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Tinte polisémico | Impredecible batalla de colmillos

Por Héctor Eduardo Aponte Díaz

tintepolisemicohead@gmail.com


A pesar de lo robusto de su cuerpo, se desplaza con prestancia y soltura, cabe compararlo con el de un soldado élite entrenado táctica y físicamente para atacar y defenderse, se diría sin temor a exagerar que es un mercenario, un guerrero espartano.


Es un temible pitbull, con un color de pelaje particular que al reflejar la luz solar luce violeta tenue, de ojos claros y vivos cual reflectores, dotado además de sus características musculosas y fortísimas mandíbulas, emergen de sus encías dientes de todos los tamaños y calibres, es un canino bien artillado con una impresionante empalizada bucal cual tiburón o cocodrilo.


Vive en el patio de su casa ubicada a unos doscientos metros en el ascenso en dirección al corta fuegos de nuestro entrañable Waraira Repano, el lugar es conocido como el Sector Gamboa, priva un ambiente de selva tropical, de un verde boscoso, allí se encuentra el perro a sus anchas para correr y retozar.

Putin es su nombre, generalmente pasea y vigila los alrededores protegidos por una cerca metálica perimetral, mientras olfatea y ladra ante la percepción de cualquier movimiento o sonido, su instinto le impulsa a atemorizar con su imponente presencia a cualquier intruso que se aproxime a sus dominios. 

Cierto día, en su rutina de paseo por el área demarcada por la cerca, escucha con su agudo oído, un extraño ruido y además detecta con su vista el movimiento bajo el follaje seco caído de los arboles que cubren el suelo, de una gran serpiente, que por el color y textura de su piel se camufla con el terreno y la hojarasca.

La culebra sin percatarse que ha sido localizada, avanza lentamente en su ruta, pero ya ha sido descubierta y precisada por el guardián del patio quien le observa y estudia con sigilo.     


Putin está presto a poner a prueba sus instintos de feroz atacante y predador, se prepara para embestir en dirección al lugar preciso donde ubicó al reptil, su tensa musculación, anticipa que ha decidido descargar su ataque con fúrica brutalidad. 


En cuestión de fracciones de segundos ha capturado con sus poderosas mandíbulas al ofidio, le ha tomado por sorpresa, y con la máxima potencia de su boca, le atenaza en la mitad del cuerpo, se trata de un gran ejemplar de cascabel. Preámbulo de una batalla de titanes. 


El pitbull hace gala de su voluminoso cuello y con violencia agita a la serpiente en el aire en todas las direcciones y la hace golpear con contundencia contra el suelo, desea destrozarla de cualquier forma, mientras la cascabel atrapada entre las fauces y los filosos colmillos del perro, no logra zafarse, pero intenta también, mientras orbita su envergadura por los aires, clavarle sus enormes colmillos e inyectarle su potente veneno. 

La batalla es entre dientes y colmillos, el perro, por un lado pretende cortar en dos pedazos a la culebra, y ésta última por su parte, sin contemplación alguna buscará envenenarle.

Cada contrincante como criatura, con sus respectivos amasijos anatómicos de músculos, hacen gala de sus habilidades para el combate, ejercen sus poderes para someter y aniquilar, no es un mero careo, se trata de sobrevivencia y muerte. 


La cascabel, con su facultad de contorsión y por la longitud de su envergadura, logra en sus balanceos por el espacio adoptar la ideal posición de ataque, consigue así armar sus quijadas, exponer sus puntiagudos colmillos, apuntar con precisión y al fin alcanza morder un costado del hocico del can y clavando ambas dagas en su labio superior, con similar saña al de su inmisericorde atacante, descargó la ponzoña y el perro instantáneamente se retuerce y gime de dolor.

La serpiente ha descargado la dosis de su veneno en una zona extremadamente sensible de su oponente, lo que genera que pueda ya liberarse de sus fauces, pero queda casi inmóvil en el suelo dado el daño por las perforaciones y la potencia de trituración recibida.


El perro simultáneamente se doblega sobre sus cuatro patas, no puede sostenerse, logra el efecto la substancia descargada en su torrente sanguíneo, cayendo de costado con su cuerpo contra el suelo, cierra sus ojos, mueve su cola, lo que anuncia que aún está vivo.

Advertidos los habitantes de la casa por los ladridos previos que escucharon, ya han acudido y observado parte de la refriega pero se preguntan:  ¿Será un empate, son ambos animales cadáveres, uno envenenado y otro casi partido en dos?

Los amos del perro con celeridad recogen su animal, aún oscila su cola, y deciden con mucho cuidado también llevarse al reptil dentro de en un saco atado, para que el veterinario evalué que suero aplicar. 

Se embarcan en el vehículo con ambos contendientes a bordo y en plena marcha, con sus celulares ubican el centro donde atenderán a Putin.

Sobre la mesa de atención el veterinario examina al can, y observa donde le mordió la serpiente, pide abrir el saco para verificar la especie y su tamaño y de esta forma confirmar una hipótesis, otra sorpresa, la cascabel aún está viva, y cierran nuevamente apresurados el saco, y el médico explica, mientras ya aplica la vacuna antiofídica dice: Debemos agradecer que haya sido de ese tamaño la culebra, pues dosifican las descargas de su veneno para otros eventuales ataques de sus adversarios, de lo contrario hubiese ya muerto el perro; en cambio - explica el veterinario- las serpientes más pequeñas descargan la totalidad de su veneno por su tamaño, para conseguir fulminar a sus adversarios con una sola mordida en sus combates. 


El veterinario al terminar de examinar al perro expresa: Putin es muy fuerte y tuvo contradictoriamente mucha suerte de encontrarse y enfrentarse con un espécimen tan grande y fuerte como él, se recuperará.


La alegría a pesar de la tensión y el episodio de refriega volvió al rostro de los amos del perro.


Queda en la atmósfera una incógnita, que se hará con el contenido del saco, pero de inmediato se dilucida, el veterinario llama a su asistente y le dice:


Por favor, llame al Centro de Medicina Tropical, y que vengan o enviamos un espécimen de cascabel, para su cuidado y rehabilitación para la fabricación de suero antiofídico.


Habiendo transcurrido ya tres semanas de los acontecimientos, me acerqué a la cerca de la casa donde habita el pitbull, como de costumbre para realizar los estiramientos después de retornar de mis rutinarias caminatas semanales al cerro y donde había conocido desde cachorro a Putin, fue así que conocí los detalles de la historia de boca de uno de sus propios dueños. 

Como siempre, apenas me olfateó Putin salió en violenta carrera hacia la cerca a saludarme y me ladró con ímpetu, indicándome con su actitud y carácter aquí mando yo amigo estoy inmunizado hasta del veneno de cascabel.



Fin

Caracas, 21 de octubre de 2026.