Letra desatada | Edwin y Ender
Por Mercedes Chacín Diaz
Tal vez tenga más de 30 años escribiendo sobre Caracas. Quienes vivimos en esta urbe sabemos de los esfuerzos que las autoridades han hecho para hacer de la capital de la república un lugar bonito. Ha tenido sus momentos esplendorosos, tantos que no extraño especialmente una época porque alcaldes, alcadesas, jefas y jefes de gobierno, gobernadores, gobernadoras, habitantes, visitantes, presidentes y presidentas, todas y todos hemos disfrutado de su peculiar belleza arquitectónica que contrasta un imponente monumento natural que la determina, que la caracteriza.
Con la crónica como recurso la hemos narrado por décadas en compañía de diversos autores y autoras. Gente amante de la palabra con quienes logramos coincidir en la revista Épale CCS y en el diario Ciudad CCS. La hemos narrado con la gente, con su gente, con sus contradicciones urbanas, con su belleza y su caos, con su trasporte público increíblemente insuficiente siempre, herencia de la Venezuela saudita. De esa insuficiencia, surgen estas letras. De esa insuficiencia han nacido iniciativas nada originales como el Metro de Caracas, líneas de autobuses, líneas de taxis, carros particulares, metrobuses (la mas seria experiencia de transporte público) y las motocicletas que entraron en ese ecosistema vial que no es tal, para contribuir desde el desorden general.
Es importante decir que las y los motorizados no son una causa pero si la consecuencia que caracteriza al transporte de una ciudad que se parece mucho a su gente. Simpatía, solidaridad, amistad, rapidez, alegría. Alegría que desaparece con la imprudencia. La muerte encontró a Edwin Niño -hombre de números, hombre bohemio, hombre padre, hombre hermano, hijo y esposo- encima de una moto, que fue embestida la madrugada del pasado sábado 13 de junio por un automóvil en la parroquia El Paraíso. Con su partida, su inmensa humanidad y eterna sonrisa Edwin parece llamarnos la atención. Tal como hace varios años nos lo advirtió la muerte de Ender Curbelo, fotógrafo de Ciudad CCS quien falleció en el cumplimiento de su trabajo. Dos vidas de la familia Ciudad CCS que se apagaron en distintos momentos con motocicletas involucradas. Ender y Edwin no son una excepción. Por el contrario. Pasaron a formar parte de una estadística que alerta, que nos alerta desde distintos ángulos.
Las moto taxis, convertidas en transporte público, en transporte familiar, en delivery de todo tipo de mercancías sin control de las autoridades de tránsito tampoco son una excepción. Si a eso le sumamos el incumplimiento de las leyes de tránsito por los taxistas en cuatro ruedas, los “carritos por puesto”, los autobuseros, los peatones, la economía informal y los policías pegados de las pantallas de los celulares, no nos queda mucho que decir.
La muerte no tiene solución. Ordenar el tránsito de la hermosa Caracas, sí. Por Énder, Por Edwin, por los niños y niñas del futuro, urge actuar. Sigamos.
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