Clodovaldo Hernández: El periodismo es la mejor profesión del mundo
Discurso periodístico se ha ido desintegrando debido a exigencias de formatos digitales
17/09/26.- En ocasión de haber sido distinguido con el Premio Único Simón Bolívar 2026, máximo galardón de la edición de este año del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el periodista y analista político Clodovaldo Hernández ofreció una entrevista exclusiva a nuestro diario digital Ciudad CCs, en la que nos dejó ver su visión sobre el significado de la labor periodística, sobre los cambios que ha experimentado, las expectativas a futuro.
Con más de cuarenta años de experiencia periodística, el también autor de un poemario publicado, en el año 2016, titulado “Reinventario” y de una novela que se llama “Esa larga infinita distancia”, que se publicó en el año 2022, es reconocido por su trabajo y su compromiso con la ética, la investigación y la verdad.
—Licenciado, ¿El periodista nace o se hace? ¿Requiere un talento natural o se desarrolla con fines de sobrevivencia económica?
En mi caso, creo que nací con algunos de los atributos necesarios para ejercer el periodismo, sobre todo en lo que se refiere a la facilidad para la expresión escrita. En cambio, tenía un antitalento para la interacción social, el cual, por cierto, no he superado por completo. Tuve que batallar muy duro con la timidez porque esta es una gran desventaja en el ejercicio de esta profesión.
En cuanto al aspecto económico, si mi familia hubiese estado en situación de solvencia, tal vez hubiese estudiado Letras. Dicho sin ironías, por fortuna éramos pobres. Lo cierto es que también me interesé en el periodismo desde muy muchacho. En cualquier caso, tanto en esa época (años 80) como ahora, me parece muy preciso ese término de “sobrevivencia económica” porque tampoco es de las carreras más rentables que alguien pudiera estudiar entonces. Y creo que ahora tampoco lo es, a menos, claro, que se tenga mucho talento para los negocios o que se olvide uno de las limitaciones éticas.
—Hay quien afirma que el periodismo no es el mejor oficio del mundo, como afirmó Gabriel García Márquez, porque ya no es un oficio: el periodismo es una profesión. “Mirar el Periodismo como oficio es un tópico que sobrevive gracias a la repetición de los veteranos formados por maestros anteriores a la creación de los estudios universitarios de Periodismo”. ¿Qué opina Usted al respecto?
Para mí, siempre ha sido una profesión, con algo de sacerdocio también porque requiere de muchos sacrificios (si se ejerce con honestidad, claro). Tienen razón los que dicen que antes era más oficio que otra cosa y que los veteranos formados por maestros de la era preuniversitaria han ayudado a que esa frase se repita. De hecho, yo cerré mi discurso en la ceremonia del Premio Nacional con ella, aunque no dije “oficio”, sino “profesión”.
—No obstante, en la actualidad se da una situación contrastante. Hay quien se considera periodista o comunicador por el simple hecho de publicar algo, aunque sean falsedades, sobre todo a través de las redes sociales. Al respecto, cuál es su visión e interpretación de la influencia de las redes sociales en la labor periodística. ¿Cómo las ve a futuro?
Estamos en una profunda crisis del concepto mismo de periodismo, causado, entre otros factores por esa desprofesionalización generada por el acceso, aparentemente general y democrático a las comunicaciones masivas. Digo aparentemente porque sabemos que ese acceso está gobernado por los dueños de las empresas tecnofeudales.
Lo que pasa es que los periodistas universitarios no podemos responsabilizar únicamente a esos empresarios ni a la raza de comunicadores que ha nacido en las redes sociales, porque son muchos los egresados de escuelas de Comunicación Social, algunos de ellos con largas carreras ya desarrolladas, que incurren en las mismas deformaciones que los influencers y creadores de contenidos sin formación profesional. En el futuro, confío en que las audiencias exijan el retorno a las prácticas periodísticas mínimas que garanticen la veracidad de las informaciones y se impongan a la mera búsqueda de la viralidad.
— En el periodismo impreso es fundamental el arte de la buena escritura. En el periodismo digital se requiere inmediatez y brevedad ¿Afecta esto al periodismo escrito, en qué forma?
Sí, lo afecta de un modo dramático. El discurso periodístico se ha ido desintegrando debido a las exigencias de los formatos digitales en cuanto a extensión, conexiones de hipertexto e hipermedia. El afán de la inmediatez e —insisto— la búsqueda desenfrenada de la viralidad, hace que la calidad estética del lenguaje escrito pase a un segundo o tercer plano.
—¿Qué opina acerca de la inteligencia artificial y el periodismo?
