Letra fría | Asfalto infierno. Tercer capítulo
Por Humberto Márquez
11/09/2026.- Si el segundo capítulo de "La patria bohemia que nació derrotada" nos dio para titular "Como si fuera película" —porque ciertamente parecía un filme de acción en plena efervescencia política—, este tercer capítulo, "Asfalto infierno", aborda el trabajo de Daniel González en el que converge el espíritu ballenero, siempre subversivo, provocador, irracional y surrealista. Se trata de su primer libro de fotografía, titulado Asfalto infierno (1963), considerado hoy como uno de los más importantes del continente latinoamericano, y no de un libro de Adriano González León, como suele aparecer. La imagen que me viene de entrada es imaginar a estas dos talentosas muchachas, Lissy de Abreu Gallego y Aline Dos Reis Albuja, cámara en mano, hurgando por aquellos deliciosos bares y averiguándoles la vida (y la muerte) a sus concurrentes. El capítulo arranca precisamente con el atraco que sufriera el gran escritor argentino venezolanizado hasta la médula, cuya gravedad, producto de las lesiones causadas por sus agresores, lo llevaría a la muerte.
Esto ubica la acción el 2 de mayo de 1983, cuando muere Baica y la República del Este ya vivía sus últimos estertores. La profecía de Caupolicán —de que por ese hueco excavado por el Metro de Caracas saldría la gente que nos sacaría de Sabana Grande— se había cumplido. Como en el buen cine, la figura del flashback permite que, a partir de Baica, el más noble de los bebedores de la comarca, se reconstruya parte de lo que fue la República y sus alrededores. Y, un poco más atrás, las historias del Bar Iruña, frente al Teatro Municipal, donde se reunían los poetas y artistas del grupo Sardio en tiempos de Marcos Pérez Jiménez.
Ciertamente, el Metro cambió la esencia de Sabana Grande: la Calle Real mutó en bulevar y en el recuerdo quedaron las Historias de la calle Lincoln, que escribiera el difunto Carlos Noguera. Sin embargo, en lo que se enfocan las muchachas es en El Techo de la Ballena, que antecedió a la República del Este. Un hito clave ocurrió el 2 de noviembre de 1962 con la inauguración de la exposición de Carlos Contramaestre, Homenaje a la necrofilia, en el garaje número 16 de la calle Villaflor, cuyos títulos eran bastante irreverentes: Erección ante un entierro, Flora cadavérica, Beso negro y Ventajas e inconvenientes del condón. La exposición, que exhibía carne de ganado y sus vísceras, pretendía denunciar la carnicería humana de la época cometida por el gobierno. La jerarquía eclesiástica pegó el grito en el cielo y las autoridades sanitarias tuvieron que intervenir cuando se desató la gusanera.
Entre las referencias básicas de entonces, estaban El Gran Café, con su historia de Papillón, el fugado de Cayena, y, en diagonal, el Chicken Bar B-Q, el sitio chucky lucky de la época, donde podías ver a señoronas tomando el té, a estudiantes bebiendo cerveza o a intelectuales enchufados bebiendo whisky a granel. Todo eso ocurría en la avenida Lincoln, entre las calles Pascual Navarro y El Colegio, donde quedaban La Vesuviana y El Viñedo.
Hay un cuento de 1983 que refieren estas muchachas y que nunca pude aclarar: una supuesta "culebra" entre el Chino Valera y Orlando Araujo. Aunque ambos eran belicosos, no tengo referencias precisas; además, por aquel tiempo yo estaba en París, así que ni pendiente. Tampoco de los chismes de pasillo sobre Isabel la Católica, la gallega dueña de Camilo's, ni de las escapadas furtivas de Zuleyma, La Poderosa, con el presidente Jaime Lusinchi, quien era otro borrachín de aquella camada. De pana que ahí pasaba de todo.
¡Eso no fue fácil!
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