Caracas, 17 de junio 2026
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Al derecho y al revés | El Niño, la historia y la geografía

Por Domingo Alberto Rangel


17/06/2026.- El entierro del Niño Guerrero —dicen los testigos— fue un evento social y popular, llevado a cabo con el protocolo de la Corte Malandra. Había licores que pasaban de mano en mano cada vez que terminaba un brindis por el alma del difunto. El ataúd fue bajado varias veces para abrir la tapa y homenajearlo. También hubo mucha gente que lloró en otras partes, sin estar frente a las inexistentes cámaras de las televisoras, porque había órdenes de "no cubrir" el entierro.

Me parece que a este individuo lo estaban buscando desde hacía tiempo, mas no porque fuese un delincuente poderoso —que a su escala lo era, aunque no como Pablo Escobar en Colombia ni, en su momento, como Al Capone en los Estados Unidos—.

Desde finales del año pasado corría un bulo según el cual Guerrero sería pariente de la primera dama —como si las maldades o bondades de los ascendientes, uno las heredara—. Tal mentira, sin embargo, fue difundida y habrá gente que aún la crea, pero, sea como fuese, el invento pasó a que la suerte del criminal estaba echada. Así como antes mataron tripulantes de lanchas rápidas —de los que la Fiscalía y las personas ya se olvidaron—, también se podría asegurar que el presunto familiar de Cilia Flores dirigía, en Guayana —donde apenas era un "recién llegado"—, lo que se les ocurriera a los enemigos del gobierno.

Y estos hechos, sin tratar de minimizar las actividades que llevaba a cabo el Niño Guerrero, son, como menos, contradictorios.

El Niño fundó una banda que en Aragua se dedicó —antes de subir de categoría— a "controlar" los ingresos de los trabajadores para las contratistas de un ferrocarril que uniría los Valles del Tuy con Puerto Cabello.

Nadie podía dejar de pagar la coima ni por un mes. Aceptaban y financiaban pagos por cuotas, aunque en Venezuela ni los bancos pueden hacer legalmente lo que esas instituciones hacen desde su nacimiento en la Venecia medieval.

El Niño y sus compinches estaban presos en Tocorón, cumpliendo penas por varios delitos menores, cuando llegó a las cárceles la "genial" idea consistente en introducir "pranes" —jefes de los presos elegidos con violencia—. Allí entendió Guerrero que lo mejor era operar desde la prisión y —sin pagar oficinas, servicios, etc.— crecieron al ingresar al mundo de la extorsión.

Sin embargo, hablachentos como eran, llegaron a operar en Tocorón un negocio con una discoteca que ofrecía, además y "con mayor seguridad que las de Maracay", una cancha para toros coleados y servicios de seguridad en fiestas y cumpleaños.

Ahí se les fue la mano.

El Estado tuvo que actuar y, según decía Nicolás Maduro, "tuvieron que cerrar la cárcel de Tocorón (…) [y] trasladar presos a otros penales (...), usando una fuerza de once mil efectivos, entre militares y policías".

Algunos presos se escaparon por túneles o simplemente fueron dejados en libertad en el estado Bolívar.

A este punto conviene decir —para que los gringos conozcan algo de nuestra historia— que toda la zona comprendida entre los estados Bolívar, Delta Amacuro y Amazonas remeda el salvaje oeste de los Estados Unidos. ¡Allí el Estado es aún más débil que en el resto del país! En el alto Orinoco se puede viajar río arriba durante horas sin ver un ser humano ni vestigios de civilización.

Ojo: que los gringos no se rían, ya que a ellos, a diario, por la frontera sur se les cuelan cantidades de migrantes que huyen del hambre o la violencia, pero nadie los tilda como una nación de fracasados.

Volviendo a lo nuestro: el Niño supongo que llegó a Bolívar intentando hacer lo que ya sabía, es decir: extorsionar y robar alguna gallina..., pero de allí a elevarse como jefe hay un trecho, sobre todo en una zona donde operan remanentes de tres guerrillas colombianas —el ELN, las FARC Nueva Marquetalia y remanentes del FPL—, aparte de garimpeiros, bandeirantes y malandros nuestros, sin olvidar a la GNB.

Allí, el Niño no podía siquiera intentar ser "el jefe". Lo habrían asesinado sus presuntos subalternos. De hecho, en los videos que nos han llegado —todos comprobados— se ve que tanto el Niño como los que lo rodeaban eran auténticos pobres.

Cuando ametrallaron desde un helicóptero yanqui a gente que corría, solo se aprecia en los videos a gente calzando cholas, muchos con pantalones cortos y, por supuesto, sin medias. Esos son los que sacan el oro y viven soñando en medio de su miseria. Sin ellos es relativamente poco lo que pueden extraer las grandes empresas, porque el oro venezolano es cierto que existe, pero "graneado". No es el caso de Brasil o Sudáfrica y por eso en la cuarta reserva del mundo no operan transnacionales y los canadienses de Las Cristinas no invirtieron, pero demandaron como si lo hubiesen hecho.

Bien: se ve que los americanos —que desde el 3 de enero se apoderaron del comercio de petróleo y oro venezolanos— protestan sin saber cómo se bate el cobre allá en el sur.

"Queremos mayor producción". Eso es posible que lo hayan dicho y, por eso, ya llegan plantas de lixiviación de oro, el cual seguro que se sacará, pero "de a poquito". En una región salvaje que ni el general Gómez pudo controlar —remember Funes y Arévalo Cedeño—, procesarán lo que dejen los pobres que asistieron al entierro del Niño —quien después de muerto reveló su ADN tipo Robin Hood— o los GNB, etc.

No es Delcy quien escamotea el oro; es la geografía, la historia y la pobreza que reina en esos territorios, donde hay otras consideraciones, que ya aparecerán.