En José Gregorio Hernández se conjugan amorosamente la ciencia y la fe
Venezuela tiene algo que no tiene resto del mundo: un santo venerado por miles de fieles
22/10/26.- Como parte de las actividades organizadas por el aniversario de la canonización del doctor José Gregorio Hernández, el ministerio del poder popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, a través del viceministerio de Asuntos Religiosos y Cultos, ofreció el conversatorio titulado “José Gregorio; Ciencia y fe que sanan”, en las instalaciones de la Casa Museo José Gregorio Hernández, de la Secretaría de Desarrollo Social de la Alcaldía de Caracas, ubicada en la parroquia La Pastora, Caracas.
En este encuentro, donde se reflexionó sobre la espiritualidad y rigor científico del primer santo venezolano, actuaron como ponentes el padre Gerardino Barracini, párroco de la parroquia La Candelaria y la doctora María Isabel Giacopini, quienes pueden ser considerados pieza fundamental en cuanto al tema de la canonización de José Gregorio. Ellos fueron promotores en el logro que ha alcanzado Venezuela con la santificación después de tantos años de lucha buscando este sueño que se hizo realidad hace un año.
Proceso de canonización
El padre Barracini comienza su intervención reflexionando acerca de que este lunes se cumplió un año de lo que los venezolanos habíamos esperado por más de 70 años, que era ver en los altares a José Gregorio.
Seguidamente, expone las dificultades con las que tropezó el proceso de la santificación a causa de diferentes razones, entre las cuales cabe mencionar la existencia de muchos mitos urbanos como, por ejemplo, que su imagen era utilizada en altares de santería.
No obstante, lo cierto es que desde el año 1949 se venía trabajando en eso, pero había un retardo originado por diversos elementos:
En primer lugar, cuando inicia la causa, Europa se encontraba en período de posguerra, lo cual dificultaba las comunicaciones con Roma.
Segundo, cuando se abrió esta primera causa de santificación en Venezuela en el siglo XX, no había gente preparada para eso.
Por otro lado, hubo personas, incluso del ámbito eclesiástico, que se oponían a que José Gregorio fuera canonizado, logrando que la causa se detuviera en el año 1950.
Fue gracias a la llegada del cardenal José Humberto Quintero a Caracas como arzobispo coadjutor en el año 1960, cuando se logra desbloquear la causa
Hubo que esperar hasta el 16 de enero del año 1986 cuando fue declarado Venerable, por el Papa Juan Pablo II, al reconocerse sus virtudes heroicas. Después de esa fecha fue imposible ocuparse de la causa debido a la situación social y política que atravesaba el país.
Una causa, para llevarla adelante en Roma, requiere tiempo, dedicación y una santa terquedad
Desde el año 1986 hasta el 2020 “José Gregorio se mantuvo en silencio”; apenas se celebraron los 150 años de su nacimiento, además de una que otra actividad.
En el año 2019, el cardenal Baltazar Porras le delega la causa y llega la información de un presunto milagro ocurrido en el estado Apure, el cual se corrobora y, al final, Roma dio el visto bueno de que se podía llegar a un decreto.
De este modo, José Gregorio fue beatificado el 30 de abril de 2021, en Caracas, Venezuela, tras 72 años de proceso. La ceremonia, celebrada en el colegio La Salle, marcó un hito histórico de fe nacional al reconocer el milagro de la niña Yarur Solórzano.
"Con nuestra autoridad apostólica concedemos que el venerable siervo de Dios, José Gregorio Hernández Cisneros, fiel laico, experto en la ciencia y excelente en la fe, que reconociendo en los enfermos el rostro sufriente del Señor como el Buen Samaritano, los socorrió con caridad evangélica curando sus heridas del cuerpo y del espíritu, de ahora en adelante sea llamado beato", indicó el nuncio apostólico de Venezuela, Aldo Giordano, quien encabezó la liturgia.
Elevado posteriormente a los altares por el Papa Francisco
El papa León XIV canonizó el 19 de octubre de 2025 a los primeros dos santos venezolanos en una ceremonia en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de fieles.
Al respecto, el padre Barrancón señala que si “hay algo que agradecerle a Francisco, además de un pontificado lleno de luz y de testimonio, es habernos dado a José Gregorio Hernández” y las palabras que pronunció en la firma del Decreto: “Esto era una deuda con el pueblo venezolano”. Hasta el último momento, el Papa pensó en Venezuela.
Asimismo, resaltó la alegría que embargó a los venezolanos “Cuando vimos en el balcón de San Pedro la foto de José Gregorio que tantas generaciones quisieron haber visto y no lo pudieron ver”.
