Caraqueñidad | Edgar "Yakiyá" Flores, un multifacético del baloncesto
Por Luis Martín
12/10/2026.- Ficha de la selección nacional y de Ahorristas del Caracas, hoy hace vida en las máster 60 y máster 65. Además, es un árbitro activo.
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Cuando el personaje que has admirado y te ha inspirado a crecer dentro de una disciplina deportiva expresa reciprocidad en reconocimiento, respeto y elogios por tu forma de ejecutar cada acción del juego, entonces te sabes afortunado, acaso un predestinado.
Eso le sucedió a Edgar Flores, el popular Yakiyá, quien fue gratamente sorprendido al culminar un partido en el club Paracotos. Allí recibió un apretón de manos y un emocionado "mucho gusto", acompañado de un recuerdo: "Así jugaba yo cuando joven; ese era mi estilo: agresivo, con visión periférica, toma de decisiones con velocidad, habilitaciones, juego en equipo y puntería". Tales apreciaciones emanaron de su ídolo de infancia, Fernando Cabrera, exintegrante de la selección nacional, cuando coincidieron en aquel torneo interclubes.
Así lo relató Edgar Flores, quien a sus 69 años se mantiene activo en la categoría máster 60 con el equipo Caracas Libre y en la máster 65 con Lomas de Urdaneta, en la XI edición del torneo de baloncesto para la tercera edad, organizado por la Asociación de Baloncesto Máster de la Gran Caracas (AsoMaxiBaloncesto). A esta rutina deportiva le suma su otro sustento: ejercer como árbitro federado de baloncesto desde hace 35 años.
Yakiyá recuerda que, junto a sus amigos de infancia Miguel García y Jesús Tarazón, iba a ver jugar a los mayores, entre quienes destacaban Miguelacho, Matute y su ídolo Fernando Cabrera.
Relata con nostalgia y con una sonrisa rescatada de la sana e inocente niñez:
Quería ser tan bueno como él que me ponía a imitarlo. Para mejorar mi juego y mi lanzamiento, inventé un aro de alambre y lo coloqué en el patio de mi casa. La malla era una media panti que le quité a mi mamá.
Rememora con claro agradecimiento su pasado deportivo y sus días de formación en el Centro Deportivo y Cultural Dra. Lya Imber de Coronil —conocido popularmente como el Parque Festival 67 de Coche—, bajo los auspicios del Consejo Venezolano del Niño.
Allí, como todo muchacho de la Caracas de los años sesenta y setenta, sació sus ganas de estar en una piscina y, aunque era de manera didáctica, le tomó mucho gusto a la natación. Sin embargo, un día descubrió la magia del baloncesto gracias a la oferta polideportiva que los instructores dictaban a sus alumnos. Bajo la tutela del profesor José Mejías, a la postre su primer entrenador, llegó al basquetbol para no retirarse jamás.
El exceso de horas en la piscina comenzó a decolorar y a rizar su voluminosa cabellera. En aquella época estaban de moda dos marcas de pelucas: las Cuchita —de pelo liso— y las rizadas, cuya publicidad en la voz de la actriz Marina Baura aseguraba: "Yakiyá, se pone en la cabeza y da belleza y algo más". El detalle no pasó desapercibido para su amigo Aníbal "Cachinche" Rengifo, quien aprovechó la coincidencia para bautizarlo con el popular y pegajoso apodo.
Con empeño y dedicación, Edgar Abraham Flores Dorante logró aprovechar su 1.72 metros de estatura para ganarse un puesto como piloto en las selecciones del extinto Distrito Federal, cuyos colores defendió desde 1971 en dos campeonatos nacionales (uno en Lara y otro en Caracas). Un par de años más tarde, debido a su rendimiento, su nombre fue ficha puesta en la selección juvenil distrital para disputar los nacionales de Zulia (1973) y Carabobo (1974), año en el que se reconoce su efectividad al ingresar a la selección nacional, que representó al país en el Campeonato Centroamericano y del Caribe Juvenil realizado en Guatemala. Cerró esa misma campaña en el Torneo Bolivariano Juvenil en San Cristóbal, estado Táchira.
Concluyó su ciclo juvenil en 1975 con tres grandes compromisos: el Nacional en Mérida, el Bolivariano en San Cristóbal y el Sudamericano en Brasil.
En 1976 le llegó la oportunidad de profesionalizarse en la disciplina que corre por su ADN: fue convocado a la selección que actuó en el Centroamericano y del Caribe de San Cristóbal y de inmediato dio el salto a la naciente Liga Especial con Ahorristas del Caracas, divisa en la que jugó hasta finales de la temporada de 1979.
En los años siguientes se mantuvo activo en diversos campeonatos, tiempo que alternó con su trabajo como empleado del Banco de Venezuela y con la conducción del hogar que conformó junto a su esposa Reyna Moreno y sus hijos Jakriyanis, Dulimar y Ángel.
En 1991 Edgar Flores decidió incursionar en el arbitraje y desde entonces ha mantenido ambos roles: jugador y juez, siempre desarrollando sus momentos gratos en torno a una cancha de baloncesto, su pasión. Y, hoy, su válvula de escape.
Muchos de sus amigos y admiradores, como el dirigente deportivo y exjugador Vidal Fránquiz, consideran que el base mereció más protagonismo deportivo. Puntualizó Fránquiz:
Yakiyá se mereció más minutos en cancha en su vida profesional. Era un tipo de una velocidad e indetenible. Quizá esa rapidez, sumada a su innegable versatilidad y agilidad, fue malinterpretada y poco valorada por los técnicos, que no lo incluían en algunos esquemas. Debieron aprovecharlo más, porque siempre demostró su calidad tanto en la selección como en los equipos no profesionales, y de alta factura, donde jugó.
Pero aquello es parte del pasado. Su presente transcurre con una agenda llena entre las categorías máster 60 y máster 65, a la espera de nuevos torneos para desempeñarse como árbitro.
Ese es Yakiyá, enfrentado hoy a las vicisitudes del destino tras la repentina partida de su amada Reyna —su esposa, amiga y compañera—. Sin embargo, como guerrero del deporte, no deja de driblear para sobreponerse, asumir la caída y seguir en la lucha, aferrado al apoyo y amor de sus hijos, asistiendo y soñando con seguir anotándole canastas a la vida.
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