Caraqueñidad | sismos, ¿humor? y animalitos
Por Luis Martín
20/07/2026.- Aún entre llantos, desasosiego, incertidumbre, rabia, impotencia y tantos otros sentimientos de frustración ante las pérdidas humanas, materiales y espirituales debido a los acontecimientos que movieron la tierra durante la tarde de San Juan, el pasado 24 de junio de 2026, prevalece entre los signos de la resiliencia criolla un marcado agradecimiento colectivo a Dios porque, “por algún propósito, nos dejó con vida”, además de un fino sentido del humor —que nos identifica como únicos en el mundo— para darnos fuerza y seguir adelante.
Hemos aprendido a sacar lo mejor de cada uno al asumir las más rudas situaciones. Nuestro variado carácter se sigue alimentando a diario, entre lo que se consume a través de las invasivas redes sociales, que magnifican eventos y sucesos ligados o no a la catástrofe, entre las múltiples opiniones acerca del terremoto en sí, y muchas otras versiones en torno a las consecuencias.
Como si faltaran ingredientes a tan variada receta de teóricos y especialistas, no se puede obviar que todo sucede mientras en el norte del continente se desarrollan los días decisivos de la Copa del Mundo, organizado por la tan criticada FIFA de Infantino, donde pasaron a la final dos selecciones de habla hispana, en contra de predicciones o suposiciones supremacistas europeas y sajonas, tan erradas en sus cálculos, que inicialmente habían prohibido las ruedas de prensa en español. Pero vamos por partes.
De ñapa, ahora el subsuelo tachirense sufre de “combustión espontánea”, demostrando que esto está que quema, ya que, al parecer, el suceso telúrico fragmentó tanto las bases del ineficiente BCV que el dólar se hace cada día inalcanzable.
Por un lado, el presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos (SVG), Feliciano De Santis Suárez, con su tono sobrio transmite paz. Para él fue un doble terremoto que, al menos en ese mismo corredor sísmico, no debería repetirse tan pronto; aunque recientemente alertó con posibles situaciones similares, no se sabe cuándo, pero hacia los Andes. Dios nos agarre confesados.
Por otro lado, apareció su colega dominicano, Osiris de León, quien, con voz altisonante y mucha seguridad, niega la teoría del doblete sísmico… Cada uno, desde sus conocimientos, convicciones y criterios, expone su parecer; se supone que con la mejor intención, para orientarnos acerca de algo que sucede en segundos y arrasa lo que sea, así te expliquen lo que sea.
En esta gran aldea, el ser humano de a pie lo asume a su manera, con los efectos y consecuencias ya experimentados; otros, muy pocos, por cierto —afortunadamente son minoría—, con el sentir desde su indisoluble relación con las causas. Conciencia y esperanzas se abrazan tras una luz que a veces muestra resplandor, pero que simultáneamente está apagada, difícil de explicar.
En cambio, los animales, dicen todos los expertos, actúan antes, durante y después de cada evento, desde sus muy desarrollados sentidos del olfato y el oído, y desde su instinto que, inicialmente, muestra desorientación, miedo, ansiedad, pero que luego muta en un extraño conocimiento que, a pesar de su inocencia, los acerca a los sitios más seguros, en los que hay mayor posibilidad de resguardarse. Ah, y de manera impresionante, en los días posteriores recobran un perfecto estado de conciencia que los hace extrañar a sus seres queridos, que son sus verdaderos familiares. Por cierto, muchos de ellos salvaron a sus semejantes y a seres humanos.
¿A quién andaría buscando el caimán rescatado en El Hatillo, o los peces que se salieron del mar en La Guaira y en Margarita, o las culebras en Catia, o los venados en San Bernardino, o los monos en Caricuao, o los leones en Falcón, o los zamuros que llegaron a Estados Unidos…? ¿A quién?
En medio de tanta desorientación, se presenta la final del Mundial, a la que llega un protagonista en contra de negacionistas y estúpidas teorías “conspiranoicas”, un animal que, con goles, asistencias, presencia y “bolas” —sinónimo de testículos— dejó atrás a cuanto rival le salió al paso, según un sorteo que él no hizo. Él tomó la batuta de su equipo y fue triunfando. El día del cataclismo venezolano, ese personaje cumplió 39 años de edad y con esa carga etaria siguió driblando y persiguiendo su sueño. Si Maradona mostró la mano de Dios, este animal mostró su pierna zurda sagrada. Acabó con todos los rivales de todos los continentes. Con dos asistencias, una de ellas con la derecha, desmitificó el asunto de las Malvinas —donde, por cierto, la gente desea seguir bajo tutelaje británico, tal como lo indican las recientes encuestas—. Ese animal, cuyo nombre lo pone usted desde su lectura, es la cabra del fútbol. Y, sin importar el resultado de la final ante España, siempre enfrentó a generaciones de jugadores que lo admiraron desde sus respectivas infancias y todos manifestaron su deseo de intercambiar, pospartido, sus franelas con la del 10 argentino, el GOAT, siglas que significan Greatest Of All Time, "el mejor de todos los tiempos", y al traducirlo al español significa “cabra”; sin dudas, el animalito que estará más de moda y el más solicitado en las agencias de loterías.
Por cierto, los niños sobrevivientes de la tragedia, desde su inocencia y necesidad de respirar otro ambiente, pidieron, entre otras cosas, pantallas gigantes para distraerse con el Mundial, para reconstruir sus sueños y para seguir sus nuevos deseos tras una pelota.
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