Libros libres | William Shakespeare, poeta
Por Gabriel Jiménez Emán
15/06/2026.- La vida amorosa de William Shakespeare es un enigma. Todo en ella resulta poco claro. Aparentemente, se prendó de una muchacha en su juventud y no fue correspondido por ella; entonces, se refugió en el afecto de una mujer ocho años mayor que él, Anne Hathaway, con quien se casó a los dieciocho años, más por despecho y compromiso (“para reparar un desliz juvenil”, según documentos de la época) que por verdadero amor. Con esta tuvo tres hijos, Sussana y los mellizos Judith y Hammet; este último murió cuando apenas contaba once años de edad.
El tema amoroso tiene en Shakespeare, sin embargo, uno de sus motivos centrales tanto en tragedias y comedias como Antonio y Cleopatra y Romeo y Julieta o Trabajos de amor perdidos como en sus Sonetos de amor, que comienza a escribir desde 1593 hasta 1599, llegando a la cifra de 154 sonetos, finalmente editados en 1609 por Thomas Thorpe. Antes, en 1592, publica los poemas Venus y Adonis y La violación de Lucrecia, dedicados ambos a Henry Wriothesly, conde de Southampton y barón de Tichfield.
En la dedicatoria de este último poema dice: “Lo que he hecho os pertenece, y lo que haga también os pertenecerá, como porción de todo cuanto os he dedicado”. En la dedicatoria de Venus y Adonis (1592) anota, al dedicar el poema al conde de Southampton (su tema, sin embargo, según explica James Joyce, puede ser la seducción ejercida por Anne Hathaway sobre él): "Considero mi actitud valiosa si vuestro honor queda satisfecho, y esto me compromete a obtener el mayor beneficio posible de mis horas de ocio, hasta lograr homenajear a vuestra señoría con un trabajo de mayor valía. Pero si el primogénito de mi invención resulta deforme, lamentaré el haber elegido tan notable padrino, y nunca volveré a cultivar tan árido terreno por temor a recoger una mala cosecha. A vuestro honorable juicio lo encomiendo y a vuestra gracia para deleite de su corazón, el cual espero responda siempre a vuestros deseos más íntimos y a las esperanzas más llenas de expectación del mundo”.
Casi con toda seguridad, William se enamoró del barón Henry Wriothesly y —haya consumado con él o no una relación carnal erótica— veía en él algo más que a un noble virtuoso o un amigo fiel, lo cual es algo totalmente posible. También se ha hablado de una famosa "dama oscura”, objeto de destinatario de estos sonetos; pero el mismo Shakespeare se prestó a oscurecer el destinatario real invirtiendo las siglas (W.H.) y sumiendo el asunto de nuevo en el misterio. Sea como fuere (si lo pensamos bien, puede ser las tres cosas), los poemas han permanecido como unos de los más hermosos de la literatura inglesa. Yo he intentado un tímido ejercicio personal de traducción al castellano, conociendo el riesgo que esto implica, más por realizar un divertimento personal con el lenguaje que por creer que mis humildes versiones puedan dar una idea de la música interna que poseen en el idioma inglés. A continuación ofrecemos el primero de estos sonetos.
De las hadas deseamos aumentar su belleza
William Shakespeare
I
De las hadas deseamos aumentar la belleza
para que la belleza de la rosa nunca pueda morir
y si entonces el fruto más maduro debe por el tiempo perecer,
su tierna espiga logre conservar.
Pero tú, unido siempre a tus propios ojos radiantes
alimentas la llama de tu luz con la combustión de tu propia sustancia,
llevando la carencia allí donde está la abundancia
enemigo de ti mismo, demasiado cruel con tu propia dulzura.
Tú que eres ahora el fresco ornamento del mundo
y único anunciador de la brillante primavera
dentro de ti mismo repudias el capullo de tu contento
y, avaro inmaduro, despilfarras todo en tu mezquindad.
Ten piedad del mundo, o si no, glotón como eres, para comer lo que al mundo debes, te unirás a la tumba.
William Shakespeare
(Trad. Gabriel Jiménez Emán)
Etiquetas
Compartir













