gradual de poder de la Unión Europea”, y aquí no especularíamos sobre la responsabilidad que tiene el Gobierno de EE. UU. sobre la pérdida de soberanía de los europeos.
La escalada de agresiones contra Venezuela, desde 2001 hasta hoy, tuvo su cenit el 3 de enero de 2026, pero aún el Gobierno de Estados Unidos mantiene sus francotiradores apuntando al corazón de la unidad del chavismo como objetivo estratégico. La fracturación del bolivarianismo no es un asunto solamente para derrotarlo en Venezuela, sino que tiene una campana de resonancia en el resto de América Latina, donde Chávez se convirtió en el líder continental y referente histórico-simbólico.
El problema que se le plantea a Marco Rubio y otros mandatarios de su tipo es que tirotear símbolos como Chávez y Fidel resulta una operación complicada para el convencionalismo guerrerista norteamericano, a pesar de su especialización en operaciones antropológicas que tiene su contraparte en formas de resistencia popular, a veces silenciosa, que se fortalecen en el campo de batalla diario, y de ello debemos estar conscientes quienes somos atacados por flancos inverosímiles cuyas baterías y granadas nos acompañan cuando tenemos las armas del enemigo en nuestros bolsillos o en nuestras propias manos en forma de teléfonos celulares cuyos mensajes a veces nos engañan y enganchan con mentiras.
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