Concluyendo su intervención, el sacerdote señaló que ahora José Gregorio tiene, entre muchas, una gran tarea en Venezuela: “reconciliarnos para poder vivir juntos en una convivencia pacífica en un país donde desaparezcan la intolerancia y el fanatismo y podamos vernos unos a otros como hermanos”.
El gran poder de la reconciliación que tiene San José Gregorio Hernández aún está por verse. ¡Qué viva José Gregorio Hernández! y pidamos por este gran milagro de reencontrarnos en un país reconciliado donde podamos vivir sin ningún tipo de problemas ni conflictos
Venezuela tiene algo que no tiene el resto del mundo: un santo universal. Su reliquia está en casi todo el mundo: en India, en Polonia, Portugal, Italia, en Reino Unido, en Francia, en Tailandia, en América Latina, en las Islas del Caribe, etc.
San José Gregorio está en el alma de los venezolanos aun después de 100 años de su muerte; su fama de santidad es una fama de milagros.
Amor y fe
La doctora Giacopini, docente investigadora de la Universidad Central de Venezuela; miembro del instituto de Medicina Experimental José Gregorio Hernández ; actualmente coordinadora de la cátedra libre Doctor José Gregorio Hernández de la UCV, comienza su participación expresando que “nosotros todos tenemos que ver y seguir el ejemplo de José Gregorio Hernández; todos tenemos que conciliarnos”.
Que existan diferencias entre nosotros no significa que no podamos convivir con amor y entrega para luchar por construir el país, que seamos unidos para construir el bien común.
Seguidamente, resalta que, ella siendo científica, química, se llegó a preguntar ¿qué pasa con José Gregorio, por qué él es así tan famoso?
Se dedica a estudiar al santo hace muchos años y empieza a divulgarlo en 2007. Durante su labor investigativa encuentra una primera semblanza del santo en una entrevista publicada en la revista El Cojo Ilustrado en 1893 por Francisco de Salas Pérez, en la cual afirma que “José Gregorio conoce una ciencia que no se aprende en la academia: el arte de hacerse amar”.
Pero ¿cómo y dónde aprende una persona a hacerse amar? En el seno de la madre, quien le transmite amor al niño cuando lo amamanta. En el caso de José Gregorio, él también recibe mucho amor de parte de una tía paterna, María Luisa. Ambas, junto con el padre, le brindan mucho amor y crece rodeado de mucho afecto.
Al crecer, observa que su madre y su tía son personas muy caritativas, visitan los enfermos, le prestan atención a los más necesitados. Desde muy pequeño empieza a ver esa ayuda al prójimo.
Además, empieza a ir con su mamá y su tía a la iglesia, empieza a orar. Su padre también fue un gran ejemplo: en las tardes siempre dirigía el Santo Rosario. Desde pequeño le empiezan a enseñar las oraciones y la forma correcta de oír la Santa Misa, tema acerca del cual escribió su primer libro a la edad de 10 años.
Toda esa actividad que compartió con su mamá, con su tía, le despertó desde muy temprana edad esa gran sensibilidad humana, ese amor por el prójimo
Ya aquí en Caracas continúa su formación religiosa, se hace franciscano y sigue la rutina que había aprendido con su mamá y su tía hasta el último día de su vida.
Concluyendo, la doctora Giacopini exalta que José Gregorio ha trascendido por ese don maravilloso de amor, de hacerse amar. Sus conocimientos, su preparación como científico, como docente lo adquirió en la Academia, pero esa ciencia de hacerse amar fue transmitida por todas esas mujeres que lo criaron, que lo formaron en la fe, el amor al prójimo y en la caridad
Es allí donde nace el santo, ese hombre que va a conjugar su apostolado en base a la medicina, ese trato con el paciente, ese amor que culmina ese día 29 de junio en la esquina de Amadores.
Ciencia y fe
Es preciso mencionar que la figura de José Gregorio Hernández emergió como una excepción notable al integrar, sin contradicciones, su rigurosa formación científica con una profunda praxis de la fe cristiana.
Como señala Brito Figueroa, Federico, en su artículo titulado José Gregorio Hernández: ciencia y conciencia en Venezuela, “en el médico no hay ruptura entre el laboratorio y el altar sino una síntesis que anticipa una ética de la ciencia aún no formulada en su tiempo”. Así vemos cómo la práctica religiosa y el compromiso con la ciencia experimental coexistieron en Hernández.
LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS
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