Palabras... | Relato
La originalidad es el mejor de los plagios.
Carlos Angulo
La demencia, es el paraíso de los que saltan la razón convencional enferma. El sueño clandestino de la eternidad reprimida, el placer postergado de lo desconocido debido a la esperanza que se espera religiosamente. Aunque, no a tanto llegó Camille Claudel ( Aisne, Francia; 8-12 de 1864-Montdevergues, Vaucluse; 19-8 de 1943) que internada 30 años en sano juicio en un psiquiátrico por orden de su madre, debido al hecho de asumirse escultora mujer, en tiempos reinantes del patriarcado de la supuesta bella época.
La madre nunca respondió sus cartas, que tampoco fueron enviadas por parte del recinto hospitalario, cumpliendo esa orden durante tres décadas, la cual la madre costeaba económicamente cada mes. Nunca perdonó a su hija, a pesar de su extrema religiosidad ni tan siquiera en todo ese tiempo fue a visitarla alguna vez.
Camille Claudel fue enterrada en el cementerio de Montdevergues, en una fosa común, al no ser reclamados sus restos por nadie. Lugar donde se perdieron los restos, al ser utilizada la fosa para otros servicios de cristiana sepultura, más rentables. Colaboradora de las mejores obras y ligada sentimentalmente a Auguste Rodin el escultor más famoso del mundo, quien similar, poco hizo por liberarla del infierno, a pesar que en su agonía la llamaba como una necesidad. O Antonin Artaud, el marselles creador del teatro de la crueldad, que de crueldad nunca tuvo nada, que debido a una meningitis en su primera infancia, sufrió trastornos de la personalidad que lo llevaron a internarle, por largas temporadas,en diversos hospitales psiquiátricos, con el infortunio de haber sido sometido a múltiples descargas eléctricas provenientes de la última tecnología francesa brutal de su tiempo, el Electro Schok. Aparato inventado para ser usado en pacientes mentales, luego de que por casualidad al ver curiosamente en un frigorífico descargarle altos niveles de electricidad a los cerdos, se asombraron los curiosos, al divisar que algunos cerdos quedaban vivos. La perversidad y la desgracia nunca tuvo dolientes ni derechos en estas áreas, y nadie pagó por ello. Como a Pagannini, el insuperable violinista portador del Síndrome de Marfan, dedos largos, que desfigurados sus dedos lo colocaron como el único que podia alcanzar notas imposibles, en un violín sumido en el cementerio de los instrumentos nada importante, su fama traspasó todas las creencia, y al ser llamado el diablo del violín le costo 36 en un ataúd sin poder ser enterrado por la prohibición de la iglesia.
Esta humanidad vencida y burlada por su carga de desgracias infligidas declina, ya adolece de insistir. Cubriéndose de lo inanimado y de lo material, abandona a su suerte intervenida, todo aquel cielo por asalto, aquella rebeldía joven de la insurgencia, que otrora también llamaron una locura cuando dijeron que nadie podría detener la primavera, pero exitosa en ciertos planos de la geografía global.
No es plagio la locura dentro del cuerpo, sino escisión planificada detrás de la normalidad incompleta. No es algoritmo, es la vida deforme por la inaccesibilidad confabulada a lo posible, para colarse en proceso de transformación, a existir junto a la mira de la incomprensión continuada. Como se incomprende el universo, desde donde venimos todos del mismo polvo de estrella, el mismo azul del ojo cíclope de la mar. Y el día y la noche, que en las altas horas de la nocturnidad nos recuerdan sumidos en lo sensible, la belleza que pudiésemos haber sido dignos de nuestro origen celeste cómo especie.
Para acosarnos, desprendiendo la totalidad de los movimientos sigilosos del algoritmo de la naturaleza, que nos desborda en contenido y respuestas infalibles, con las cuales se nutren los sueños, para el alivio de la conjetura, y la pavesa de los créditos entendidos como en horabuena.
Desde ahí, de esa gama de contradicciones se copia la inteligencia artificial, pero con la esclavitud de que jamás extraerá los sentimientos, los sentidos, y lo que persiste anónimo y bello, detrás de la palabra ancestral, que explica la nada sin espacio a donde volveremos al cero de la muerte.
Pero debe haber otro algoritmo natural en ese lugar común donde se dice"te traje con el pensamiento" o "en este momento estaba pensando en ti". Relativo a las conclusiones a las que llegó Einstein, que ocultó por un largo tiempo donde daba respuesta en torno a, si alguien muy cercano al sentimiento le pasa algo o muere se siente un código en el cuerpo como avisando. Tal vez eso esté asociado a esa cientificidad la de si separas un átomo, en cualquier lugar del mundo pongas una de las partes, al mover una la otra igual se moverá independientemente del tiempo y espacio: Seguramente ahí radica la ciencia del control remoto, la energía alterna la fusion nuclear, y por que no, la telepatía.
Naturaleza originaria, que sabe diferente al algoritmo naturalizado, a la inteligencia artificial con su elocuente margen de error. Ya que están inspirados por el egocentrismo a través de la hipótesis de naturalizar lo que no pueden desmentir y que proviene de la naturaleza real. Por tal se quedan como métodos tecnológicos que intentan plagiar los acontecimientos biológicos, químicos, cuánticos, al estilo Darwin, pero sin acariciar una rosa, ni llenarse de barro las botas ni de tormenta su travesía por el mundo. Como zombis carentes de observación se instalan en sus aposentos, apenas exclusivos del lenguaje y el sionismo de los intereses, con la frialdad incluida. No hay diseño, nada desde cero ni desde la muerte. Una copia vulgar de lo que la evolución le ha costado construir en la perfección millones de años. Por supuesto, sin los millones de años. Lo que evidencia en sus resquicios, que si Dios diseña con la muerte de la flor la consecuencia del sentimiento. Distinto la naturaleza, que al crear todo le anexa la comprensión, el dolor lo pone cada quien de acuerdo a sus circunstancias.
De todo esa naturaleza nos seguimos alejando, del Allegro natural de Mozart o la primavera de Vivaldi. Aún más, en la opción selectiva del camino torcido de las guerras, que trafican con las sombras colocando a los músicos como tapón, pretendiendo al final del enredo y de su fondo oscuro inventar un otoño para devolver el tiempo, y así evitar sus muertes por más poder que tengan.
Desde ese contexto, digamos que, la fusión nuclear llevo la maldición a Nagasaki y a la obsesión por la bomba de hidrógeno que también abatió a Oppenheimer el padre de la comisión nuclear y de las bombas explotadas en Japón. El tiempo que vendría en ese tiempo sería el mundo contra los reactores nucleares por el riesgo para las poblaciones, donde Chernobil les daría la razón. Y llegó el silencio global sobre el tema, que fue usado por el poder trasnacional a través de otras estrategias clandestinas, que dieron como resultado el proyecto ITER, el sol particular copiado en el laboratorio, para producir energía limpia y otros peligrosos accesorios, casi culminado positivamente 30 años después, con el financiamiento de unas 35 naciones en tierra francesa. Sigilosamente han logrado que nadie se interese ni se entere por esa monstrousidad, ni siquiera el movimiento rebelde que quema París debido a la inconsistencia de las políticas regionales recibidas como órdenes extranjeras desde América
Agradezco a la ruleta de lo vital no haberme entregado a esa infernal preocupación. Ni haber calzado esa noción de alegría falsa que habita en la tristumbre. Esa que destilan los seres de la apariencia, que traicionando recostados al horizonte parecieran felices, invisibilizando que vienen de levantar las cenizas, con que dejaron esparcir la plaga de su ocaso.
20 de octubre, Lomas de Tabure
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