Como tantas otras profesiones y oficios, el periodismo tal como lo conocemos, está cambiando también por el uso de esta herramienta. Se cumplen los sueños que durante tantos años tuvieron los dueños de los medios de comunicación del pasado de hacer periodismo sin periodistas. En cuanto a las audiencias, recibir información procesada por entidades no humanas, pero dirigidas por algoritmos creados por las plutocracias globales, tendrá, cada día más, efectos devastadores. De nuevo, espero que esto genere una reacción de los públicos en favor de las formas de comunicación con sentido humano y social, pero la perspectiva no es alentadora.
—¿Cómo se explica que comunicadores, incluso algunos reconocidos profesionales, se hayan convertido en transmisores de falsas informaciones, apartándose de la ética?
En el escenario global, cabe suponer que es por tratar de competir con quienes los han desplazado individualmente y también a los medios convencionales como empresas e instituciones. Habría que analizar cada caso.
En Venezuela, es otro de los lamentables subproductos de la guerra mediática que hemos sufrido a lo largo de varias décadas. Ya en los primeros años del gobierno del comandante Chávez, se observaron los primeros síntomas de ese fenómeno, cuando figuras estelares de los grandes medios e, incluso, reputados académicos, dejaron a un lado todos sus principios profesionales y hasta renegaron de lo que habían proclamado en sus libros y en sus cátedras para sumarse al esfuerzo por derrocar al presidente y abolir la Constitución.
Se explica, quizá, porque no creían realmente en lo que proclamaban. Cuando se vieron ante un gobierno realmente popular, demostraron ser profundamente conservadores y reaccionarios.
—¿Cree Usted que se está formando adecuadamente profesionales del periodismo en nuestras universidades? ¿Cambiaría algo en los pensa de estudios?
Ignoro como están actualmente los programas de estudio, pero puedo decir que en 2015, cuando renuncié a la labor que desarrollé durante diez años en el Programa de Formación de Grado en Comunicación Social de la Universidad Bolivariana de Venezuela, lo hice por motivos familiares, pero no pude luego regresar porque experimenté una profunda crisis vocacional respecto a la docencia: estaba convencido de que los programas de las unidades curriculares, al menos los que estaba impartiendo (Discurso Periodístico) estaban totalmente desfasados. Les estábamos enseñando a los y las estudiantes algo que era la esencia de un periodismo que ya no existía. Como se comprenderá, en la década transcurrida, ese desfase no ha hecho sino agravarse.
—¿En qué forma está restringida la libertad de expresión en nuestro país?
Padecemos, como casi todo el sur global, la imposición de agendas informativas, tendencias editoriales y sesgos ideológicos provenientes de los centros de poder mediáticos tradicionales y, en los últimos años, de las corporaciones de la plutocracia digital. Esa realidad hace que los temas que deberían estar en la agenda informativa y, en general, los medios de comunicación no alineados con el mainstream tengan una participación marginal en cuanto a los públicos y audiencias.
Adicionalmente, como consecuencia de la guerra mediática que hemos vivido desde inicios de la Revolución Bolivariana, los medios, tanto convencionales como digitales, y también los nuevos actores comunicacionales son, principalmente, militantes de uno de los bandos en pugna y eso limita también la verdadera libertad de expresión.
El destacado comunicador social envía un mensaje a la nueva generación de periodistas en el que llama a no confundir veracidad con viralidad. “Luchen para salvar y reivindicar la función social del periodismo. Son ustedes parte de generaciones de comunicadores con un privilegiado acceso a recursos técnicos para la investigación y el trabajo cotidiano. Hay que usarlos con conciencia política y profesional. Solo de esa manera evitarán que esos mismos recursos se conviertan en oficiantes directos del trabajo periodístico”.
En lo que se refiere al diario Ciudad CCS, manifiesta: “Para mí fue un orgullo ayudar a construir este medio de comunicación, así como la revista Épale Ccs. En sus tiempos de periódico impreso gratuito y popular tuvo un tremendo impacto en Caracas y hasta se replicó en otras entidades federales. Ahora, en la nueva etapa que están desarrollando, ustedes enfrentan el gran reto de ocupar un espacio significativo en el espectro de medios digitales. Tienen el talento y la formación para lograrlo y el aval de una experiencia macerada en las más duras circunstancias. Háganlo”.
A modo de colofón, me permito transcribir las palabras conclusivas de su alocución durante el acto de entrega del premio: “Declaro mi fe en los jóvenes, sobre todo en los jóvenes comunicadores que se han sobrepuesto a todas las calamidades que nos han tocado en estos años. Y declaro también mi fe en las viejas generaciones, porque todos tenemos mucho que aportar en un escenario en el cual uno de los grandes retos es evitar que se desdibujen por completo los límites éticos de esta que alguna vez nuestro Gabriel García Márquez llamó la mejor profesión del mundo”.
LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS
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